¿por qué y hace cuánto no pasaba?

La generación Messi está ahí, en la primera fila. Aplaude, se emociona, enloquece y siente que esto nunca sucedió, que este amor después del amor, que este idilio de la Selección con la gente no existió nunca. Y es más que valido ese sentimiento porque los que tienen menos de 20, los que no llegaron a hacer el clic futbolero antes del Mundial de Brasil, de repente encontraron sensaciones increíbles, maravillosas y superlativas cuando van a la cancha, cuando escuchan el himno, cuando ven que el 10 lleva la pelotita pegada al pie como si fuese un yo-yo, cuando prenden la tele para sentarse a mirar a la Scaloneta como el gran plan del fin de semana, cuando se meten a la web de Olé para disfrutar de los memes, cuando se pasan ratos con su celu, tirados en la cama viendo compactos en YouTube o jugadas virales en TikTok…

Mirá también

Mirá también

Mirá también

Vos, que ya peinás canas y que pisás los 50, que casi naciste con los goles de Kempes en el 78, que vibraste con Maradona en el 86, que caminaste al lado de la autopista Ricchieri cuando llegó el micro de Italia 90, que lloraste con el “me cortaron las piernas” de Diego, que te ilusionaste con el vértigo de Bielsa, que sentiste el renacer de nuestro fútbol con el equipo de Pekerman en el 2006, que alentaste en el Monumental para ver al equipo de Sabella, el de los fantásticos (Messi-Agüero-Higuaín-Di María), sabés que hubo un idilio parecido. El tema es que pasó tanto tiempo, tantas frustraciones, que parece como si el amor y la Selección se unieran por primera vez…

Cada festejo de gol de la Selección, es una unión de camisetas celestes y blancas: (Foto: Germán García Adrasti).

Cada festejo de gol de la Selección, es una unión de camisetas celestes y blancas: (Foto: Germán García Adrasti).

El origen

Desde que arrancó Menotti para la previa del Mundial 1978 y hasta el final del ciclo Sabella en 2014, la Selección -salvo esporádicos momentos- tuvo un plan, una proyección y de hecho cosechó dos títulos del mundo, jugó dos finales de Mundial y ganó un par de Copas América. Pero lo que pareció la construcción del mejor momento moderno derivó en una crisis que fue paralela al peor momento de la AFA. Perder las dos finales de Copa América 2015 y 2016, tener tres entrenadores en dos años, zafar del descenso clasificando a Rusia 2018 por la ventana, el papelón en ese Mundial y el post con la salida de varios históricos (más la situación de que ningún DT consagrado quería agarrar) parecieron ser un punto de inflexión para que hoy el mundo de la Selección sea Aruba.

Mundiales 2014 y 2006, otros momentos donde hubo química de la Selección y los hinchas.

Mundiales 2014 y 2006, otros momentos donde hubo química de la Selección y los hinchas.

Porque en ese mar de dudas y de incertidumbre se forjó el ciclo Scaloni. Primero, casi como un manotazo de ahogado de la AFA, la jugada para ganar tiempo y ver si se liberaban Simeone, Pochettino o Gallardo, terminó siendo el principal motor de este buque que hoy navega tranquilo en aguas abiertas (ojo, el océano es inmenso y la construcción debe continuar). Porque el novato Lionel DT, como él mismo le contó a Olé, hizo lo lógico: darles minutos y probar a un montón de jugadores. La vara estaba baja, se sabía que el tiempo de reconstrucción sería largo y las altas presiones finalmente cedieron.

Mirá también

Mirá también

El plan del Lionel DT

El entrenador fue probando y probando. El casting pareció largo, pero el tiempo y los resultados le dieron la razón. Consolidó de entrada a De Paul, Paredes, Lo Celso y Lautaro Martínez. Decidió que Otamendi era el histórico que debía continuar y hasta le dio tiempo a Messi de sentir que no podía vivir viendo a la Selección por TV. De tanto scouting por Europa aparecieron Nahuel Molina y Dibu Martínez, hoy ídolo de los chicos, dos que hasta hace tres meses eran desconocidos. Después llegó el tiempo de aprovechar la cosecha de la Sub 23 y encontrar a Nico González y a Cuti Romero.

Mirá también

Mirá también

Mirá también

En ese juntar voluntades, se armó un grupo homogéneo. Todos entendieron que hay un solo líder y que el único que puede tener privilegios es el 10 (que encima no los acepta). Con esa química, se gestó el campeón de la Copa América que cortó la sequía de 28 años. Y así continúa, con ese espíritu angelical, con jugadores que hoy no podrían caminar por Florida sin que les pidan mil selfies, como De Paul, Dibu, Lautaro, Cuti, el Papu, el histórico Di María y ni hablar de Leo.

Largas colas de hinchas en el Monumental para retirar las entradas Argentina-Perú (Foto Marcelo Carroll)

Largas colas de hinchas en el Monumental para retirar las entradas Argentina-Perú (Foto Marcelo Carroll)

La gente disfruta de la Selección, agota rápido las entradas, hace filas. Y los jugadores disfrutan de ponerse la celeste y blanca. No es la primera vez. Pero después de tanto sufrir por las vueltas olímpicas perdidas, después de casi dos años de encierro, después de sentir que lo mejor de la Selección se había ido con la generación pasada, aparecieron estos jóvenes que respaldan al capitán y que construyen una imagen hasta en cada posteo de Instagram.

Mirá también

Mirá también

Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *