¿Que hiciste, Israel querido?

Israel Damonte es fanático de River, hincha desde pibe. Se había ilusionado en vestir el manto sagrado allá por el 2011, cuando el Pelado Almeyda había pedido que lo compraran a él y a Carlos Sánchez, ambos en Godoy Cruz. Finalmente vino el uruguayo y él se quedó con las ganas. Luego su vida lo cruzó con Marcelo Gallardo en Nacional, donde el Muñeco fue su DT y lo “marcó”, según sus propias palabras, al punto de mantener hasta hoy una muy buena relación. Lo admira, y mucho. Se quieren y se respetan.

Mucho se habló en la semana sobre el sistema defensivo que el técnico del Kiwi ​venía implementando desde que puso un pie en la hermosa Junín. Se escribieron notas, se analizó con videos y se trató de desentrañar el misterio de cómo nunca el Verde había recibido goles de pelota parada haciendo uso de ese estilo de marca. Como bien lo definió Dieguito Latorre -también creador de la frase que mejor describe a nuestros primos, démosle ese crédito siempre, por favor-, el método es igualito a como se defienden los córners cortos en el hóckey. Es decir con un millón de tipos colgados abajo del arco y unos pocos libres yendo a la pelota.

Esa rareza se terminó en un pedo, se fue al demonio por el error memorable del platinado DT: Damonte perdió de vista que River no es como todos los demás, sino el único equipo distinto​ del fútbol argentino y, casi, de Sudamérica. Con sus cosas buenas y sus cosas malas, desde ya. Ganando o perdiendo. Pero es diferente al resto.

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Y el peor pifie fue olvidar que River es especialista en eso de mover la pelota de un lado a otro con paciencia zen. Prefiere ir y venir cien veces antes que tirar de esos “centros de mierda​” como decía el Melli, hoy exiliado en Paraguay. No tiramos ningún ollazo en 91 minutos, entonces el cerrojo se destrabó. Todo se abrió con ese zapatazo de Pochettino y luego fueron cayendo los goles, como peras maduras. Fue inevitable, pobre Israel.

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​Analizar un 7 a 0 es un poco faltarle el respeto al perdedor. Y no lo voy a hacer. Es tan simple: a uno le salieron todas y al otro ninguna. Quedan, eso sí, cosas para destacar que sirven para levantar la moral puertas adentro, especialmente haber recuperado el funcionamiento a pleno. Que Julián haya vuelto al gol, que Pochettino haya jugado al nivel que le exige el Muñeco, que Casco siga siendo el mismo crack y que Paulo Díaz mantenga su fiereza en todas las canchas son muy buenos signos.. Hay que recordar que hace una semana no más estuvimos algo intranquilos por el empate contra Atlético Tucumán, la derrota contra Talleres o los malos momentos que nos hizo pasar Argentinos Juniors a pesar de la victoria.

Julián Alvarez y Enzo Fernández, figuras de River en Junín. Foto: Marcelo Carroll

Julián Alvarez y Enzo Fernández, figuras de River en Junín. Foto: Marcelo Carroll

Pero era eso, apenas intranquilidad . Siempre supimos que este River era capaz de dar vuelta la taba en un ratito. Lo hizo en Chile -con creces- y lo hizo ahora en el Eva Perón de Junín brillando como hace tiempo no lo hacía.  Seriedad, compromiso y una idea de juego clara . Ese es el camino, y quizás el “partido click”  que tanto estaba esperando Gallardo. Ojalá haya sido.

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