China boicotea a marcas de ropa occidental


Por más de un año algunas grandes compañías de ropa y de tecnología han estado en situación complicada por los abusos a los derechos humanos cometidos por China contra los Uigures, una minoría étnica mayormente musulmana en la región noroeste de Xinjiang. Estas firmas se han estado esforzando por eliminar de sus cadenas de producción el trabajo forzado de los Uigures, cientos de miles de los cuales trabajan en la cosecha de algodón en condiciones aparentemente coercitivas. Lo que no han hecho es alardear de estos esfuerzos, por temor a provocar la ira del Partido Comunista y 1400 millones de consumidores chinos. “Por lo general en nuestra línea de trabajo es más fácil que las compañías digan que están haciendo lo correcto y no que lo hagan realmente”, dice Scott Nova del Consorcio de Derechos de los Trabajadores (la sigla en inglés es WRC), una organización que monitorea las condiciones de trabajo, y la Coalición para Terminar con Trabajo Forzado en la Región de los Uigures. “En esta cuestión con escasas excepciones es cierto lo opuesto”.

El furor online alentado por las autoridades chinas esta semana sugiere que Pekín puede estar cansándose de este juego. El gobierno chino, cada vez más decidido a castigar a los críticos de sus políticas en Xinjiang, está forzando a las compañías extranjeras a tomar una decisión que intentaban evitar: apoyar a China o irse del mercado chino.

Las autoridades chinas han alentado las protestas nacionalistas contra compañías extranjeras en el pasado para luego acallarlas al haber transmitido su mensaje. Esta vez la campaña parece ser parte de un contraataque más amplio y duradero contra los críticos de la política del gobierno en Xinjiang, donde encarceló más de 1 millón de Uigures en un Gulag por sus creencias religiosas y culturales. Esto va más allá del mundo corporativo. En los últimos días China ha impuesto sanciones a miembros de los parlamentos británico, canadiense y europeo, estudiosos europeos y centros de estudio en Gran Bretaña y Alemania. Gran Bretaña, Canadá y la Unión Europea previamente se habían sumado a Estados Unidos en la imposición de sanciones a altos funcionarios en Xinjiang, implicados en lo que el gobierno estadounidense ha llamado “crímenes contra la humanidad” y “genocidio”. “China no es la que disparó primero, pero tampoco seremos pasivos ni nos someteremos a amenazas del exterior” dijo Yang Xiaoguang, encargado de negocios en la embajada china en Londres, en una conferencia de prensa. “El pueblo chino no cederá a la prepotencia”.

En cambio son las autoridades chinas las que se muestran prepotentes. El 24 de marzo la liga de la juventud comunista, afiliada al partido, promovió un boicot nacionalista online de H&M, a partir de una declaración de hace meses en el sitio corporativo online del fabricante sueco de ropa en el que se expresaba preocupación por los informes de trabajos forzados en Xinjiang. Funcionarios del gobierno y medios oficiales se sumaron. Una turba asedió online a H&M y otras marcas, incluyendo Nike, Uniqlo y Adidas, exigiendo que se retractara de declaraciones del pasado respecto de Xinjiang si esperan ganar dinero en China.

Para el 26 de marzo apps chinas, que van desde el comercio electrónico hasta los mapas, habían eliminado a H&M de sus plataformas. Para el día siguiente al menos algunas de sus tiendas en China habían cerrado. Está en peligro el negocio en China con ingresos de US$ 1000 millones, alrededor del 5% de las ventas globales de H&M en 2020. Múltiples celebridades chinas rompieron públicamente con marcas que habían promovido pero que defendieron sus declaraciones previas sobre Xinjiang (o no indicaron ningún cambio). Entre estas se incluye H&M, así como Adidas, Nike, Puma y Uniqlo.

Zhou Dongyu, una actriz, rompió su acuerdo con Burberry porque dijo que el fabricante británico de ropa de gabardina, integrante de la Iniciativa por un Mejor Algodón (la sigla en inglés es BCI), un consorcio que controla las condiciones de producción, no “había declarado clara y públicamente su postura respecto del algodón de Xinjiang”, según su agencia. Tencent, un gigante tecnológico, eliminó la ropa diseñada por Burberry de uno de sus juegos online.

El antagonismo hacia las compañías extranjeras aparece en momentos que tanto en China como en Occidente se habla de “desacople económico” entre los dos bloques, que se han entretejido intrincadamente a lo largo de décadas de globalización. Estos debates se han centrado en parte en tecnología crítica tal como la de chips de computación e inteligencia artificial. Pero el nuevo plan quinquenal chino expresa un concepto más ambicioso de autosuficiencia para proteger mejor a China de un medio externo incierto u hostil. El partido comunista se considera capaz de ejercer presión económica sobre otros.

