¿Algo para declarar? Todo lo que los argentinos dejaron en el “colador” de Ezeiza



Nerviosismo delator, pasos lentos y el final de un camino que se define cuando el pulgar aprieta un botón. En tiempos de normalidad sanitaria, el semáforo del aeropuerto internacional de Ezeiza que indica si el recién llegado debe pasar por el scanner de la Aduana o seguir sin pausa hacia la salida es para muchos argentinos que compran en el exterior la estación final que inclinará la percepción sobre su viaje. Quienes tengan luz verde avanzarán con alivio, pero los que saquen la roja se someterán a un control, a una discusión con un funcionario, al pago de impuestos o a la eventual retención de parte del equipaje que no haya declarado, si es que corresponde.

El denominado semáforo de la terminal Ministro Pistarini es una especie de colador aduanero que habilita el tránsito de algunas personas y frena el de otras. Quizás el viajero común desconoce que mientras él le ruega a la suerte para que salga un color, a sus espaldas funciona un mecanismo planificado que no deja nada librado a ella con el objetivo de detectar ciertos contrabandos. Hay perfiles de riesgo, vuelos calientes, horas clave de arribo y lugares de partida, intercambio de información con otros países y decisiones políticas que cambian según el inquilino de la Casa Rosada.

LA NACION pudo reconstruir qué tipo de material dejamos los argentinos y personas de otras nacionalidades en la Aduana de Ezeiza entre 2015 y el año pasado mediante el análisis de la respuesta que dio la AFIP a un pedido de acceso a la información pública. En todos los casos, se trata de actas labradas que no individualizan la cantidad de mercadería, aunque sí el tipo.

La lista arroja pistas sobre la relación de quienes viajan al exterior con las expectativas de devaluación y las modas efímeras, aunque también aparecen rarezas capaces de sorprender incluso a los oficiales aduaneros. Hasta es posible armar un ranking con las cosas que tienen menos chances de pasar inadvertidas.

La mercadería demorada puede tener distintos destinos, como quedar en rezago o terminar en una donación. Una ley estipula que alimentos, elementos de higiene, ropa de cama o bienes de primera necesidad vayan a la Secretaría General de la Presidencia, que luego los ubica, explicaron fuentes de la actual gestión. Otra parte va al Ministerio de Desarrollo Social y también se hacen remates, por ejemplo, en el Banco Ciudad.

En los últimos cinco años, la Aduana de Ezeiza realizó 4027 actas que evidencian el ingreso irregular de ropa, productos electrónicos -incluidos cigarrillos-, accesorios para vehículos, anteojos, relojes, divisas e insumos médicos. La osadía del turista va mucho más lejos: hay quienes quisieron traer rollos de césped de Estados Unidos. Otros, canarios de Colombia y tortugas de tierra, o aves congeladas de España, peladoras de camarones, trenes de juguete de Francia, partes de autos, lanchas y hasta armas. No pudieron.

La política mece la curiosidad de los inspectores de Ezeiza. En 2015, cuando Cristina Kirchner se despedía de la presidencia, los celulares lideraron la lista de actas labradas por presuntas irregularidades. Es algo que cambiaría con la llegada de Mauricio Macri: desde 2016 hasta el año pasado, nada les dio más trabajo a los controladores como los recién llegados que traían las valijas llenas de ropa.

Los números parecen justificar que la Aduana genere en los pasajeros más alarma que efectos concretos. En los cinco años relevados se hicieron 571 veces actas por celulares, un número bajo en comparación con las miles de personas que llegan al país en tiempos de normalidad.

La cantidad de procedimientos tiene sobresaltos. Sólo en 2015 se confiscó el 43% del total, mientras que en 2019 sólo 21 personas debieron retirarse del aeropuerto sin los teléfonos que habían comprado en el exterior o pagando los impuestos por encima de la mercadería que supera la franquicia de US$300. Detrás de esos cambios hay un modelo de país. La etapa anterior del kirchnerismo pregonaba el compre argentino en todos los rubros, incluido el de los celulares, que se ensamblaban en Tierra del Fuego. Pero la gestión de Cambiemos dio un golpe de timón.

El 28 de septiembre de 2018 la AFIP dispuso que los viajeros pueden entrar hasta una notebook, una tablet y un celular sin declarar. Fue la institucionalización de los nuevos aires que ya eran ley tácita desde mucho antes. Macri y su equipo consideraban que los artículos tecnológicos eran un insumo personal y mejoraban la competitividad del trabajo argentino, según la reconstrucción que hizo LA NACION entre exfuncionarios.

Las ideas anteriores se tradujeron en un pasar más ameno por Ezeiza, pero con límites. El 23 de mayo de 2017 es un día todavía recordado por el personal de Aduana. Una pasajera camufló 42 iPhones entre ropa que llevaba en la valija. Eran $450.000 de aquellos días en teléfonos. La recién llegada vio cómo el personal los puso uno al lado del otro sobre una mesa blanca.

El teléfono de Apple despierta un encanto particular tanto en quienes entran por Ezeiza como en los encargados de evitar el contrabando hormiga. La historia de mayo se repitió al mes siguiente con un pasajero colombiano que trató, sin saberlo, de marcar un nuevo récord: 47 celulares iPhone 6 que llegaron a través del vuelo 1305 de Aerolíneas Argentinas, proveniente de Miami.

Pasajeron intentaron entrar al país con decenas de iPhones camuflados Crédito: Sindicato Único del Personal Aduanero de la República Argentina

El gusto por la manzana se sostiene en motivos económicos antes que alimenticios. Es que incluso después de abril de 2017, cuando los iPhone llegaron a la Argentina de forma oficial, su costo era alrededor de 160% más que el precio de venta en Estados Unidos.

