Daniel Heymann: “Hay que encontrar el punto justo para combinar reducción del déficit con expansión”



Daniel Heymann Fuente: LA NACION

Estudió Economía y Ciencias Físicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tiene un doctorado en Economía realizado en la Universidad de California. Es profesor en la Universidad de San Andrés. Fue también profesor titular de la UBA y de la Universidad de La Plata, miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, presidente de la Asociación Argentina de Economía Política y coordinador del área de Análisis Macroeconómico de la Cepal.

Daniel Heymann es uno de los macroeconomistas más reconocidos en la Argentina. Hace un año es asesor del equipo económico del ministro Martín Guzmán. Sin embargo, todas sus definiciones en esta entrevista con la nacion son a “título personal”, como remarcó.

-¿Qué opina sobre el déficit comercial registrado en diciembre, el primero que hubo en más de dos años? Se observó una fuerte caída de las exportaciones y las importaciones aumentaron, aun con caída en la actividad y restricciones regulatorias.

-Es un tema para mirar, es una alerta. Es evidente que, para que haya una recuperación, las exportaciones tienen que ser dinámicas. Y hay condiciones internacionales mejores, que seguramente ayudarán. También tiene que haber condiciones macro que faciliten una expansión de las exportaciones, y una orientación productiva de la economía que facilite el aprovechamiento de oportunidades cuando hay situaciones como esta. Eso exige trabajo. Me da la impresión de que en el Gobierno hay conciencia de eso.

-Este cambio de tendencia en el resultado comercial, ¿se puede explicar a través de la brecha cambiaria y su incidencia en las expectativas de devaluación?

-En parte sí, hay un efecto de la brecha cambiaria sobre el incentivo a no liquidar exportaciones y a adelantar importaciones. Al mismo tiempo, a estos precios internacionales, me parece que no debería haber una restricción muy grande a la disposición a exportar, porque el valor del tipo de cambio comercial no está deprimido, por lo menos en la comparación temporal.

-¿Ni aun cuando se le restan las retenciones?

-Las retenciones son un elemento tradicional de la economía argentina.

-Pero influye en el precio final que recibe el exportador…

-Estamos de acuerdo, pero el nivel histórico no es particularmente bajo. Por lo menos por lo que uno escucha, el aumento de precios internacionales tuvo un efecto importante y lo va a seguir teniendo.

-¿Ese efecto compensa la expectativa de suba del tipo de cambio?

-El deslizamiento cambiario es una característica de la política económica para tratar de sostener el valor real. Obviamente que tiene que ver con las expectativas y, por lo tanto, es endógeno a la manera en la cual se desenvuelve el propio mercado de cambios. En la medida en que se anime la oferta de dólares al mercado de cambios, es más improbable que haya incentivos a postergar. Este año importa particularmente que se empiecen a ver políticas productivas, que alienten la oferta de bienes exportables en sectores con potencial; que haya una política exportadora específica. Eso, especialmente, hablando de meses; pero si se piensa en la recuperación de la economía, tenés que tener un impulso exportador que dure años.

-El exministro de Economía Hernán Lacunza dijo luego de dejar el cargo que lo que se haga en la micro va a ser reversible, si no hay una estabilidad macro.

-Es muy cierto. Al mismo tiempo, es importante que la micro complemente a la macro. Eso lo hemos vivido; los atrasos cambiarios han sido muy problemáticos para la exportación, incluso es la sensación de que otra vez tenés un desincentivo desalentador.

-Otro dato que llamó la atención del balance de 2020 es que, si bien el superávit comercial fue de US$12.500 millones, el Banco Central registró ingresos por US$8500 millones. Es decir, hay US$5000 millones que no entraron al sistema.

-Ahí está el tema del incentivo a liquidar. Efectivamente, es para preocuparse que no coincidan las liquidaciones con el valor vendido, a sabiendas de que hay una disposición que obliga la liquidación.

-¿Cómo se arregla eso? ¿Con más control?

-Donde hay una disposición, creo que es importante que sea aplicada. Pero en la configuración de los tipos de cambio, el nivel del oficial no es uno históricamente bajo. En los tipos de cambio paralelos hay niveles extremadamente altos, que se corresponden con situaciones de mucha inestabilidad y tensión macroeconómica. El nivel de esos tipos de cambio es similar a los niveles de la salida de la convertibilidad y de la hiperinflación. Obviamente que la macro argentina viene tensionada. Esos tipos de cambio, sin embargo, no corresponden a una situación permanente. A menos que haya una ruptura fuerte macroeconómica, me parece que el valor real sostenible del tipo de cambio está lejos de ser el de arriba. Lo cual implica que en la medida en que se vayan disipando los grandes temores a un desajuste macroeconómico muy fuerte, me parece que hay lugar para que la brecha disminuya.

-¿Se puede explicar esta tensión macroeconómica por el nivel de déficit y por las pocas herramientas para financiarlo?

