su doblete y el registro en clásicos que le sacó a Palermo

Clásico. Tres dedos extendidos, pose Spiderman en estéreo. Sonrisa. Gol. O golazo: el calificativo final está atado a la definición. Casi siempre, 4K. Julián Álvarez habituó a River a eso. A gritar. Por intervención propia -en directo o en diferido- el equipo de Marcelo Gallardo ya ha celebrado veintiséis veces en 2021. Trece asistencias, trece goles. ¿Qué te parece? Aunque los dos de este domingo fueron especiales. Clásicos.

Otra vez frente a Boca, Julián convirtió. Como en el Súper del 16 de mayo, cuando marcó de cabeza. E igualó, así, una marca histórica: había sido Martín Palermo el último en convertir tres goles consecutivos en clásicos -incluyendo amistosos- allá por 1999. En River el registro más cercano databa de febrero de 1978, con autoría de Norberto Alonso. Álvarez la rompió como para entrar en los libros.

Porque el Araña de Calchín, todavía jugando más suelto, tejió su propia jugada para sorprender a un Rossi ciertamente responsable del primer festejo del Monumental. El unipersonal incluyó una intercepción en el mediocampo luego de un cortocircuito de juego de Boca, un sprint que no llegó a frenar Campuzano, un cambio de perfil baldosero y un remate fuerte aunque bombeado que cayó a espaldas de Agustín R. Y que propició la primera explosión de un Gallardo lookeado a lo Labruna.

El cambio forzado que obligó a Braian Romero a salir de la cancha al mismo tiempo motivó una modificación táctica: Julián Álvarez pasó, pues, a cumplir con el rol asignado por portación de dorsal: el #9 fue ídem. Su chip tomó rápidamente señal: en la primera acción en la que tuvo que intervenir moviéndose entre los centrales acabó ampliando la cuenta en una jugada prefabricada, copyright MG.

Un movimiento colectivo que incluyó una presión atinada de Carrascal para forzar la mala salida de Rossi, que involucró a Casco en la recuperación y en el pase profundo para habilitar a Santiago Simón, quien envió un centro paralelo a la línea de cal que acabó desviando sutilmente Álvarez. La pelota daría en el ángulo recto que conforman el poste y el césped híbrido antes de ingresar tímidamente al arco, desatando el replay de Gallardo haciendo flamear, a puro grito, la versión siglo XXI de la corbata de Angelito.

Porque Julián es un talento moldeado y acompañado por el Muñeco. El que lo llevó a Madrid con apenas 18 años para que ingresara en el tiempo extra de la final más importante de la historia del fútbol argentino. El que lo metió, un año más tarde, en otro par de definiciones (Flamengo y Central Córdoba). Y que le comenzó a dar mayor rodaje en 2020. Este año llegaría a su nivel ABC1.

Y así se explica que los clubes importantes de la región UEFA ya estén observándolo. Que el Ajax y el Aston Villa hayan preguntado por él, o que desde la económicamente atractiva MLS ya lo hayan tentado (Orlando City ofreció 11 millones de dólares más bonus en julio). Sin embargo, Julián desistió. Comprende que podrá tener, en algún momento, un salto a un club top de Europa. Y esperará esa oportunidad mientras disfruta de River.

El club al que decidió venir a probarse a los 15 años, confiando en quedarse a vivir allí. En el que progresó exponencialmente. Esa institución que le fijó al año pasado una cláusula acorde a su talento: € 25.000.000, según el contrato que está vigente hasta diciembre del año que viene. Y que lo extrañará si se va. Porque sus grandes rendimientos ya son habituales. Clásicos.

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