Divisiones y contradicciones que rompen la confianza



La última semana de 2020 se perfila con un clima político, social y mediático más cercano al del tango Cambalache de Discépolo que al espíritu de concordia propio de las fiestas de fin de año, necesario para encarar con alguna dosis de confianza los múltiples desafíos de 2021. En el mismo lodo están no solo casi todos los políticos sino también parte de la sociedad, dividida por tomar partido a favor y en contra de consignas que no buscan puntos de acuerdo.

El debate en el Senado por la ley del aborto, que vuelve a colocar a verdes y celestes como dos bandos enfrentados, revela la inoportunidad de haberle otorgado prioridad oficial tras un año signado por la pandemia.A costa de un previsible conflicto con la Iglesia, desviará transitoriamente la atención sobre las consecuencias de la extensa como desarticulada cuarentena en la economía, el empleo y los ingresos de la población. Pero no sobre la inflación, que ya se ubica más cerca de 4% que de 3% mensual y seguramente reaparecerá en el debate simultáneo en Diputados por el cambio en la fórmula jubilatoria, que no la incluye. La Biblia y el calefón.

Paralelamente, el repunte en dos semanas de la curva de contagios por el coronavirus en el AMBA es un indicador del creciente abandono de la responsabilidad individual en cuidados básicos como usar barbijo, lavarse las manos y mantener distancia social. Las aglomeraciones en centros comerciales a cielo abierto como La Salada, el Mercado Central y las avenidas de Flores u Once, así como los desbordes juveniles en parques, fueron a contramano de una mínima prevención cuando nuevas cepas del virus ya provocan rebrotes en otros países.

Ante esta señal de alerta, el gobierno de Alberto Fernández no puede eludir su cuota de responsabilidad por haber creado la falsa expectativa de un pronto fin de la pandemia. El multitudinario y caótico velatorio de Diego Maradona en la Casa Rosada fue un punto de inflexión, que le hizo perder autoridad para pedir precauciones. También el inoportuno cambio de spots oficiales con recomendaciones sanitarias por otros con el eslogan “Reconstrucción Argentina” y los erráticos anuncios de vacunación antes de fin de año. Ahora podrán cumplirse módicamente con la “Operación Moscú”, presentada como una gesta épica para traer la primera partida de la vacuna rusa el mismo día en que dispuso el cierre de vuelos desde más países europeos y la prohibición de ingresos desde los limítrofes.

Las vísperas navideñas volvieron a mostrar otras contradicciones de un Estado que sólo está presente en la idealización oficial.

Las vísperas navideñas volvieron a mostrar otras contradicciones de un Estado que sólo está presente en la idealización oficial. Entre ellas,la agresiva competencia en avenidas porteñas y del conurbano entre manteros -como último y débil eslabón de cadenas de fabricación y venta ilegales- para captar a clientes que cobraron el aguinaldo y comerciantes que en el 50% de los casos tienen problemas para pagarlo.

O el paro de trenes suburbanos del martes 22, frenado a mediodía por la conciliación obligatoria que el Ministerio de Trabajo podría haber dispuesto el día anterior. Quienes viajan en esas líneas denuncian además que nadie controla el cumplimiento de las reservas previas para evitar una excesiva concentración de pasajeros en cada coche.

La grieta político-ideológica tampoco ayuda a mejorar el clima de fin de año; sobre todo, desde la reaparición pública de Cristina Kirchner en el acto de La Plata. Su duro discurso para alinear a su tropa en la campaña electoral bonaerense y condicionar el rol presidencial tuvo como derivación desde inéditos cruces entre ministros albertistas y referentes cristinistas que obligaron a Alberto Fernández a avalar a su gabinete, hasta un escrache fotográfico por no aplaudirla, la difusión de rumores sobre cuentas en el exterior que debió desmentir la ministra Marcela Losardo y el sorpresivo relevo del embajador en China.

