Cuando solo tenés un martillo, todos los problemas tienen forma de clavo



Es increíble cómo nuestra sociedad no madura y quiere resolver todos los problemas con la misma herramienta: el control y la limitación de las libertades individuales. No es bueno insistir siempre con la misma herramienta para problemas que cambian. Para todo se improvisan decretos o trabas. El Banco Central (BCRA) ya tiene miles de circulares para regular lo que ya no regula hace rato, porque más del 50% de la economía está en la informalidad. Circula más dinero fuera que dentro del sistema de los bancos.

Hay una frase de Aynd Rand escrita hace 60 años, que parece inspirada en la Argentina actual: “Apruébense leyes que nadie pueda observar, que es imposible hacer cumplir, que no pueden interpretarse de manera objetiva, e inmediatamente habréis creado una nación de transgresores”.

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable, quien, al ver el aspecto y la fortaleza del joven, lo aceptó y le dio la oportunidad de empezar al día siguiente. En su primera jornada en el bosque trabajó duramente y cortó muchos árboles. El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día. Para el tercer día se propuso mejorar su producción. Y golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó: ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha? El joven respondió: “Realmente, no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles…”.

Cuando la única herramienta es un martillo, todos los problemas tienen cara de clavo. Peor aun si no modernizamos el martillo o el hacha, porque nos pasará lo mismo que al leñador.

La economía se define más por la ejecución que por el propósito

El propósito o la intención dirigencial sostiene: “No importa la seguridad jurídica; para aumentar la inversión tiene que haber crecimiento, para eso solo hay que fomentar el consumo y para eso hay que distribuir plata del contribuyente. Entonces, usan el martillo de las regulaciones para distribuir el ingreso, sin importar el mérito o el esfuerzo que uno haya hecho. Lo importante es la distribución, no la generación.

Pero la experiencia nos demuestra que el martillo no sirve para fomentar la inversión. Está claro que si no hay ventas, no va a haber producción, aunque tengamos mucha seguridad jurídica. Si el empresario percibe que está a merced de lo que decida un burócrata de turno, la inversión solo se orientará a proyectos de altos retornos, o a conseguir contactos para obtener los beneficios de las regulaciones, dejando a veces parte de esos retornos. Casi de manual, casi de “cuaderno”.

Y agrego: sin seguridad física tampoco va a aumentar la inversión. Si no respetamos la vida y si subestimamos la inseguridad, vamos a vivir como los países que pasaron por lo mismo: de las remesas de los ciudadanos que abandonan el país, de la plata que los emigrantes envían a sus familias.

El propósito o la intención dirigencial sostiene: “El precio del dólar lo decide el martillo del BCRA, porque siempre debe administrar el tipo de cambio para defender a la industria nacional, aunque el consumidor deba pagar más”. Además, sostiene que “el valor del dólar es razonable y una devaluación solo bajaría el salario real (por suba de precios) y se beneficiarían únicamente los posicionados en dólares; o sea, los ricos”. Solo hace falta convencer a la ciudadanía de que ahorre en pesos. Por eso regulan el dólar a $75, usando el martillo para determinar quién puede comprar y quién está obligado a vender.

Pero la experiencia nos demuestra que con el martillo solo no se controla el tipo de cambio. A $75 hay un solo vendedor: los exportadores obligados. Pero esos dólares solo sirven para los importadores (a los que ellos autorizan), siempre que alcancen. Para el resto de los ciudadanos el dólar vale al menos $130. Si el precio no surge por voluntad de las partes ¿por qué vamos a creer que vale $75?

El dólar en la Argentina no funciona como moneda, sino como refugio de valor. Es imposible regular la voluntad del ahorrista. Aparecen otros mercados: el paralelo, el dólar cable, el dólar MEP, el dólar cueva… Y son los que finalmente se toman como referencia, porque es donde realmente se consigue operar.

Debo reconocer que ahora al menos comprendieron que la clave es intentar aumentar la oferta de dólares e hicieron un intento de motivarla con un pequeño descuento impositivo al exportador. El tema es que ya no es solo un tema de precios, sino también de no credibilidad en la política.

