“10 años muy duros”: el sueño cumplido en el campo de dos amigos y socios



Guillermo Girado y Sebastián Cruz, amigos y socios para producir en el campo

Firmeza y constancia en la manera de ser o de obrar. Eso es lo que dice en el diccionario cuando uno busca el significado de la palabra perseverancia. También era la palabra que le repetía una y otra vez Luis Cruz a su hijo Sebastián, que luego de más de 10 años como contratista pudo sembrar unas 30 hectáreas de maíz tardío en campo alquilado.

En Sierra de los Padres, provincia de Buenos Aires, Sebastián creció en un ambiente de trabajo y esfuerzo constante. Si bien sus padres se habían criado en el campo, el trabajo de ambos los alejaron de la ruralidad: Luis trabajaba en el mantenimiento de la cancha de golf del lugar y su madre era cajera de supermercado.

Sin embargo, cuando cumplió 18 años y comenzó a trabajar en una empresa contratista rural, las maquinarias, los cultivos y el campo pasaron a formar parte de su vida cotidiana. Allí conoció a Guillermo Girado quien también era empleado de la firma contratista.

Entre campo y campo, en sus charlas de mate fantaseaban en convertirse ellos mismos en socios contratistas. “Él sí se había criado en el campo y me enseñó mucho del trabajo rural”, cuenta Cruz a LA NACION.

Pasaron unos años y a Girado se le presentó una oportunidad que no iba dejarla pasar. Había “en venta o permuta” una pulverizadora en muy malas condiciones y decidió cambiar “su autito mano a mano por la maquinaria”. Dos años de tiempo le llevó desarmarla y ponerla en condiciones para trabajar.

Por su parte, los padres de Sebastián decidieron vender su casa en el centro y comprar algo más chico a las afueras del pueblo y con el dinero que quedó lo ayudaron a comprar parte de una pulverizadora usada.

Padre e hijo, Luis y Sebastián trabajan a la par como contratistas

Con las dos maquinarias se animaron a trabajar por su propia cuenta. Su antiguo empleador les ofreció su cartera de clientes a las que ya conocían desde hacía tiempo para que ellos continúen las labores. En un principio se dividieron los trabajos en los campos pero nunca dejaron de ayudarse mutuamente.

Al tiempo nomás decidieron asociarse. En esa sociedad también se sumó Luis, su padre. Años muy difíciles les esperaban por delante: las retenciones a los granos por parte del Gobierno de Cristina hizo que muchos productores dejaran de usar su servicio de pulverizaciones e incluso de sembrar.

Los contratos disminuyeron en forma notable y los llevó a trabajar en otras cosas: Guillermo se puso a vender nylon para invernaderos y Sebastián como empleado en una granja de pollos para cubrir los gastos.

Fue retroceder para tomar más envión. “Para no estar enfocados solo en pulverizaciones, nos armamos un equipo de cosecha y así poder seguir trabajando más diversificados”, relata.

El contratista junto a su hijo poniendo a punto la maquinaria agrícola

El 2020 fue un año distinto para todo el mundo y para los dos amigos también lo fue. Se animaron a ser productores y alquilaron un pequeño campo a pagar en tres cuotas, la última con la cosecha.

Para ayudarlos, unos conocidos les prestaron una sembradora y en noviembre pasado sembraron unas 30 hectáreas de maíz tardío. “El incentivo para animarnos fue que, al tener maquinarias propias y a hacer nosotros mismos los trabajos, íbamos a bajar bastante los costos. Haber trabajado siempre cuidando los cultivos ajenos y ahora ver los nuestros, fue increíble”, describe el contratista, de 33 años.

La expectativa por la siembra propia fue in crescendo y los ratos libres en familia se convirtieron en paseos diarios al campo para ver cómo iba el crecimiento en los lotes. En un principio pensaban cosechar unos 8000 kilos por hectárea pero los 160 milímetros de las últimas lluvias que ayudaron al cultivo a recuperarse los hace soñar con un rinde mayor.

“Estaba seco pero ahora se ve todo mucho mejor. Ya veremos los rindes en junio y julio próximo. Además de estrategia, tuvimos suerte en decidirnos por el maíz tardío, porque hace cuatro años que se estaba dando seco en diciembre y enero y la gente de la zona se había volcado a hacer maíz de segunda”, detalla.

Para este año, los socios y amigos tienen más desafíos: seguir creciendo en hectáreas y cultivos, como soja por ejemplo. “Fueron más de 10 años muy duros. Es un montón de esfuerzo y sacrificio pero vale la pena porque hoy tenemos nuestra recompensa. Como siempre dice mi padre la perseverancia te va a llevar lejos”, finaliza el productor.

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