Aguaribay, molle o pimentero, los nombres de un árbol histórico



El aguaribay de la hacienda de Molinos, en Salta Fuente: Archivo

Schinus areira árbol conocido como aguaribay, molle, pimentero o árbol de la pimienta. El aguaribay es una palabra de origen guaraní (Aguará: Zorro e Yva: Fruta), y molle viene del quechua molli.

Sus hojas son utilizadas como tintura amarilla para teñidos de lanas. La semilla presenta similitud al grano de pimienta, de allí el nombre Pimentero o Falso Pimentero. Antiguamente con la fermentación de sus frutos se preparaba chicha.

En 1609 se publicó “Comentarios reales de los incas” por Garcilaso de la Vega: “Alcanzaron la virtud de la leche y resina de un árbol que llaman mulli y los españoles molle. Es cosa de grande admiración el efecto que hace en las heridas frescas, que parece obra sobrenatural”.

Félix de Ázara en “Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata” lo nombra en guaraní como aguraibai, y dice que hierven en agua o vino sus hojas hasta que sueltan una resina, las quitan y continúan cocinando hasta que el caldo queda como jarabe y a eso lo llaman bálsamo de aguaraibai. Y en Viajes Inéditos Azara manifestó: “Me mostraron pegados al camino unos árboles llamados aguaraibai de cuyas hojas se hace el bálsamo de este nombre y dicen ser muy bueno para heridas y para todo lo que los demás bálsamos. Por sus buenas cualidades suelen llamarlo curalotodo”.

Manuel Belgrano le dedicó unas líneas en el Correo del Comercio el 21 de julio de 1810 y manifestaba: “Su aspecto es agradable, vistoso, verdaderamente pintoresco; el verdor de sus hojas es perenne aún en los parajes expuestos a heladas… Conserva el piso y sus contornos secos y con singular limpieza, y el principio resinoso de sus hojas caídas, y la actitud piperina de sus frutos destruyen en su ámbito todo género de maleza”.

Aguaribay destacado es el que plantó por 1872 el Perito Moreno. En “Árboles Históricos Nacionales” plantea Oscar De Masi que ese Aguaribay fue el primer ejemplar declarado como histórico. En efecto, el decreto N° 3369/ 43 declaró árbol histórico el ejemplar de “Aguaribay” existente en el terreno del Instituto Bernasconi, en Parque Patricios. La Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, reseñó al pie del árbol: “Plantó este aguaribay el perito Dr. Francisco P. Moreno. Héroe civil de la Patagonia, explorador descubridor, abnegado servidor de la Patria. Munífico propulsor de su cultura”. También podemos mencionar el que plantó en 1870 Domingo F. Sarmiento, siendo presidente en una visita realizada a la quinta Pueyrredón (Museo Juan Martín de Pueyrredón, San Isidro)”.

Joaquín V. González en 1921 plantó un Aguaribay al lado de la tumba de su familia en Chilecito; años más tarde descansaba a su sombra.

Por su antigüedad y porte sobresale el ubicado en la Hacienda de Molinos, Salta; y destaco el relato que publicó el diario de Río Ceballos, Córdoba: por el año 1901 el Aguaribay estaba en medio del atrio de la Iglesia de Río Ceballos, el cura ofreció una ginebra a quien lo corriera, no faltó voluntario para la tarea; el Aguaribay fue bien trasplantado luciendo su estampa al costado de la capilla Nuestra Señora de los Dolores.

Silvina Ocampo en Leyenda del Aguaribay le brinda nobleza y entrega: “Al ver el árbol caído en el agua/ Irineo se inclinó / para mirar la cabellera de hojas verdes: / entre dos de las ramas / que formaban una horqueta /vio a su hijo sano y salvo. / El aguaribay había salvado a su hijo. / Pero siguieron llorando para siempre / todos los sauces de su estirpe / en memoria de aquel / que caminó como una persona / para cumplir con su destino”.

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