El Gobierno quiere que los activos se negocien en pesos, pero déjenme llevarlos al absurdo utilizando una gran enseñanza de Adrián Paenza para interpretar números grandes.

Imaginemos que contar hasta uno nos lleva 1 segundo (y contar hasta cien, 100 segundos). ¿Cuánto costaría contar hasta 1000? Relativamente poco, 17 minutos. Hasta un millón nos llevaría 12 días y un billón, 32.000 años. Aquí es donde realmente vemos la diferencia tan grande que hay entre un millón y un billón. No es lo mismo estar contando dinero 12 días que hacerlo durante 32.000 años.

Hoy, US$100.000 representan unos $13,5 millones. Si se paga en billetes de $100, se necesita 1 día y medio para contarlos y 3 días si lo tienen que contar ambas partes.

El propósito o la intención dirigencial sostiene: “La inflación en la Argentina no tiene que ver con la emisión; es multicausal. Salario, tarifas y tipo de cambio son las causas principales. Para ello, usan el martillo y pisan el salario y las jubilaciones, congelan las tarifas y pretenden regular la variación del tipo de cambio, así se puede emitir lo necesario para financiar el déficit fiscal.

Pero la experiencia nos demuestra que las herramientas van perdiendo filo, como el hacha, y dejan de ser efectivas. El salario ya no se puede pisar porque empezó a crecer la conflictividad laboral. El tipo de cambio sin reservas se hace inmanejable, y por el congelamiento de precios cae la inversión y aparece el desabastecimiento, que es peor que la suba de precios.

Amigos, si tenemos el doble de pesos que hace un año por emisión y menos productos (caída abrupta del PBI) permítanme sospechar cómo termina esto. Ya lo viví varias veces.

Como bonus track, ¿hasta cuándo van a aplanar las jubilaciones? Mi hermosa Bobe Ana, cuando necesitaba de nuestra ayuda decía en idish con lágrimas en sus ojos: “Ven a tate git epes tsu sain sin laj beide vena sungit epes a tate veynen beide”. “Cuando un padre da algo a su hijo, ambos ríen; cuando un hijo da algo a su padre, ambos lloran.”

El propósito o la intención dirigencial sostiene: “Realizar una quita de impuestos a los de mayores ingresos en esta etapa de crisis internacional y de menor crecimiento de la economía, no sería acertado, ya que se restarían recursos para continuar con las políticas de un Estado presente (viviendas sociales, inversión pública, asignación universal, IFE, ATP, etcétera.). La prioridad son los trabajadores de bajos ingresos, los informales y los desempleados”.

Pero la experiencia nos demuestra que subir impuestos, con el fin de sacarles a los que producen para darles a los que no pueden producir termina afectando a los dos. Bajar impuestos aumenta la inversión; con ella el trabajo genuino. Y esa inclusión ayuda a disminuir el gasto asistencial del Estado. A mayor ganancia, más pago de impuestos. Ya está probado que bajar impuestos suma, no resta.

Percibo ciudadanos angustiados y saturados de tantas frases hechas o complicadas, que intentan explicarlo todo, pero no resuelven nada.

Escuchamos discursos sofisticados, pero no se arreglan los problemas con discursos y menos a los gritos. Mi Bobe Ana diría: “El que mucho habla, poco resuelve”, o “el que mucho grita, poca razón tiene”.

Las soluciones no están en el control de la demanda, sino en incrementar la oferta. En seducir, no en imponer.

Hace algunos años alguien dijo: “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino”.

Señores: para qué sirven los ahorros, el empuje, el sacrificio, el esfuerzo, la austeridad, sino simplemente para tener la libertad de elegir. Es el resultado del mérito.

Soy consciente de que la nota de hoy no responde a mi estilo optimista habitual. Pero encuentro en esta frase de Juan Bautista Alberdi de hace 140 años una gran esperanza. Tras la siguiente descripción, vino una época dorada para nuestra Patria. Dijo Alberdi: “Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación. En realidad, nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición. La riqueza es hija del trabajo y del capital”.

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