Sin excusas, River

Terrenal en su máxima expresión fue el muleto que puso Gallardo en cancha para medir fuerzas contra Talleres. Y se entiende: esa inmensa mayoría de suplentes (Armani y Simón, las excepciones), con muy pocos minutos de rodaje y un funcionamiento más discreto, jugó a lo que pudo pero sin lograr los desbordes a los que nos tiene acostumbrado el River titular. Un ejemplo es Palavecino. El Pala fue junto con Julián Alvarez el mejor jugador del semestre pasado, por encima incluso del hoy supremo Enzo Fernández, y eso que el junior de los Enzos también había terminado en un nivel alto el 2021.

Es como que todo costó más, llevó más tiempo y no tuvo la fluidez habitual. No obstante el equipo se plantó, jugó y controló a Talleres en el primer tiempo, pero hasta ahí llegó.

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En el segundo tiempo la desconexión fue casi total y se notó sobre todo en defensa. Mammana, más acostumbrado a ser central, no fue el delantero que River necesita de sus marcadores de punta. Casi no pasó al ataque. Maidana y González Pirez –en el gol de Valoyes estaba en un cumple viendo pasar la piñata por arriba de su cabeza- dieron espacios y no fueron salida clara, y Elías Gómez fue ni fu ni fa. Los medios tampoco presionaron ni generaron juego. Y arriba no hubo pólvora, ni siquiera cebitas.

Haciendo un racconto de los puntos perdidos en este campeonato se puede caer en la certeza de haberles salvado la vida a tres DT: Gago (2 a 0 arriba y empate final que hubiese significado el voleo a Pintita en caso de derrota, sin imaginar que luego de esa inyección que le dimos levantaría a Racing a un lugar top en el ámbito local); Battaglia, por obvias razones y ahora al buenazo de Caixinha, que había perdido todo hasta hoy. En fin, toda nuestra fue.

Gallardo movió el banco de River: entraron Suárez, Fernández y De la Cruz pero no lograron revertir el flojo funcionamiento del equipo.

Gallardo movió el banco de River: entraron Suárez, Fernández y De la Cruz pero no lograron revertir el flojo funcionamiento del equipo.

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Le realidad es que la rotación propuesta por Gallardo no funcionó en ningún momento y ahora ganar el domingo se volvió casi en una imposición. Así quedamos, con la sensación de haber perdido sin excusas, algo que en la historia del ciclo Gallardo es realmente un rara avis. En este caso, más por errores propios que por aciertos del rival. Ya está, pasemos a otra página: a comer mierda y seguir laburando con mucha serenidad, no queda otra.

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