Crisis. En hogares pobres, por cada ocupado hay más de dos personas sin trabajo



La pobreza está íntimamente ligada con la falta de ocupación y las transferencias de subsidios estatales

La pobreza estructural y la falta de trabajo están perfectamente anudadas y ese vínculo termina siendo además una variable clave para explicar las transferencias del Estado a los que menos tienen. En un hogar pobre -no indigente- en el tercer trimestre del año había más de dos personas sin trabajo por cada ocupado. En ese período, por caso, un 40,3% de los ingresos de los hogares pobres fueron “no laborales”, lo que implicó en definitiva que por cada beneficiario de un aporte estatal hubiera una persona que no recibía planes.

La conclusión se desprende de los cuadros estadísticos publicados en el informe del Indec sobre Evolución de la Distribución del Ingreso para los meses de julio, agosto y septiembre, y precisa además que en los hogares indigentes, por cada ocupado hubo más de cuatro desocupados en el mismo período relevado por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Durante esos meses, según los datos conocidos días atrás sobre el mercado de trabajo, hubo 2,2 millones de ocupados menos que en el mismo período del año pasado. Ese número no se reflejó directamente en la tasa de desempleo, ya que muchos “encuarentenados” no trabajaban, pero tampoco podían buscan un empleo debido al aislamiento obligatorio y sus consecuencias. Terminaron apareciendo en los informes oficiales como “inactivos”, y por lo tanto no son incluidos en la tasa de desocupación.

El desempleo en el tercer trimestre del año fue de 11,7%, dos puntos por arriba del mismo período del año pasado. Sin embargo, las caídas de las tasas de empleo y de actividad fueron más dramáticas en el segundo trimestre del año, cuando casi cuatro millones de personas dijeron no estar ocupadas.

El problema de la cantidad de ocupados o no es la única conclusión que se desprende de los datos oficiales. En el mismo período relevado, por cada persona que recibía una percepción del Estado (AUH, jubilación u otro plan) había una persona que no la recibía en los hogares pobres no indigentes. Entre los indigentes, además, hubo dos personas que no recibieron asistencia de ingresos por cada una que sí la recibió en el tercer trimestre de este año.

En base a estas dos situaciones (cantidad de ocupados y perceptores de ayuda estatal), los especialistas llaman la atención sobre la película más que sobre la foto en los hogares indigentes. En el segundo trimestre, el peor momento de la cuarentena obligatoria, había más de cuatro desocupados y medio por cada ocupado en un hogar indigente. Esa situación se mantuvo sin cambios en el tercer trimestre (en 2017 era una relación de 2,7 cada uno).

Casi seis de cada diez chicos son pobres por ingresos en la Argentina

Sin embargo, en el mismo período analizado (entre el segundo y el tercer trimestre), la cantidad de perceptores de ayuda estatal decayó, lo que implicó un empeoramiento de ese segmento de la población que apenas tiene lo mínimo indispensable para alimentarse.

“Entre los hogares indigentes, el 10% más pobre, se observa que no pudieron recuperar sus empleos y además perdieron o no accedieron a las ayudas. Esto indica que por más que se multiplique el asistencialismo, este no puede llegar a los más vulnerables”, afirmó a LA NACION Jorge Colina, investigador de la consultora Idesa. “En cambio, en los hogares pobres no indigentes mantuvieron las ayudas y recuperaron los empleos. Pero como son empleos informales, no alcanzan para sacar a la familia de la pobreza”, precisó el especialista.

Otro dato que llamó la atención fue que un 40,3% de los ingresos de los hogares pobres fueron, durante el tercer trimestre de este año, “no laborales”. En el segundo trimestre, en medio de la cuarentena más estricta, ese indicador había llegado a 59,8%. En los hogares indigentes, en tanto, la dependencia de ingresos “no laborales” sube pronunciadamente y llegó a un 58,9% en los meses de julio, agosto y septiembre (había sido de 65,9% en el trimestre previo).

El Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) informó semanas atrás que, según sus propios datos, en el tercer trimestre del año la pobreza por ingresos en la Argentina había llegado al 44,2%. Es un índice superior al de 2019 (41%).

El estudio que coordinó Agustín Salvia llegó a la conclusión de que un 64,1% de los menores de 18 años vive en hogares donde el dinero que ingresa no le alcanza a la familia para procurarse un conjunto básico de servicios y bienes materiales; son personas pobres por ingresos.

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