Aislamiento afectivo en pandemia – LA NACION


Nuestra identidad social y personal va mutando y hoy viene con distancia física incorporada, una distancia que duele pero que, sabemos, nos protege y a la vez nos torna vulnerables en el plano emocional.

Estamos físicamente aislados, y muchas veces también lo estamos emocionalmente. Nobleza obliga: antes quizás también estábamos aislados en el plano anímico, y hoy el maldito virus nos hace ver que es hora de romper con esa lejanía emocional, más allá de que por ahora no podemos trascender la distancia física que impone la cuarentena.

Un ejemplo sobre cómo salir del aislamiento emocional es apuntar a que la virtualidad pueda ganar en calidad al usarla como instrumento que sirva, además de para vernos, para decir lo que sentimos y que antes, en asados, vacaciones compartidas, cumpleaños y demás encuentros presenciales con seres queridos, ni se nos ocurría manifestar. No hace falta ser empalagosos. Con solamente decir un poco de aquello que se siente por el otro, además de los diálogos acerca del tiempo, de las noticias leídas en el diario y de los avatares políticos y económicos, basta para que la virtualidad tenga una pizca de trascendencia y no solamente sea el reemplazo clase B de una presencialidad hoy anhelada.

Dentro de todos los escenarios de aislamiento que estamos viviendo, quizás el más terrible es el que vive quien se enferma fuerte de coronavirus y debe atravesar su circunstancia alejado de sus afectos. Difícil imaginar algo más cruel que esa situación. Sin embargo, alivia pensar que aquel que está internado o aislado sabe que es amado por los suyos y que también sabe que sus familiares, que están afuera angustiados sin poder acercarse, son conscientes de que son amados por quien hoy está allí, luchando por su vida. Estar habitados por ese vínculo profundo es una forma de acompañamiento que trasciende la presencia corporal.

Cuando hay cercanía afectiva, el aislamiento físico es menos cruel. Sabernos acompañados por el amor de los nuestros es una manera de vencer la lejanía de los cuerpos. Parecen palabras etéreas… hasta que se vive la circunstancia y se percibe la importancia rotunda de haber expresado, de la forma que se pueda expresar, lo que se siente acerca del otro, para que éste se lo lleve y lo tenga como reserva para cuando haga falta.

Es importante saber que para quien vive la intimidad del aislamiento en situación difícil y frágil, la evocación de los afectos es un puente que evita el frío exilio afectivo. Por eso, vale generar ese puente con lo que sentimos y hacerlo saber, con la forma que cada uno tenga, pero que se manifieste y no quede como deuda.

Esa cercanía es posible, aun con el virus dando vueltas. Sepamos sintonizar con ella, para que sea la vacuna más eficaz contra ese temido aislamiento, el afectivo, que tanto hiere cuando no podemos escapar de él.

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