Ascenso y derrumbe de la famosa cocinera que terminó “en el horno”



Los platos que la abuela le había enseñado a cocinar en su infancia, salvaron la vida de una ya adulta Paula Deen: asfixiada por la agorafobia, abandonada por su marido y con dos hijos que mantener, esta mujer encontró una salida en la gastronomía, montó un imperio culinario y se convirtió en la cocinera más famosa de los Estados Unidos. Pero, cuando estaba en la cumbre de su éxito, lo echó todo a perder.

Paula Ann Hiers Deen, nació el 19 de enero de 1947, en Albany, Georgia, en el sur de los Estados Unidos. Según sus propias palabras, tuvo una infancia deliciosa, pero la vida luego le mostraría su lado duro, porque cuando tenía 19 años murió su padre y con apenas cumplidos los 23 perdió también a su madre.

Después de padecer agorafobia durante veinte años, como se dijo, fue abandonada por su marido y se encontró sin dinero y con dos hijos a los que mantener. En ese momento, algo la iluminó: como cualquier chica criada en el sur profundo de los Estados Unidos, sabía cocinar, así que se le ocurrió que esa podía ser una salida laboral.

Con sólo 200 dólares, en 1989 montó un pequeño negocio llamado The Bag Lady, cuyo concepto era de lo más simple, puesto que consistía en que ella preparaba sándwiches y sus dos hijos los vendían a los trabajadores de Savannah, lugar donde se había mudado hacía años. Ese emprendimiento fue su plataforma de lanzamiento y le dio el espaldarazo que necesitaba para embarcarse en algo más grande.

Paula Deen

En cuanto pudo, alquiló un local y abrió un pequeño restaurante, donde se dio el gusto de deleitar a los clientes con su “gran mano” de cocinera. Es que en las décadas en las que había estado confinada en su hogar debido a la agorafobia, había perfeccionado las recetas que le transmitidas por su abuela: sopa de tortuga, pollo frito y pasteles de duraznos fritos, entre otros.

Tuvo tanto éxito con su primer restaurante, que dos años después debió mudarse a un establecimiento mucho más amplio, donde celebridades y turistas hacían cola para probar el ya mundialmente famoso pollo frito de Paula Deen. Su nueva buena estrella no terminaría ahí.

En 1997, se “autopublicó” su primer libro de cocina y nuevamente la suerte le hizo un guiño: una agente literaria entró en su restaurante para resguardarse de una tormenta, vio el libro, se dio cuenta de su potencial y lo compró. Gracias a la gestión de esta especialista, una gran editorial se interesó por él, lo reeditó y no tardó en convertirlo en un bestseller (sus siguientes cuatro libros también alcanzaron esa categoría).

Los logros de esta mujer parecían no tener fin: en 1999, la revista “USA Today” otorgó el Premio Comida Internacional del Año a su restaurante y, después de aparecer como invitada en el popular programa de Oprah Winfrey, The Oprah Winfrey Show , cientos de mujeres le escribieron para decirle que su historia personal las había ayudado a superar las dificultades.

Como broche de oro, en 2002, lanzó su propio programa de televisión con el nombre Paula’s Home Cooking (“La comida casera de Paula”), que fue rápidamente alabado por la crítica y tuvo un éxito inmediato. A esta altura, era la cara de la cocina sureña y todos llamaban a sus platos “comida reconfortante”.

Columna Algo no salió bien, en Lo que el día se llevó

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En poco más de una década, construyó un imperio alimentado por sus restaurantes, libros, material culinario y apariciones televisivas. Desde la pantalla, Deen encantaba a millones de espectadores, con su comportamiento agradable, su acento sureño y sus exquisitas recetas. Estaba viviendo una vida perfecta.

Aquella niña que había tenido una infancia deliciosa y que luego había sufrido agorafobia, era ahora la cocinera más famosa de los Estados Unidos, había montado extraordinario negocio alrededor de su cocina y embolsaba millones de dólares. Estaba en su mejor momento. Tocando el Cielo con las manos. Pero… siempre hay un “pincelazo” que lo arruina todo.

En marzo de 2012, Lisa Jackson, la exgerenta blanca de uno de los restaurantes de Paula, regenteado por su hermano Bubba, presentó una demanda contra ella por motivos de racismo. La demandante afirmó que los empleados negros eran más exigidos que el resto y que se los obligaba a usar baños y entradas separados de los empleados blancos. También alegó que Bubba hacía comentarios racistas.

Al intentar defenderse, Paula empeoró las cosas, porque hizo una declaración grabada en video en la que admitía haber expresado la esperanza de que su hermano tuviera una boda en una plantación sureña genuina que recordara la época en la que los negros servían a los blancos como esclavos.

La popular cocinera admitió también en esa grabación que vivía en una casa en la que los chistes sobre negros eran moneda corriente, y lo hizo usando la forma despectiva de referirse a un negro en su país, es decir, utilizando la palabra nigger .

Aunque la demanda original fue desestimada, todo el mundo le quitó el apoyo a Paula: los anunciantes se le retiraron, los televidentes se le pusieron en contra y su programa de televisión fue levantado del aire. Se terminó así el cuento de hadas de la mujer que llegó a ser considerada la “abuela culinaria de los Estados Unidos”.

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