Caídos del mapa: indiferencia y resignación en Wall Street ante la interna oficial por las tarifas


WASHINGTON.- La peor crisis política desde que Alberto Fernández asumió la presidencia, que puso en duda como nunca el rumbo de la política económica bajo la actual administración, fue seguida con cierta indiferencia –entremezclada con una dosis de frustración– entre inversores y analistas de Wall Street. Antaño, las intrigas políticas domésticas eran diseccionadas en busca de señales sobre el futuro del país. Los clientes llamaban. Pero esta vez la novela desatada por las internas en el Frente de Todos y las zancadillas del cristinismo a los planes del ministro de Economía, Martín Guzmán, dejaron al descubierto una distancia cada vez más amplia entre la Argentina y el mundo inversor, al menos en Estados Unidos.

“La Argentina se cayó del mapa. Las idas y vueltas del día a día ya no le interesan a nadie”, disparó, categórico, un ejecutivo de un fondo de inversión que mira a América latina ante la consulta de LA NACION.

La exasperación y resignación que despuntó entre fuentes de la comunidad inversora ante preguntas sobre la Argentina ofreció una pauta sobre la huella que ha dejado en los últimos meses la persistente incertidumbre sobre el rumbo del país. Ahora se sumaron las dudas sobre la fortaleza política y el futuro de Guzmán, a quien muchos ven como la figura “más potable” del Gobierno para intentar lograr un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el norte que el mercado aguarda desde hace meses.

Alberto Bernal, de XP Securities, quien suele seguir muy cerca los eventos de la Argentina, apenas se había enterado de las peleas internas en el Frente de Todos por la política económica entre el avance autoritario de Nayib Bukele en El Salvador y la convulsión en Colombia por la represión del gobierno de Iván Duque a las protestas en contra de un aumento de impuestos. Pero aún así no dudó en afirmar que un eventual enroque de figuras en el Ministerio de Economía caería mal.

“El mercado al menos tiene comunicación con él. Por el lado del kirchnerismo no hay posibilidad de diálogo”, señaló.

En un banco de inversión coincidían con esa mirada. Así y todo, la preocupación por un eventual endurecimiento en la conducción económica no lograba terminar de torcer la apatía reinante sobre la Argentina. “Creo que va a ser negativo si Martín Guzmán se va por esto, pero la verdad, ¿a quién le importa?”, se despachó una fuente.

Otro ejecutivo de otro fondo que posee papeles de la Argentina y de otras naciones emergentes, y que participó del último canje de la deuda, fue todavía más contundente al referirse al ahora devaluado ministro: “A nadie le importa un c… Técnicamente es el baluarte, pero no está haciendo nada”, fue su lapidaria respuesta.

El cortocircuito interno entre Guzmán, respaldado por la Casa Rosada, y el subsecretario de Energía, Federico Basualdo, quien cuenta con el apoyo de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, de su hijo, Máximo Kirchner, y del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, terminó de arraigar las dudas por el rumbo económico del país, o, en otras palabras, terminó de confirmar lo que en su momento el ahora saliente director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, describió como “diferencias significativas de opinión” sobre la política económica que quiere seguir el Frente de Todos.

La única incógnita que inquieta a los analistas e inversores que todavía siguen interesados en la Argentina es qué ocurrirá con las negociaciones con el Fondo y cuándo habrá un nuevo acuerdo. Nadie tiene expectativas de que la última fecha tentativa que había planteado Guzmán –mayo o junio– sea realista. Pero inevitablemente ahora se lo ve como un ministro devaluado, aun cuando siga en el Gobierno. El problema es que muchos siguen viendo es “el doble comando”. Guzmán tiene previsto acompañar al Presidente en su próxima gira por Europa.

“Obviamente queda muy desdibujado”, reconoció una fuente que sigue las idas y venidas del país desde otra institución de primera línea en Nueva York.

En esa ciudad se miraba con cierta perplejidad y asombro que la única figura del oficialismo que habló ante las cámaras y los micrófonos del tema desde que estalló la novela fue el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y para respaldar a Basualdo. Ni Fernández, ni la vicepresidenta, Cristina Kirchner –quien le dedicó sendos hilos en Twitter al presidente, Joe Biden, y al fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta por las clases presenciales en las escuelas–, ni el propio Guzmán tocaron el tema.

Aun así, un inversor que conoce los entretelones del oficialismo especuló que la pérdida de capital político de Guzmán está sobredimensionada, que había sido “coreografiada” y que era menos real de lo que parecía. Pero era el único que aventuraba esa lectura.

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