-En parte tiene que ver con la situación monetaria y fiscal. Y por eso, parte del trabajo de la política macroeconómica es atender paulatinamente, pero sostenidamente, a una reducción de las necesidades de financiamiento del Gobierno. Hay una cuestión general de incertidumbre difusa. En la Argentina hemos tenido diversos episodios donde nos creíamos mucho más ricos de lo que éramos en dólares, y eso se manifestó cuando hubo atraso cambiario. Me da la impresión de que si tomamos el tipo de cambio paralelo, ese nivel es de una situación macroeconómica extraordinariamente tensa y complicada. No es totalmente fuera de lugar que haya incertidumbre fuerte. Ahora, en la medida en que se vaya estableciendo el incentivo exportador de diversas maneras, no atrasando el tipo de cambio, actuando sobre los factores más microeconómicos, con una política monetaria y fiscal que tiende a ordenarse, me parece que la brecha tendría que tener una disminución.

-Hay una decisión firme del Gobierno de no dejar atrasar el tipo de cambio, que aumenta alrededor de 3% mensual. Pero al mismo tiempo, el resto de los precios de la economía está congelado y regulado, como ocurre con las tarifas de energía, transporte y telecomunicaciones y con los precios de las prepagas y los alquileres. ¿Cómo repercute esta distorsión de precios?

-Tenés que jugar con una situación de expectativas muy complicadas. Por un lado está el problema endógeno que afecta a los determinantes potenciales de la incertidumbre que hacen que se produzca la tensión entre el precio deseado y el autorizado. Al mismo tiempo, hay un problema de falla de coordinación, que también hay que evitar. Una situación donde hay un potencial de inestabilidad fuerte, ciertos comportamientos pueden acelerarse, autoalimentarse. La manera de atajar eso en lo inmediato es con algún freno, y ahí hay dos extremos: el decir jamás lo voy a usar y el que sea un elemento permanente de la política macroeconómica. Atrasar las tarifas hasta el punto en el cual generan presión persistente sobre la política fiscal y monetaria, creo que es un error.

-¿Hay margen este año para financiar el equivalente a 3,2% del PBI con emisión monetaria sin que se acelere la inflación?

-El año pasado estuvo la pandemia. La política económica tuvo que trabajar en una disyuntiva fuerte entre darle asistencia a la economía real y atenuar el costo social de la pandemia, y el efecto secundario que tuvo la emisión monetaria fuerte. La Argentina, a diferencia de otros países, no tiene una capacidad de reacción expansiva monetaria y fiscal. De hecho, uno de los objetivos de política económica de mediano plazo es recuperar ese tipo de margen, para hacer política contracíclica expansiva. Hay que tratar de reducir el financiamiento monetario, a sabiendas de que siguen siendo momentos complicados. Estás admitiendo que parte del financiamiento del sector público se hará vía impuesto inflacionario. Una de las cosas importantes acá es que no es viable pensar en una caída muy brusca del déficit fiscal, porque no se ve claro qué instrumentos se podrían utilizar. Segundo, porque hay que evitar un mecanismo endógeno, donde el intento de ajustar la política fiscal lleva a una contracción macroeconómica que te autoderrota a través de la caída en la recaudación. Hay que mantener el nivel de actividad más o menos en funcionamiento, para que eso te haga más fácil el propio ajuste fiscal. Por eso la insistencia de combinar reducción del déficit con expansión. Ahí hay que encontrar el punto justo. No entrar en un sendero de consolidación es plantearse a mediano plazo en problemas que puede afectar el funcionamiento de la economía.

-El ministro Martín Guzmán proyectó una inflación del 29% para este año, mientras que los analistas privados prevén que sea del 50%. ¿Cómo se ancla expectativas con tanta brecha?

-Parte de la certidumbre en la cual vive la economía argentina es que todas esas proyecciones son inciertas, para arriba y para abajo. También ha habido sesgos importantes en las expectativas privadas a lo largo de estos años, y es natural porque no es un sistema que se deja anticipar fácilmente. Si vos jugás la coordinación a través de la política de ingresos, precios y salarios; si tenés un ritmo de depreciación consistente con una variación acotada del nivel de precios; si vas reduciendo las presiones fiscales y monetarias, y eso actúa de alguna manera sobre las expectativas, se puede tener un margen para ir cerrando la ecuación. Me parece que a ese tipo de previsiones, yo las tomaría con las pinzas que corresponden, de un lado y del otro.

-Hay bastante pesimismo sobre la economía, ¿está justificado?

-Hay razones objetivas para tener incertidumbre sobre la economía argentina. La pregunta es el orden de magnitud. Durante varias oportunidades hemos tenido sobreexageradas expectativas sobre nuestro ingreso. También es posible que sea al revés. Ahora, la cuestión es tener expectativas realistas, que contemplen las debilidades de la economía y contemplen las posibilidades. Hay una manifestación clara desde la política económica de que hay que enfrentar los problemas monetarios y fiscales para permitir una reducción gradual de las tensiones financieras sobre el sector público, porque eso permitirá que la economía se recupere.

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