Un mal Díaz para declarar

Leandro Díaz fue la demostración más cabal de cómo la boca te puede elevar a lo más alto y, al mismo tiempo, hacerte caer en lo más bajo. Un compendio de coraje y desmesura en el mismo envase, el autor del 4 a 4 con el que Estudiantes ganó el clásico platense pasó sin escalas de la ruta del gol a la banquina de la demagogia. Del brillo de los flashes a la opacidad de las (desafortunadas) frases. De la tapa de los diarios a esta columna.

Y lo hizo en apenas un abrir y cerrar de micrófono, lo suficiente como para certificar el peligro que implica para un futbolista profesional declarar desde arriba del paravalancha.

“Empatamos porque cuando iban 4 a 2 ellos dejaron de cantar.Ellos son cagones.Son cagones. Y nosotros somos Estudiantes”, sobreactuó los festejos el goleador antes de explicar que “no tengo nada más para decir”. Menos mal para él, porque esa aclaración acaso fue su mayor acierto después de la corajeada para empujar a la red el rebote de Rey.

Que este chauvinismo pincha haya sido protagonizado por un jugador para el cual Estudiantes representa el décimo club en su foja de servicios, que esta versión platense del silencio atroz haya surgido de un experimentado futbolista de 29 años, lo hace menos comprensible todavía: en este caso ni siquiera un malentendido sentido de pertenencia o un pecado de juventud servirían para atenuar su tribuneada.

El “no nos ganan más” que se convirtió en inmediata tendencia en las redes, los memes que recuerdan que el dólar estaba a $9,40 la última vez que Gimnasia celebró en un clásico y hasta la chicana de Andújar recordando que su hijo de 11 vio por primera vez en su vida cómo el Lobo le convertía un gol, pueden comprenderse dentro de los límites de lo tolerable en un fútbol en el que predomine la madurez.

Sirve de aprendizaje para todos: un mal Díaz para declarar lo puede tener cualquiera.

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