China. El Partido Comunista lanza un boicot contra HyM


Los boicots de marcas extranjeras son tan comunes en China que los ejecutivos tienen un manual de jugadas preparado para cuando quedan en medio de una tormenta de indignación nacionalista. Comience por pedir disculpas. Luego mayormente quédese callado, quizás expresando su respeto por la cultura china. Espere a que la ira se desvanezca. La última semana la lista de compañías que consultan el manual ha crecido. Consumidores chinos, alentados por el Partido Comunista en el poder, juraron dar la espalda a algunas de las compañías de vestimenta más grandes del mundo, desde Adidas hasta Zara.

A los ojos de los boicoteadores, las firmas erraron al expresar su preocupación por denuncias de que la industria del algodón china incluye mano de obra forzada de los uigures, una minoría étnica mayormente musulmana en la región noroeste de Xinjiang. Sus patrones esperan que la controversia se vaya desvaneciendo. Pero ellos y otros ejecutivos occidentales en China no logran sacarse de encima el temor preocupante de que esta vez la cosa sea diferente. Sus lucrativas operaciones en China están bajo creciente riesgo de caer en medio de la grieta política que se ha abierto entre Occidente y China.

H&M, una cadena sueca de comercio minorista de moda de consumo masivo, es la que enfrenta los problemas más inmediatos. Al 30 de marzo, una semana después de que fuera atacada online, su ropa aún no estaba disponible en las apps de comercio electrónico más populares de China. Sus tiendas han desaparecido de los mapas en los celulares. Propietarios de varios centros comerciales han dado por terminados sus contratos de alquiler. Su negocio en China, con US$1000 millones de ingresos y que representó el 5% de sus ventas globales en 2020, está en peligro.

Para otras compañías la ira por Xinjiang no ha sido tan devastadora. Incluso al mismo tiempo que varios famosos en China cancelaban acuerdos de patrocinio con Nike, alrededor de 350,000 chinos se anotaron para una oferta online de un par de edición limitada de sus zapatillas el 26 de marzo. De a poco los ataques en las redes sociales se redujo en medio de indicios de que los sensores del gobierno estaban aplicando el freno, quizás para quitar fuerza al fuego. El precio de las acciones de firmas extranjeras que quedaron enredadas con los boicots han recuperado la mayor parte de sus pérdidas iniciales.

Pero los ejecutivos extranjeros siguen tensos. La cuestión que está en el centro de sus actuales problemas -las violaciones de derechos humanos de China en Xinjiang y la reciente voluntad de Occidente de castigar al país por ello- es tal que el manual no sirve para esta situación. El problema también puede ser más expansivo, filtrándose en muchos otros rincones de sus negocios en la segunda economía del mundo.

Los boicots aparentemente se dieron en respuesta a los anuncios coordinados el 22 de marzo de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y la Unión Europea de sanciones contra funcionarios chinos por abusos cometidos en Xinjiang. China respondió con sanciones por su propia cuenta. La Liga Juvenil Comunista, una rama del partido encontró una declaración de varios meses atrás de H&M expresando su preocupación acerca de informes de trabajos forzados de los uigures. Una vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, dejó en claro el mensaje. “El pueblo chino no permitirá que algunas compañías extranjeras se alimenten en China y destruyan los cuencos chinos en los que comen”, dijo.

La pelea comercial por el algodón ilustra lo difícil que resulta el desacoplamiento económico, incluso limitado, entre China y Occidente. La industria del algodón china vale alrededor de US$12.000 millones al año, menos de un 0.1% del PBI. Alrededor del 90% del algodón chino proviene de Xinjiang y el gobierno dice que el 70% se cultiva en forma mecánica. En teoría debiera ser posible para compañías eliminar las fibras cosechadas a mano de las cadenas de producción. En la práctica eso requeriría auditorías de cómo se produce el algodón.

