Cinco pasos esenciales para un silo de calidad


Así como la siembra directa revolucionó la agricultura extensiva, el silaje de maíz hizo lo mismo en la producción de carne y leche. Cada año se invierten más de 500 millones de dólares y se destinan dos millones de hectáreas por campaña a la confección de silos de maíz. Como herramienta clave y de alto valor, el desafío es lograr la máxima calidad y eficiencia.

El primer momento crítico es el picado. Un silaje de alta calidad exige seguir de cerca el desarrollo del cultivo para determinar el momento óptimo del picado del maíz. La recomendación de libro es que se debe hacer entre el 32% y 40% de materia seca. Pero el 35% de materia seca debería ser el mínimo.

Hay que tratar de buscar la máxima fijación del almidón para aprovechar toda la energía del silaje y esto se logra a partir del 37% de materia seca. Pero para lograrlo es necesario contar con picadoras que sean capaces de procesar granos con mayor contenido de materia seca para incrementar el aprovechamiento a nivel ruminal del animal. Existe una nueva generación de crackers que permiten aumentar la agresividad sobre el grano y la fibra, generando una mayor cantidad de megacalorías por hectárea.

Estos pueden trabajar indistintamente sobre maíz o sorgo y logran procesar granos con estado de madurez superiores al 45% de materia seca. Es muy útil también para entrar en lotes de maíces de segunda que no se pudieron picar antes por algún temporal y quedaron muy pasados. También existen sensores que permiten detectar la cantidad de materia seca exacta que estamos produciendo por hora en cada una de las hectáreas.

Ese dato permite definir la altura del corte y el largo del picado. Al enfrentarnos a un cultivo con mayor cantidad de humedad, se recomienda alargar el largo del picado para no generar pérdidas. Pero a medida que vamos hacia cultivos más secos, de 40% de materia seca en adelante, la idea es achicar ese largo de picado para lograr una mayor compactación. En el momento en que se está realizando el picado del material hay que medir el quebrado de granos para poder realizar los ajustes necesarios de apertura en los rolos.

El segundo momento clave es el de la fermentación anaeróbica. Las bolsas deben hacerse en un terreno plano y alto para no tener problemas de encharcamiento. Pero también tiene que estar cerca del lugar donde vamos a cargar el mixer. El proceso de fermentación anaeróbica tiene como objetivo disminuir el pH hasta inhibir los microorganismos indeseables y las bacterias lácticas.

Este proceso de acidificación puede durar de 24 a 72 horas y resulta fundamental para lograr un silaje de alta calidad. Tomar las decisiones correctas en esta etapa ayuda a que el silo tenga luego bajas pérdidas en el momento de la apertura.

La tercera etapa es la de la fermentación láctica. Confeccionar un silo es como hacer pickles. Se deben crear las condiciones ácidas para que ningún microorganismo sea capaz de sobrevivir.

El objetivo reside en disminuir el nivel de pH por debajo de 4 y 3,8 para inhibir la aparición de microorganismos indeseables o de las propias bacterias lácticas. De esta manera se entra en el proceso de estabilidad del silo, donde todo el contenido de materia seca y sustrato del material deberá transformarse en ácido. La incorporación de inoculantes puede ser una gran herramienta de ayuda en esta etapa.

En la fase siguiente, la de estabilización del silo, lo importante es mantener inalterables las cualidades del material picado. Si estas condiciones permanecen estables, es indefinido el tiempo que podemos albergar el silo. Se debe realizar un seguimiento y cuidado exhaustivo de la bolsa para evitar el ingreso de oxígeno que puede desbaratar toda la tarea realizada.

El quinto paso es la reapertura del silo es un momento de definiciones y extremo cuidado. Más del 40% de las pérdidas de materia seca en el silaje se deben a deterioros ocurridos en el momento de la reapertura del silo. Eso sucede cuando el material ensilado vuelve a ser expuesto al aire, cambiando la composición química, pH y temperatura que conservaba durante el forraje. Por eso es una etapa crucial donde se deben extremar todos los cuidados.

Hay que ser muy prolijo y hacer un buen uso de la pala, y romper solamente la estructura del silo que vamos a cargar ese día. En ese sentido, una variable a tener en cuenta es la temperatura del silo. El rango de temperatura normal es de 37°, pero arriba de esos valores significa que el silo empieza a tener fiebre y está generando pérdidas. Es un buen punto a tener en cuenta para saber si estamos trabajando bien o mal con la pala.

El autor es responsable de marketing táctico de Claas Argentina

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