Argentinos en Uruguay. Cómo es hacer negocios en el país vecino



“Lo que está bueno de Uruguay es que es un gran lugar para testear cosas nuevas, pero como el mercado local es chico, siempre estás pensando en afuera. Cuando iniciás una empresa acá, no te ponés a pensar cómo exportar; desde que arrancás con la idea estás pensando en eso. Es algo dado”, reflexionaba Victoria Alonsopérez, una joven emprendedora uruguaya fundadora de Chirsafer, una empresa tecnológica dedicada a la industria ganadera.

Esta vocación exportadora es uno de los rasgos que caracteriza a la nueva generación de empresarios y emprendedores del Uruguay, un destino que cada vez es más visto por sus pares argentinos con una mezcla de admiración y celos, debido a la estabilidad, la seguridad jurídica y el clima de negocios. Sin embargo, del otro lado de la orilla reconocen que no todo es tan perfecto.

Mirar afuera

Alonsopérez es ingeniera electricista. Cuando se recibió en 2012, a los 24 años, pensaba hacer un doctorado en ingeniería espacial, pero la vida la hizo tomar un rumbo diferente. A través de una revista, se enteró de una competencia para jóvenes innovadores de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. El objetivo era que los jóvenes solucionaran un tema en su región utilizando las telecomunicaciones.

“Aunque habían pasado muchos años, el recuerdo de la crisis de la fiebre aftosa de 2001 seguía presente, por eso se me ocurrió que sería bueno rastrear el ganado para controlar de manera más sencilla sus movimientos”. Debido a que tenía experiencia en comunicaciones -siempre se mantuvo conectada con la industria espacial-, sabía que era posible colocar collares en el ganado con transmisores que indicaran su posición por GPS.

Victoria Alonsopérez

Con la ayuda de su padre y de su hermana, preparó la presentación durante el fin de semana y ganó la competencia. “Fue entonces cuando decidí poner también un pie en la tierra”, decía con una sonrisa. “En los comienzos, los clientes -gente de campo- me miraban con cierto recelo, no por ser mujer, sino por ser joven, pero fue por poco tiempo…”. Hoy su empresa tiene sedes en Montevideo, en Río de Janeiro y en Singapur, donde se realiza la producción de los collares. Además de Uruguay, sus transmisores se venden en Brasil y en el sudeste asiático.

Planificación posible

Patricia Damiani es una de las empresarias más reconocidas de Uruguay. Siendo muy joven, quedó viuda con tres niños pequeños. Por entonces, su marido manejaba el campo de la familia.

“Me convertí en empresaria a la fuerza. Aunque nadie creía que iba a poder con el campo, estaba decidida a continuar la obra de mi esposo. Todo era nuevo por entonces. En los primeros tiempos, desde los proveedores hasta los empleados, solían pedir a alguien que entendiera. Tuve que salir a estudiar porque en ese momento no sabía nada ni de campo ni de negocios”, recordaba con lógico orgullo.

En los últimos veinticinco años, su empresa no paró de crecer y de emplear nuevas tecnologías. Fue pionera en Uruguay en la incorporación de feed lot, en el cultivo de soja y en el uso del riego artificial. “Hoy estamos usando tecnología como el mapeo de los suelos que permite, por ejemplo, regular los fertilizantes según la necesidad de la zona del suelo”, explicaba.

Patricia Damiani

“Ser mujer en un ambiente tradicionalmente de hombres nunca fue una limitante. Tal vez cuando comencé, pero eso desapareció cuando se dieron cuenta de mi perseverancia y mi amor por el campo -decía Damiani-. El respeto se consigue a través del compromiso que mantengo con mis empleados, mis clientes y mis proveedores”.

Para la empresaria, si se busca mantener la sustentabilidad del negocio, es imprescindible controlar los recursos, tanto naturales como económicos. Por ejemplo, respetar la estricta trazabilidad del ganado (se coloca un chip individual a cada animal para tener su “biografía” registrada en el Ministerio de Ganadería y Agricultura desde que nace hasta su destino final) es imprescindible para mantener el estatus sanitario de Uruguay en el mundo y para poder acceder a nichos de mercados de alta calidad.

“La gran ventaja es que permite planificar con anticipación precios y fechas de embarque, lo que le quita incertidumbre al negocio. La fidelidad y la seriedad que existe entre clientes, proveedores y colegas es fundamental para el crecimiento”. En línea con lo anterior agregaba: “Lo que Uruguay da es seguridad jurídica, asociada a un respeto absoluto por la propiedad privada. Es un país que te da certeza…”, concluía.

Inversores seguros

La torre de catorce pisos de alto del Hotel L’Auberge, edificada con ladrillos a la vista, es uno de los íconos inconfundibles de Punta del Este. Construida en 1948, servía como tanque de agua para proveer a todo el barrio de San Rafael, recién fundado. A su alrededor, se construyeron un salón de té y diez habitaciones (hoy son treinta y seis). En la actualidad el hotel es administrado por Ignacio Carrera hijo, nieto de don Víctor Chaquiriand, el emprendedor que lo fundó.