El problema es que el hilo de Xinjiang termina en fábricas por toda China, lo que hace difícil impedir que la mancha se extienda a todos los productos chinos de algodón, que representan un gran porcentaje de la oferta global. China aporta alrededor del 40% de las exportaciones textiles del mundo. “No hay manera que podamos declarar que toda la cadena de producción está limpia”, observa un consultor con base en Shanghai.

Mei Xinyu, un investigador del Ministerio de Comercio, ha escrito que el algodón es el “punto de entrada” de la estrategia estadounidense de usar denuncias sobre Xinjiang para atacar a China, que niega que haya trabajo forzado. Dice que la única opción que le queda China es responder luchando con fuerza. El Partido Comunista confía en su capacidad para hacerlo, gracias a lo que llama el “poderoso campo gravitacional” de su mercado. Firmas estadounidenses que cotizan en la bolsa de ese país y que regularmente informan de sus ingresos provenientes de China o Asia, por lo que se puede presumir que tienen gran exposición al país, han tenido mejor desempeño que firmas que no tuvieron esa exposición en los últimos años.

Nike es otra de las marcas que quedaron en la mira de las autoridades chinasGREG BAKER – AFP

Pero incluso la gravedad tiene sus límites. Una disculpa, el primer paso para acercar posiciones, es insostenible en esta oportunidad para mucha gente que trabaja en compañías extranjeras y que “reconoce la gravedad moral de lo que está sucediendo en Xinjiang”, dice Scott Nova del consorcio de Derechos de los Trabajadores, una organización que monitorea las condiciones de trabajo. Los que no tienen esa postura moral de todos modos tienen que cumplir con la prohibición estadounidense de importaciones de algodón si su mercadería se dirige a Estados Unidos. Esto no les hace conquistar simpatía precisamente en China. Las firmas extranjeras han encontrado que es virtualmente imposible conseguir audiencia con funcionarios chinos para explicar sus obligaciones legales en Estados Unidos, dice un experto en relaciones gubernamentales.

Esas obligaciones pronto podrían multiplicarse. La ley de prevención de trabajo forzado por uigures, que actualmente sigue su camino hacia la aprobación con apoyo bipartidista, supone que todos los productos provenientes de Xinjiang se fabrican con trabajo forzado. Las compañías tendrán que demostrar que no es así si quieren exportar a Estados Unidos. “Es como tener que demostrar un negativo” suspira un representante de la industria estadounidense. Las consecuencias podrían ser dramáticas. Casi la mitad de la polisilicona utilizada en los paneles solares a nivel global proviene de Xinjiang. El mayor fabricante de turbinas de viento de China, Goldwind, tiene sede allí. El petróleo y el gas de Xinjiang alimentan a fábricas de todo China.

Europa hasta ahora se ha resistido a prohibir productos de Xinjiang. La decisión de China de concentrar su ira en H&M en vez de una firma estadounidense puede ser un alerta a los funcionarios de la Unión Europea de que deben mantener las cosas así. Pero la agresión representa un riesgo.

En diciembre la UE y China firmaron un acuerdo de inversión que daría a firmas industriales y financieras europeas mayor acceso al mercado chino. El Parlamento Europeo puede tener dudas ahora cuando se le pida que lo ratifique. “Después de siete años de negociaciones esperábamos siete años de bienestar. Ahora parece que podrían ser siete años de sequía”, dice Joerg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio Europea en China.

China aún quiere que las empresas extranjeras se sientan bienvenidos. El 26 de marzo Li Keqiang, el primer ministro, visitó una planta en parte propiedad de BASF, un gigante alemán de la industria química. Esa actitud considerada casi con certeza se volverá más escasa al promover las autoridades chinas negocios locales, desde la fabricación de chips hasta vehículos eléctricos. El más reciente plan quinquenal de China, develado en marzo, se concentra por sobre todo en la búsqueda de la autosuficiencia, visto el “medio externo hostil”, como lo describen los líderes del partido. Los patrones occidentales tenían esperanzas de que las fisuras entre China y Occidente comenzarían a cerrarse bajo la administración de Biden. En cambio se están volviendo más profundas y más anchas.ß

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