Desacople criollo: el riesgo de desacoplar las ruedas de la producción



Limitar la producción también tiene un impacto sobre los consumidores Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi

La consigna del Gobierno es clara: exportar la mayor cantidad de alimentos y granos forrajeros al valor más alto posible, ingresando el máximo de divisas e impuestos a la exportación, mientras al unísono se abastece de esos mismos productos a un valor (mucho) más bajo al mercado interno. Consigna de cumplimiento imposible sin generar daños severos a la producción, ya que los mercados y precios son vasos comunicantes, y los costos de insumos son similares para producir lo que se exporta, como para producir lo que se vende al mercado interno.

Para la visión simplista del Gobierno, la solución a este dilema es bien sencilla, y se la resume en un solo concepto: “el desacople”. Un desacople cada vez más profundo de los precios internos con los internacionales. Cuestión que hoy ya existe y se siente de manera alarmante.

Un conocido periodista estadounidense, llamado Henry Mencken, refiriéndose a la resolución de temas intrincados, ironizó generalizando que “para cada problema complejo, siempre hay una respuesta, simple, clara y errónea”. Y en la Argentina ya tenemos esa respuesta simple, clara y errónea: “el desacople”.

Hoy el “desacople” pasó a ser un mantra gubernamental que no puede ser contradicho en reuniones oficiales sin despertar alarmas y temores para quienes intenten osar refutar esa premisa.

Los caminos para solucionar el acceso a los alimentos o cualquier bien para quienes no pueden comprarlos por su costo se reducen a dos alternativas con sus costos y sus complejidades. Una alternativa que se sabe no funciona, y una segunda que hay experiencias que funcionan. Se puede: a) subsidiar la oferta b) subsidiar la demanda.

El subsidio a la oferta para el mercado interno requiere de las clásicas imposiciones de cierre de exportaciones, impuestos a la exportación, desdoblamiento cambiario y precios máximos. Hoy se aplican las cuatro estrategias de diferentes maneras. Ya sea con regulaciones, o de manera silente vía “acuerdos”.

Pero pareciera que esta batería de nocivas medidas no funciona, ya que no solo producen daños a la producción y exportación, sino que no mejoran el acceso a los alimentos al consumidor, ya que la velocidad de la inflación de todos los componentes de los alimentos, la caída del PBI, la caída del salario real, y la enorme desconfianza en la economía argentina, corren a una velocidad que supera cualquiera de estos conocidos y vulgares artificios que nunca funcionaron.

La posibilidad b), la de subsidiar la demanda, es la que, si funciona en varios países, y en la Argentina se aplica con mayor o menor éxito también desde hace mucho tiempo. En EE.UU. existen programas alimenticios, conocidos antes como “Food stamps”, y hoy como “SNAP”, que son parte de la ley Agropecuaria (Farm Bill) que contempla políticas de apoyo para los farmers, acompañado de subsidios a los agricultores, pero con mucho más dinero aun destinado a subsidiar alimentos a su población. El 80 % del dinero “Farm Bill” se destina a programas de asistencia alimentaria (SNAP) en EE.UU., evitando así las intromisiones en el mercado mientras se atienden las necesidades de parte de la población.

Se asisten a unos 43 millones de personas en un país de 330 millones de habitantes. El programa no es menor, tiene sus falencias, pero es un camino que une intereses de consumidores con los de los productores en un mismo paquete de leyes. Política que nunca interrumpe la producción, y deja al libre mercado el acople de precios que se da naturalmente y nadie lo cuestiona. El dinero para esta asistencia sale de todos los contribuyentes estadounidenses. Es una tradicional política nacional apoyada por ambos partidos mayoritarios que se financia con dinero de todos.

Pero volviendo a la búsqueda de la fórmula del “desacople” criollo, vemos que, con tal de no decir la cruda verdad al gobierno nacional, y desnudar que no hay manera de seguir invirtiendo, produciendo y exportando alimentos mientras se toman estas medidas restrictivas, se presentan de parte del sector privado a menudo una serie cartas vanas, martingalas, y ecuaciones con fideicomisos imaginarios, o con fórmulas que intentan violentar la aritmética para lograr el cometido. Propuestas siempre acompañadas de gestos políticos en lo discursivo, y cargados de palabras de comprensión de relativa verosimilitud.

Las pérdidas de tiempo y desgaste dentro de las “cadenas” agro que provoca el hecho de avocarse a una tarea encarada vía un camino de tránsito imposible, probablemente sea un subproducto buscado por el Gobierno que debilita por dentro al sector privado, al cual le piden que presente en tiempo perentorio un “acuerdo” que contenga la fórmula de la cuadratura del círculo del “desacople” virtuoso.

Mientras no se explique claramente que ese supuesto “desacople” no funciona, lo único que se va a lograr es que las ruedas que traccionan la producción terminen desacopladas del motor inversor. De esta manera, el proceso de deterioro para tanto la producción como para los consumidores se va a seguir agravando.

El autor es productor

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