Abigail y la necedad política



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El análisis de José del Río en Mesa Chica

08:01

A continuación, sus principales conceptos:

La foto que se viralizó de Abigail es mucho más que una imagen. Con solo verla, brota la impotencia que generan a veces la injusticia y el juego sucio de la política. Por eso, más allá de la interpretación que le dio el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que dijo que se trataba de una utilización política, ese retrato expone lo que pasa en provincias de nuestra bendita Argentina, como Santiago del Estero.Santiago del Estero, escribía Pablo Secchi, director ejecutivo de Poder Ciudadano, tiene una deuda con la democracia argentina. No es solo ganar las elecciones con el 75% de los votos, como ocurrió con la fórmula Fernández-Fernández durante la última elección presidencial en aquella provincia, ni tampoco por ser un feudo que toma decisiones unilaterales casi sin escuchar a la gente que allí habita. Sino que esa deuda tiene que ver con las otras cuestiones que están ocurriendo hoy en la Argentina, vinculadas a un avasallamiento de las libertades individuales y a las falsas dicotomías entre economía o salud. Se plantean estas cuestiones como si una batalla se librara en detrimento de la otra, o como si la salud estuviera por encima o por debajo de la economía. ¿Qué pasa cuando en un feudo provincial los poderes son todos uno mismo? ¿Qué pasa cuando la división de poderes directamente no existe? Eso a veces parece ser lo que se busca replicar a nivel nacional. Eso parece ser lo que -a veces- se intenta lograr desde algunas de las últimas medidas políticas, que buscan cambiar lo que ocurre con la Justicia.El Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, ¿quién es quién en Santiago del Estero? ¿Son todos uno mismo? ¿No hay quien controle? ¿Qué es de los organismos de control de una provincia donde el silencio es la palabra más fuerte y donde los medios están domesticados por la pauta?En este contexto, hay personas realizando grandes esfuerzos para llegar a su casa, incluso ante una situación particular como lo es la de vivir una tragedia familiar por una enfermedad. El poder público debería estar al servicio de esos ciudadanos que no pueden llegar a su casa.Se trata de una provincia que no tiene voces críticas y que depende del empleo público porque el sector privado hace tiempo dejó de ser protagonista (si es que alguna vez lo fue). Allí, el clientelismo forma parte de la escena o el escenario tradicional de quienes habitan ese territorio y no tienen la posibilidad de decir lo que piensan, más allá de las redes sociales.¿Cuáles son los derechos humanos de esa familia? ¿Quién los protege? ¿Quién les dice que eso no puede pasar en su país? ¿Es culpa de un policía, que sigue órdenes de lo más alto del poder político? Intentan -sin pena ni gloria- echarle la culpa a este oficial de algo que tiene que ver con decisiones que llegan de mucho más arriba.Abigail tiene 12 años. Tiene cáncer. Conmueve a su familia y, al mismo tiempo, al país. Conmueve porque muestra la desidia de un país donde los gobernantes se olvidan para quién gobiernan. Conmueve por el esfuerzo de su familia, no solo de trasladarla, sino de darle voluntad y fe. Conmueve por ese padre, que es la imagen de tantos padres que se esfuerzan y llevan a sus hijos mucho más allá de lo que las dificultades les permiten.Fernando Iglesias contaba este lunes en LN+ la cantidad de casos que hay en la actualidad de posibles violaciones de derechos humanos por parte del Estado. Dice que ya tiene contabilizado 148. Algunos son famosos, como por ejemplo el caso de Facundo Astudillo Castro o el de Luis Espinoza. Otros casos ocurren en provincias donde el Gobierno olvida a sus gobernados, como sucede con Gildo Insfrán en Formosa, donde hay 7.500 varados en lo que llamaron “la frontera”. Estas personas solo podrán volver ahora que esta situación tomó carácter público nacional, porque en sus provincias ya no hay voces que puedan decir lo que sucede. En sus provincias solo quedan algunos valientes periodistas que muestran lo que ocurre e intentan gritar lo que el Gobierno calla. Santiago del Estero es la muestra de lo que no se quiere. Es la muestra de lo que uno cree que no es el ejemplo para nuestro bendito país.Sumado a esto, este martes se conoció un dato más que tiene que ver con lo que ocurre no solo en Santiago del Estero, en Formosa o en aquellas provincias que acumulan 148 casos en los que se vulneraron derechos individuales de familias e infinidad de miles de casos de personas que no son respetadas cuando quieren volver a sus casas.Bloomberg, una agencia internacional, le puso una nota a la Argentina. Una nota que sale de este espejo endogámico de la grieta del 47% o 41%, donde sea que quieras situarte. Para esta agencia no se trata de economía o salud. No se trata de la protección de los gobernantes, de que te quedes en tu casa o de que te acusen de ir contra la democracia. Se trata de la combinación y la suma de las partes, no de uno contra otros.Esta agencia registró los contagios, los muertos por millón, las restricciones de la economía y la libertad de circulación que tienen los ciudadanos en un contexto tan adverso como el de la pandemia. Son muchas las variables que midieron. Y ese boletín ubicó a la Argentina entre los dos peores países a nivel mundial en cómo se manejó la suma de estas partes.Hace tiempo se sabe que un conjunto sistémico es mucho más que las distintas partes. Pero la Argentina está enfocada en cada partecita y trata de mostrar que si uno se ocupa de una cosa no puede ocuparse de otra. Hace tiempo el foco no pasa por ahí, sino que pasa por solucionar los problemas de fondo.Nueva Zelanda, Japón y Taiwán están entre los tres mejores países. México, Argentina y Perú, entre los peores. De 53 países que tienen un PBI mayor a 200 mil millones de dólares, la Argentina se ubica como el segundo peor a nivel internacional en el manejo de la pandemia. Y el caso Abigail es la muestra de cómo vulnerar las libertades individuales no hace más que perjudicar a la suma de las partes.

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