“Estamos atravesando los mismos desafíos que el resto de la industria. La transparencia de precios y de oferta turística que permite Internet llevó al mercado a una situación de competencia perfecta, casi al nivel de un manual de Economía. La pandemia llegó para generar más incertidumbre”, explicaba Carrera. Al mismo tiempo ofrece oportunidades: “Hoy vender es mucho más fácil ya que se trata de publicar la habitación en uno de los tantos portales que existen y cualquier persona del mundo tiene la posibilidad de contratarla en el acto”.

MARTÍN CABRERA ( Moove It )

Uno de los fenómenos que destaca Carrera es la “macdonalización” de la hotelería: “Los hoteles de cadena son todos iguales. Cuando estás adentro de uno, no sabés si estás en Nueva York, en Río de Janeiro o en Buenos Aires. Nuestro hotel se diferencia, tanto por la arquitectura, los detalles y por la zona donde está ubicado como por la atención. Cada habitación es única, tenemos jardines que son para disfrutar y acá estamos para atender al pasajero mis padres y yo”, aseguraba.

Para Carrera, ser empresario en Uruguay tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En primer lugar, en los últimos tiempos aumentó la carga impositiva y se endurecieron las leyes laborales, lo que limita la rentabilidad y dificulta la posibilidad de seguir invirtiendo.

“Hay cambios que golpean al empresario. La contracara es la seguridad jurídica, y la estabilidad institucional y económica”, afirmaba. Dentro de las ventajas, señalaba la belleza del país, sus playas y la cultura de su gente: “Acá hay mucha confianza y buen trato entre los empresarios. Nos conocemos todos, el trato es personal: sabés quién es amigo y quién no. Si alguien se porta mal, se sabe muy rápido. Es como un pueblo chico…”, concluía.

Falta de escala

“Empezamos con tres productos y con los tres nos fue mal. Aprendimos un montón con esos golpes”, contaba Martín Cabrera, uno de los fundadores de Moove It, una empresa desarrolladora de productos de software.

“La idea del emprendimiento surgió en 2004 cuando mi primer socio y yo nos graduamos de ingeniería. Al poco tiempo se sumó un tercero para conformar el trío que somos hoy. Como a todo emprendedor, nos motivaban las ganas de ser nuestros propios jefes, de conseguir clientes interesantes y de ganar dinero, pero conscientes de que esto sería recién en el mediano plazo”, continuaba.

Coincidiendo con otros testimonios, Cabrera señalaba que las dimensiones del mercado uruguayo “nos llevan a mirar hacia afuera. Nosotros siempre pusimos el foco en Estados Unidos, la enorme mayoría de nuestros clientes está ahí”.

Para el emprendedor, Uruguay le ofrece una serie de ventajas a las empresas de tecnología, como la exoneración del impuesto a la renta ­­-lo que permite precios competitivos­-, horarios similares a los de los clientes norteamericanos, gente con manejo del inglés y mucho desarrollo de profesionales de tecnología. Moove It aprovecha todas estas ventajas para crecer de manera sostenida. “Lo más complicado es gestionar el crecimiento. Si una empresa de tecnología no crece al menos al 5%, muere. Este es un negocio que te obliga a crecer continuamente”, cerraba Martín satisfecho.

Luis Silva Domingo, responsable del área académica de la Escuela de Negocios de la Universidad ORT de Uruguay, coincide con el diagnóstico de los entrevistados. Explicaba que hay dos grandes vertientes de negocios. En primer lugar, los negocios tradicionales, como la industria agropecuaria, la construcción, el comercio y el turismo.

En segundo lugar, la tecnología informática que ha estado creciendo durante los últimos 15 o 20 años. “Son estilo Sillicon Valey. Hay una nueva generación de emprendedores jóvenes, ambiciosos con sensibilidad de sostenibilidad, con pasión y dispuestos a correr más riesgos”, explicaba.

Según Silva, en los últimos años se observa el crecimiento de la biotecnología, algo se ajusta muy bien a las necesidades del campo. “Soy muy optimista respecto a esto. Los emprendimientos de base biotecnología y de tecnología informática aplicada al sector agropecuario hacen más competitivos a los sectores tradicionales y, además, generan productos y servicios tecnológicos exportables de alto valor agregado”, concluía entusiasmado.

Como en otros lugares, hay puntos a favor y en contra. Por ejemplo, a costos relativamente altos y leyes laborales rigurosas, se les oponen estabilidad económica e institucional. Asimismo, un mercado interno reducido produce características culturales como la confianza (“nos conocemos todos”) y la conciencia exportadora (“mirar para afuera”), favorables para los negocios. Mas allá de esas consideraciones, todos los consultados coincidieron en remarcar que Uruguay es un país libre y abierto al mundo, algo que todo emprendedor valora.

Cara y ceca

Emprender en el país vecino tiene ventajas y desventajas. Ente los puntos favorables se cuentan:

+Conciencia exportadora. Al tratarse de un mercado pequeño, las empresas nacen con la necesidad de exportar para crecer

+Seguridad jurídica. El mercado uruguayo se caracteriza por las reglas estables y la estabilidad económica

+Alta confianza. Al tratarse de un país chico y en el que todos se conocen, los lazos de confianza son más fuertes

En tanto, entre los desafíos cabe destacar:

-Falta de escala. Cualquier proyecto que requiere una escala más grande rápidamente encuentra barreras de crecimiento por lo reducido del mercado interno.

-Marco laboral riguroso. Los empresarios uruguayos se quejan en muchos casos de la falta de flexibilidad en materia laboral

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