Volvió el River 2015

Quizás haya sido el partido más “copero” que jugó River en los últimos años, entendiendo ese concepto si se lo liga a aquellas viejas batallas cuerpo a cuerpo de 2015 en las que los Ponzio, Maidana, Funes Mori o Morita se mataban en cada pelota. ¡Que intensidad el primer tiempo, por Dios! Ida y vuelta constante, pierna fuerte -un poco de locura también-, poco fútbol pero muchísima actitud para no dejarse llevar por delante por un Colo Colo cojudo que sabe a lo que juega y ya se perfila para ser uno de los candidatos en esta Libertadores 2022. Buen equipo el chileno, pero para cojudos en América estamos nosotros desde hace ocho años. La nueva “Máquina” versión de estos tiempos, como les gusta llamar a este River a tantos hinchas que por estos días se encolumnan detrás de Chomi, uno de los tuiteros gallinas más rabiosos.

Los noventa y pico de minutos dieron para eso, ambos presionando y raspando en toda la cancha. Armani estuvo en modo Copa y si Barco hubiese definido como Alario en Paraguay en la semi del 2015 quizás nos íbamos ganando el PT, aunque el chiquitín nos tenía guardada una sorpresita con formato de golazo del carajo. A propósito: Brito, Patanian, ustedes saben cómo nos gustaría ver al Pipa en reemplazo de Julián en julio, no? ¿Se podrá hacer un esfuercito más o ya es mucho pedir?

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La apuesta de Gallardo en ese palo y palo fue salir a quemar las naves en el segundo tiempo con tres delanteros en cancha. Afuera Simón y adentro Suárez. Una marca registrada del Muñeco eso de apostar a más. Y, para no variar, le salió bien.

Paulo Díaz fue una fiera. Jugó como se debe jugar la Copa Libertadores. Una decidida barrida suya fue el inicio del primer gol de River y así lo festejó. Foto: EFE

Paulo Díaz fue una fiera. Jugó como se debe jugar la Copa Libertadores. Una decidida barrida suya fue el inicio del primer gol de River y así lo festejó. Foto: EFE

Me quedo con un momento del gol de Matías Suárez… La barrida previa de Paulo Díaz al costado de la cancha es todo lo que está bien para jugar este tipo de partidos. Un cacique total. Fue a una pelota con una vehemencia hermosa, a todo o nada, en la que hubo falta, sí, pero que marcan cómo se juegan estos partidos.

También me quedo con los huevos de De la Cruz, de principio a fin. Es tremendo el petiso. Y hubo dos yapas: ese zapatazo de Barco monumental y la noticia que llegaba desde Rosario de la derrota de Newell’s. 

Eso terminó de redondear una noche perfecta, y que nos permitió salir de esa mini racha de tragos amargos en la que veníamos sin hacer pie. Primeros en nuestro grupo de la Copa y con alguito más de aire para clasificar en la Liga local. No es poca cosa. Festejamos por partida doble. Que no se corte.

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