Causas y mitos de la pérdida de poder adquisitivo de nuestra moneda


Hay mucha mitología detrás de las causas de la inflación. Los mitos son parte del sistema de creencias de una cultura o sociedad y anclan fuerte en la consideración de historias que son tomadas como verdaderas a lo largo del tiempo. En el caso de la inflación en la Argentina, el relato tradicional sobre sus causas involucra argumentaciones extraordinarias sobre lo que les sucede a los países que tienen una inflación anual de un dígito.

En nuestro país, las causas más influyentes a nivel social se encuentran en los “formadores de precios”, la “concentración económica”, la “intermediación especulativa en la cadena de distribución”, la “falta de regulación”, la evolución del “tipo de cambio” y la “tasa de interés”.

Lo que no es parte de la creencia que forma parte del fundamento de una inflación anual de dos dígitos en forma permanente es un déficit fiscal que se financia con emisión monetaria. Esa emisión con caída de la inversión no tiene respaldo en la producción y demanda de la economía. El nivel de precios se incrementa a lo largo del tiempo. Con una mayor cantidad de dinero circulando que la cantidad que las empresas y familias quieren demandar, el poder adquisitivo de nuestra moneda se derrumba indefectiblemente.

La destrucción del valor real del peso argentino hacen de la inflación un “impuesto regresivo” que impacta sobre los que menos tienen, a pesar de que desde los diferentes partidos políticos y gobiernos se dice defender sus bolsillos. De acuerdo a un informe de Focus Market que tomó 23 productos de consumo masivo para evaluar la evolución de precios y la cantidad de dinero necesario para comprarlos en el período 2010-2021, con $ 1000 en 2010 se compraban 252 sachets de leche, mientras que en 2021 solo pueden adquirirse 11; además, se determinó que con esos pesos se podían comprar 136 botellas de aceite en 2010 y solo tres este año; 171 paquetes de pan de salvado en 2010, y solo 7 en 2021; 290 paquetes de queso rallado de 40 gramos en 2010 y apenas 14 en el actual 2021.

Como resultado de esto, más familias son pobres e indigentes. La fragilidad del ingreso de los “argentinos” se debe a la falta de políticas de largo plazo que sean “pro inversión”. Esa carencia hace que los puestos de empleo formal sean cada vez menos, y que un beneficio como la suba del piso del mínimo no imponible de Ganancias para dejar libres del impuesto 1.246.000 trabajadores sea solo alguna “estrella” en un universo muy frágil, donde hay argentinos que no tienen ingresos estables, como es el caso de los 5 millones de trabajadores informales, los 3,85 millones de monotributistas y el medio millón de autónomos.

Apelar como causas de la inflación a los “mitos”, sin abordar los problemas de fondo con transparencia y sinceridad tiene sus costos. Todos los agentes económicos hacen mal sus cálculos, y lo peor es que padecen sus resultados en sus bolsillos y en la calidad de vida. Los consumidores no saben dónde comprar; los productores, qué producir sin que haya represión de precios, y los trabajadores, si una paritaria de entre 32% y 34% será realmente un hecho positivo frente a la evolución de la inflación.

Solo hay un fundamento de la inflación siempre presente a los largo de los últimos 14 años en la Argentina que tiene validez científica. La presencia de un déficit fiscal crónico financiado con emisión monetaria y con un peso argentino que, en términos de unidades de bienes a adquirir, pierde valor permanente. La inflación no está en la agenda de la política, porque el ajuste lo sigue haciendo el sector privado (empresas y familias) con incorporación de más impuestos, suba de los ya existentes y los efectos de la emisión para cubrir los agujeros fiscales de un gasto público inflexible. Y todo ello, sin reformas a la vista que permitan pensar en un sector privado que recupere protagonismo en la inversión, en la producción y en la generación de empleos.

Si hay algo que no es un mito sino pura realidad es que los argentinos no solo son los que más tenencias de dólares per cápita tienen, luego de los estadounidenses y los rusos, sino que, además, están en el top 5 de los mayores compradores de bitcoin, ya que esta herramienta garantiza evitar tanto las consecuencias de una inflación de 40%, como cientos de regulaciones e impuestos y tener que sufrir una depreciación permanente del valor de una moneda como el peso argentino.

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