un cambio de política con el aval de Gallardo

Hace exactamente seis años River arrancaba la cuarta pretemporada de la era Gallardo. Fue también un 10 de enero, aunque el destino era Punta del Este, Uruguay. Aquella fue la última vez que un futbolista no viajaba con el resto de sus compañeros para empezar los trabajos de preparación: Leonel Vangioni, a seis meses de quedar libre, se quedaba solo en el Monumental porque no acordaba la renovación de su contrato. Dos mil ciento noventa días después la historia se repite en otros términos con Fabrizio Angileri y Benjamín Rollheiser.

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La diferencia con aquella situación que protagonizó el Piri y que se resolvió salomónicamente cuatro días después de que lo dejaran en Buenos Aires es que esta vez la directiva endureció su política de renovaciones y sentó un nuevo precedente para los próximos cuatro años: si Angileri y Rollheiser no extienden sus vínculos con el club, no volverán a jugar ni a participar de los ensayos del primer equipo.

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Y, claro, la medida de que ninguno de los dos viajara a San Martín de los Andes (como ocurre con absolutamente todas las decisiones que se toman en el fútbol de River) cuenta con el aval total de parte de un tal Marcelo Gallardo a los dirigentes. Con el respaldo indispensable del entrenador más ganador de la historia, la gestión Brito intenta, así, resolver más drásticamente problemas que en los últimos ocho años llevaron a que muchos futbolistas importantes se fueran libres y jugando hasta el último día de su relación laboral.

Esta vez los dos casos tienen sus complejidades y, al día de hoy, presentan un nivel de dificultad similar para que se resuelvan favorablemente sin llegar a un final que en este ciclo sólo ocurrió hace un par de años con Kevin Sibille (que de todas maneras no iba a ser tenido muy en cuenta por MG), quien rompió diálogo y debió entrenarse seis meses en soledad hasta irse. Y claro, ninguna de las partes quiere eso: ni River, que perdería dos activos importantes, ni ambos jugadores, que pasarían a estar colgados y se irían por la puerta de atrás, con la condena social que eso también implica en el mundo del fútbol, algo que de hecho ya empezó a verse en las últimas horas en las redes sociales.

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Pero así y todo, por el momento las negociaciones no avanzan. En el caso de Angileri, desde River argumentan que le hicieron una oferta para renovar que fue rechazada y dicen que el agente del jugador no volvió a comunicarse para elevar una contrapropuesta. Desde el círculo del lateral mendocino avisan que en los últimos días recibió ofrecimientos de afuera que son infinitamente superiores en los números a lo que propone River (unas 10 ó 15 veces más, aseguran) y que el club en su momento rechazó los pedidos formales del Fenerbahce turco y la Lazio por considerarlos insuficientes.

Con pasaporte comunitario y a un par de meses de cumplir 28 años, Angileri está convencido de que es momento de hacer una diferencia económica que hasta aquí no logró y, si no lo hace en el exterior, buscará que sea River el que lo reconozca (y su gente alega, en ese sentido, que el club le quiere extender el vínculo por tres temporadas, algo que le limitaría las chances de dar un salto en los años finales de su carrera). A su vez, desde la campana del CARP insisten en que en los últimos días el representante de FA tampoco les trajo ofertas de otros mercados, como se filtró.

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¿Cómo puede resolverse su problema? Una posibilidad es que Angileri sea vendido en este libro de pases, algo que tampoco suena tan fácil y que no suele verse (una excepción podría ser justamente la de Fabricio Bustos, que se encuentra en un escenario similar en Independiente con River al acecho): pocos clubes decidirían invertir en un jugador al que podrían incorporar sin costo en menos de seis meses. Si el zurdo no es transferido ahora, las partes deberán volver a sentarse para afinar números de un nuevo contrato o terminará marginado durante todo el semestre hasta quedarse con la ficha en su poder.

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En cuanto a Rollheiser, el pibe de Coronel Suárez es el único de los juveniles de Inferiores que aún no arregló y, a pesar de que hubo más charlas para negociar que por Angileri, hoy también están lejos. Desde el lado del jugador buscan un reconocimiento por los últimos tres años en los que el delantero de 21 años cobró -según jura su círculo- un salario demasiado bajo. Ahora bien, en Núñez advierten que el pedido del agente de BR es muy elevado en la prima del contrato y, sobre todo, que una de las exigencias es que el club le recompre al jugador el porcentaje de su pase que le cedieron en las renovaciones anteriores (5% y 15% respectivamente) , algo que en las oficinas del Monumental consideran “inadmisible”.

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No es la primera vez que River tiene problemas con Rollheiser y la gente que maneja su carrera: en febrero de 2019, y aún sin haber debutado siquiera en Primera (sólo había participado de un amistoso de pretemporada en enero de 2018), estuvo al borde de decidir quedar en libertad para pasar al fútbol italiano luego de no acordar una renovación que llegó un tiempo después cuando todo parecía terminado.

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Así las cosas, por ahora ninguno de los dos está cerca de seguir los pasos de Bruno Zuculini, que era el otro jugador al que se le terminaba el vínculo en junio y este lunes firmó por un año más. Aún en un contexto económico cada vez más difícil para los clubes en Argentina del que River no es una excepción, en los últimos días la directiva selló las extensiones de una larga lista de futbolistas además de las incorporaciones de tres refuerzos que vinieron desde el exterior, con salarios en dólares o euros: si hay voluntad de las partes, todo es solucionable. Pero, por lo pronto, River se puso más firme que nunca…

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