El embate de CFK contra la Corte Suprema de Justicia y la deliberada naturalización de la figura del lawfare en los medios afines al kirchnerismo también aportaron más argumentos a los constantes enfrentamientos entre el oficialismo y la oposición. Aquí la contradicción más evidente es que las acusaciones al gobierno de Mauricio Macri por supuesta persecución judicial y espionaje (a las que acaba de sumarse la AFIP por “hostigamiento fiscal” a Cristóbal López) buscan negar delitos de corrupción que quedaron a la vista en los últimos años. Entre ellos, el enriquecimiento de los fallecidos secretarios privados de Néstor Kirchner, los bolsos de José López, los dólares de “La Rosadita”, los cuadernos de Centeno o la condena a Amado Boudou por el caso de la eximprenta Ciccone, con sentencia firme de la Corte.

En este ejercicio de memoria selectiva, Cristina sostuvo en La Plata que el Frente de Todos ganó en 2019 la provincia de Buenos Aires porque la gente recuerda lo bien que estuvo en 2012/2015 con Axel Kicillof como ministro de Economía. Pero pasó por alto que el kirchnerismo perdió la elección presidencial de 2015 y que el “modelo” previo, con cepo cambiario desde 2011, tarifas congeladas, déficit energético, apagones, índices truchados y devaluación en 2014 fue como empujar un auto hasta el borde del precipicio y dejar dos ruedas en el vacío para que se arreglara quien la sucediera.

Con su propuesta de empujar el consumo con salarios alineados con la inflación, ajustes trimestrales no indexados de jubilaciones, aumentos selectivos con topes en tarifas y controles de precios reforzados para alimentos básicos, la vicepresidenta busca reeditar el primer kirchnerismo de 2003/2007, cuando la economía creció a “tasas chinas” y se recuperó de la crisis de 2001/2002. Pero las condiciones de entonces son irrepetibles.

No hay superávit fiscal primario, sino déficit (casi 7% del PBI), ni un tipo de cambio real muy alto con margen para bajar. El superávit comercial muestra exportaciones en baja, importaciones en alza y escasas reservas líquidas en el Banco Central. La inflación para 2021 apunta encima de 50% anual y puede haber desabastecimiento si se refuerzan los controles de precios. También hay un deterioro de infraestructura y el aumento del gasto público no puede ser financiado sin emitir más pesos o deuda interna a tasas indexadas por dólar o por inflación.

Evitar el default sirvió de poco porque, sin plan económico, los bonos argentinos bajaron en vez de subir. Y la carta del bloque de senadores K al FMI sostiene que la deuda es un problema del organismo más que de la Argentina, lo cual -junto con la perspectiva de más gasto en subsidios tarifarios- amenaza complicar o retardar la negociación del ministro Martín Guzmán, como lo advirtió esta semana Carlos Pagni.

CFK sostuvo además que en la Argentina mueren las teorías económicas. No es cierto. Las matan los políticos, al igual que la confianza

Este “cuarto kirchnerismo”, que se ocupa de la demanda y no de la oferta, cambia reglas y avanza sobre la Justicia, ahuyenta inversiones. CFK sostuvo además que en la Argentina mueren las teorías económicas. No es cierto. Las matan los políticos, al igual que la confianza. Una prueba es que en los últimos 8 años la inflación promedió el 38% anual, casi una (lamentable) política de Estado. Otra, los U$S247.000 millones declarados por argentinos fuera del circuito económico, según el Indec, que equivalen a casi dos tercios del PBI de este año.

El sociólogo y politólogo Eduardo Fidanza aportó en radio EcoMedios una clave para explicar la realidad argentina: según las encuestas, un 35% de la sociedad está más informada, politizada e ideologizada, mientras que el 65% restante se preocupa más por los problemas cotidianos (economía, inseguridad) y es el que define las elecciones. A esto suma como puntos críticos la devaluación de la educación y de la moneda, que provocan una anomia creciente en las relaciones sociales y económicas.

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