por qué Enzo Pérez es duda en River

No calza. ¿Si entra? Difícil… El dolor que le está provocando la fisura del quinto dedo del pie derecho le impidió a Enzo Pérez participar de los ensayos posteriores al superclásico: sólo pudo trabajar en el gimnasio del Camp realizando ejercicios livianos.

Tal es la inflamación que tiene en el pie que el volante debió ir a entrenarse en ojotas puesto que le resultaba imposible calzarse una zapatilla deportiva. Por esa razón no participó de la práctica de fútbol que sus compañeros hicieron ayer y este jueves tampoco se moverá.

En ese contexto, por si a Gallardo le faltaran malas noticias, a esta altura parece utópico imaginarlo en el Florencio Sola colocándose botines de horma ajustada, infiltrado y con el dedo inmovilizado.

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Si bien anestesiar la zona y entablillar las falanges es un procedimiento viable en esta clase de lesiones, las condiciones actuales de Enzo no asoman del todo compatibles con esta alternativa.

Será el tiempo, entonces, el que dictamine si existen posibilidades concretas de que pueda integrar la delegación: las próximas horas serán cruciales. Quizás este jueves a la noche se tengan indicios cuando el Muñeco dé a conocer la lista de concentrados para el sábado.

Para Gallardo, Enzo es fundamental (Reuters).

Para Gallardo, Enzo es fundamental (Reuters).

Ahora bien, que la integre no implicará una confirmación de presencia, pues la idea original del volante es esperar a mañana para, en conjunto con el cuerpo técnico, tomar una decisión: si -como cuando atajó con un desgarro frente a Santa Fe- decide exponer el físico en pos de las necesidades del equipo dadas las ausencias masivas, o bien, si lo preserva contemplando los riesgos de agravar la lesión y del correlato que esto tendría en el funcionamiento a mediano plazo en plena carrera por el campeonato.

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River, a priori, ya comienza a sentir esta potencial baja, secuela del triunfo frente a Boca. Porque Pérez ofrece un diferencial: no cualquier jugador es capaz de redondear un 91,8% de precisión en los pases o de recuperar 11 pelotas jugando 86 minutos con un dedo fisurado como ocurrió en el Súper.

Es, tal y como lo definió Gallardo, un sensor que indica el nivel de River: si él está bien, eso se traduce en el rendimiento colectivo. Ocurre lo contrario cuando falta. Y es eso lo que le preocupa (o, de mínima, lo que ocupa) al entrenador: de qué manera reemplazarlo -de mínima- ante Banfield.

En base al propio pensamiento de Gallardo, la versatilidad que otorga Enzo idealmente se compensa no con un único volante sino con dos que se complementen. Y allí, entonces, el deté tiene backup aunque sin rodaje en continuado.

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Un ejemplo de ello es Bruno Zuculini, posible referente en la marca, quien inició el semestre en el equipo ideal de Gallardo pero perdió terreno: disputó 129’ en los últimos cuatro partidos, pero en dos de ellos (Arsenal y Boca) no jugó.

Leo Ponzio tampoco llega activo: entró 3’ frente a Newell’s y otros 7’ contra Boca, siendo sus únicos 10’ desde que volvió a jugar desde que se recuperó de una miocarditis.

Asimismo, en el rubro #5 de juego tampoco vienen con ritmo Enzo Fernández (un minuto en los últimos cuatro partidos) ni Felipe Peña, de gran nivel frente a Sarmiento e Independiente aunque en el rol de zaguero, el mismo que interpretaría junto a Pinola por las bajas en el fondo.

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Esto no deja de ser un golpe en el corazón del juego para River, que después de cuatro victorias consecutivas se ve obligado a reformularse para cubrir bajas en todas las líneas: Armani, Maidana, Rojas, Díaz y Martínez en defensa, De la Cruz en la creación, Julián Álvarez y Romero en el ataque, más dos potenciales: la de Suárez y la del propio Enzo. Ese titiritero que ofrece soluciones, que transmite el sentido de equipo y que incluso llegó a ser determinante en el área rival.

Quizás en la balanza pese más tenerlo bien en la mayor cantidad de partidos y no a medias en uno, sobre todo si por delante están programados cruces decisivos como el del 21 frente a Talleres -hoy inmediato perseguidor- en el Mario Kempes. Sí está claro que esta lesión fue por demás inoportuna en plena bonanza. ¡No se piede creer!

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