Aunque ropa, tecnología y accesorios para vehículos -desde pequeños repuestos hasta partes de motor y neumáticos- lideran los productos más interceptados, los turistas también intentan ingresar sin pagar impuestos drones, vinilos, equipos de rayos X, instrumental quirúrgico, brackets, vapeadores, insumos para tatuar, equipos odontológicos, juguetes sexuales y productos farmacéuticos, como quienes en mayo de 2019, un año después del debate en el Congreso por la legalización del aborto, debieron dejar sus pastillas de misoprostol.

Quizás nunca lo reconozcan en voz alta, pero los sabuesos de la Aduana pueden tener un olfato selectivo según el origen del avión que aterriza. Les prestan especial atención a quienes vuelven de Miami, uno de los destinos preferidos de los argentinos por sus playas y sus precios. Aunque le dieron en los últimos años una prioridad similar a Chile, en especial en las épocas en que el peso argentino parecía fuerte frente a sus competidores y hasta se organizaban tours de compras del otro lado de la cordillera. Es otra verdad no escrita que se reconoce de manera confidencial: la curiosidad de los inspectores puede agudizarse con la apreciación del tipo de cambio, pero también languidecer con las devaluaciones.

Nunca en el período analizado fue más difícil pasar por el colador de Ezeiza que en 2018: casi el 40% de las actas hechas en un lustro ocurrió en ese período. Le sigue muy por debajo el segundo año de gobierno de Mauricio Macri, con el 24%.

Tal vez uno de los operativos más recordados ocurrió cuando jugadores de la selección argentina de fútbol, que iban acompañados por el cuerpo técnico y una delegación de dirigentes, arribaron al aeropuerto de Ezeiza después de una gira por Estados Unidos. Agentes aduaneros descubrieron que en los baúles de utilería había artículos de electrónica sin declarar. La AFIP comunicó el descubrimiento con estruendo: había iPads, consolas de videojuegos, instrumentos musicales y computadoras portátiles. Finalmente se determinó que se trató de una infracción aduanera y no de una operación de contrabando.

Un exfuncionario que manejó la Aduana y accedió a hablar con LA NACION con el pedido de no mencionar su nombre recordó que la hora de llegada es un elemento importante a tener en cuenta. El objetivo está puesto en algunos aviones que aterrizan de madrugada. No por la mayoría del pasaje, sino debido a que las investigaciones muestran una correlación entre quien intenta hacer una diferencia entrando al país mercadería con fines presuntamente comerciales y el arribo de esos vuelos.

Con sus particularidades, es algo similar a lo que le ocurrió a Guido Alejandro Antonini Wilson. El venezolano llegó en la madrugada del 4 de agosto de 2007 a Aeroparque con US$790.550 sin declarar. Fueron decomisados por agentes de Aduana junto a María de Luján Telpuk, de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

Detrás de cada decisión de la Aduana hay una política de manejo de riesgos y de inteligencia de datos para descubrir irregularidades. Es probable que quien viaje frecuentemente a destinos con mayor incidencia en el labrado de actas tenga más chances de ser interceptado en comparación con quien no lo haga. Es el resultado final de un trabajo que se nota en la última parada del turista, pero del que casi nadie sabe.

Los que intentan ingresar ropa o tecnología al país tienen, al menos, un consuelo. Aunque resulten interceptados, no son los más buscados. Esa categoría está reservada para el ingreso de narcóticos, como éxtasis, o de armas.

En diciembre de 2018, se detuvo a una banda que importaba repuestos de fusiles, los armaba y los revendía en el país. Todo había comenzado con una extraña pieza de acero camuflada en una valija. Los inspectores pensaron que se trataba del eje de una bicicleta, pero lo miraron con detenimiento debido al consejo del Homeland Security Investigations, el brazo de investigación de la agencia norteamericana encargada de cuidar las fronteras.

Los argentinos también son presa de la moda al pasar por la Aduana. El boom de los spinners, que tuvo un auge hace unos años y luego decayó, se hizo notar en las actas. Entre mayo y septiembre de 2017 se hicieron 23 incautaciones de esos juguetes, que en 18 casos venían de Emiratos Árabes.

En 2017 se registró la mayor incautación de spinners Crédito: Sindicato Único del Personal Aduanero de la República Argentina

Aunque Estados Unidos es el país de donde proviene casi el 40% del total que figura en las actas, algunos productos llegan de otros puntos del planeta. Los ítems relacionados con el cabello, como las extensiones, las cortinas de pelo, la tintura y el pelo artificial se repiten en los viajes desde Brasil y Panamá.

Algunos procedimientos son de antología. En la mañana del 12 de noviembre de 2016 Franklin Steven Rodríguez Gallego, nacido en Colombia, pero con documento europeo, llegó a Buenos Aires proveniente de París en el vuelo AF 394 de Air France. Cuando pasó por los rayos X, los inspectores notaron algo que les llamó la atención. Matías Rizzoli y Mariano Moroni, según recuerda la página web del gremio, les avisaron a las fuerzas de seguridad de la Aduana.

Con formas de diamantes y de Pikachus (el personaje de Pokemon), Rodríguez Gallego traía escondidas en su valija 6930 pastillas de éxtasis y muchos más motivos para arrepentirse que quien intenta salvar el viaje trayendo computadoras, celulares o rarezas que no pasan por la Aduana.

La mercadería, en detalle

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