Varias firmas de ropa, incluyendo Muji, Fila China y la filial china de Hugo Boss, dieron testimonio en redes sociales chinas de que apoyan el algodón de Xinjiang; una vocera de Hugo Boss declaró a Bloomberg que la declaración en China no estaba autorizada y que desde entonces se ha eliminado (las tres compañías también han hecho declaraciones desde sus sedes corporativas reconociendo su preocupación por las denuncias de trabajos forzados en Xinjiang).

Otras firmas aparentemente han eliminado de sus sitios online declaraciones anteriores sobre Xinjiang. Entre ellas se incluyen PVH, dueña de Calvin Klein, e Inditex, dueña de Zara, entre otras marcas. Inditex tenía 570 tiendas en China continental a enero de 2020, más que cualquier otro país fuera de su mercado de origen, España, y sus fabricantes en China empleaban más de 500.000 trabajadores, número que sólo es superado por Bangladesh. PVH e Inditex pertenecen –al igual que H&M, Nike y Burberry- al BCI, que anunció en octubre que dejaría de operar en Xinjiang. (Ese anuncio desapareció del sitio online de la organización el 25 de marzo; un representante del BCI dijo que su política no había cambiado, que su sitio ha sido blanco de repetidos ataques por la vía de la negación de servicios en los últimos días y que repondría “la información relevante” cuando pudiera.) PVH e Inditex no respondieron inmediatamente a pedidos de comentarios.

Las marcas occidentales que se mantuvieron firmes respecto de Xinjiang pueden estar preocupadas de que se las vea cediendo al Partido Comunista y que ello genere una reacción negativa entre los consumidores en Occidente, que cada vez más esperan que las compañías se comporten de modo responsable en todo, desde el trato a los trabajadores hasta el cambio climático. Y hay mucha gente en estas compañías “que reconoce la gravedad moral de lo que está sucediendo en Xinjiang” dice Nova de la WRC. Las firmas también pueden estar calculando que se enfriará el fervor nacionalista en China. Y también se cuidan. Ninguna de estas compañías ha apoyado públicamente el llamado a la acción impulsado por la Coalición para Terminar con los Trabajos Forzados en la Región de los Uigures.

Los inversores, al menos por el momento, parecen pensar que nada ha cambiado demasiado. El precio de las acciones de H&M, Nike y Fast Retailing, propietaria de Uniqlo, cayeron al conocerse la noticia de los boicots, pero han recuperado la mayor parte de esa caída. Las acciones de las firmas que adoptaron una postura más complaciente con el gobierno chino, tales como Fila y Hugo Boss, han reaccionado de modo similar. Las grandes ganadoras son las firmas chinas que consideran un orgullo usar el algodón de Xinjiang, tales como Anta, una gran fabricante de ropa deportiva que cotiza en la Bolsa de Hong Kong (en parte gracias al interés de inversores patrióticos en el comercio minorista).

Eso podría cambiar en la medida que la ira oficial de China respecto de las críticas de sus políticas en Xinjiang y la presión de los defensores de los derechos humanos y los consumidores occidentales continúen intensificándose. Defensores de los derechos humanos ya están proponiendo un boicot corporativo de los juegos olímpicos de invierno del año próximo en Pekín. “Las compañías se sienten atrapadas” dice Nova. Saben que responder a la presión china renunciando a sus compromisos con los derechos humanos se ve indefendible en su mercado de origen. Al mismo tiempo están comprensiblemente preocupados por las consecuencias en China. Se está volviendo inevitable tener que optar entre el mercado chino lucrativo y los valores que las firmas dicen defender frente al resto del mundo, dice Bennett Freeman, un ex funcionario del departamento de Estado en la administración Clinton, que ahora asesora a multinacionales (y también es voluntario de la Coalición para Terminar con los Trabajos Forzados en la Región de los Uigures).

Para las compañías occidentales en China ambos caminos, el principista y el conciliador, tienen riesgos. Pero lo mismo sucede con la indignación nacionalista del Partido Comunista. Si termina provocando la salida de firmas extranjeras del mercado chino y la reducción de su dependencia de las cadenas de producción y distribución chinas, eso podría irritar a muchos consumidores chinos y perjudicar a millones de trabajadores chinos. También daría a las empresas occidentales más libertad para hacer algo que el partido quisiera evitar: que critiquen abiertamente a China.•

The EconomistMás información



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