“Mis amigos trabajan ocho horas al día picando piedra, no tienen plata y son más felices que yo”

“En 2020 caí en cuenta y acepté que yo no estaba bien. No voy a utilizar la palabra depresión porque hay personas que están pasando un mal rato, están enfermas, pero yo necesitaba ayuda. Quise ser futbolista, tener una casa, carro, familia, hijos… Lo tenía todo y no era feliz”, relata Sergi Dader y trata de explicar los distintos problemas de ánimos que afrontó a lo largo de su carrera.

La salud mental es uno de los temas que en el último año pasó a tener mayor preponderancia y cada vez son más los y las atletas que se animan a poner sobre la mesa la importancia de trabajar en ello. Esta vez fue el jugador de Espanyol quien habló en la previa al encuentro contra el Barcelona que se disputará este domingo a las 17 hs de Argentina y analizó la importancia de trabajar con estos aspectos. En una entrevista con ESPN, confesó los distintos bajones anímicos que transitó y cómo a pesar de tener una realidad que muchos pensarían que lo haría feliz, no se sentía así.

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En aquel entonces se preguntaba que estaba ocurriéndole y contó: “No puedo estar en una situación en donde tengo todo lo que siempre soñé, soy el hombre más afortunado del mundo y no soy feliz. Mis amigos trabajan ocho horas al día picando piedra, no tienen plata y son más felices que yo. ¿Qué me pasa?”

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Fue ahí, que sus seres queridos lo convocaron a tomar acciones ante la realidad que estaba atravesando y recordó: “Por un año, mi mamá, mi esposa, mi agente, me decían ‘no estás bien, no te encierres en tu cuarto, sal y busca ayuda’. Yo les decía: ‘¿Qué? ¿Cómo voy a ir a un psicólogo? Estoy bien’. Fue difícil aceptarlo, pero cuando lo hice me di cuenta que no tenía motivación para hacer nada. No tenía ganas de jugar o entrenar. Todo el mundo era mejor que yo, sentía que yo no valía nada. Tenía 26 y decía: ‘Me quedan 10 años de fútbol, quiero disfrutarlos, aprovecharlos al máximo y no sufrirlos”.

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Tras un proceso en el que recibió ayuda, y pudo trabajar con los distintos aspectos que lo angustiaban, a sus 28 años el centrocampista asegura sentirse mejor. “Puedo decir que estoy disfrutando de nuevo el fútbol, algo que no hacía hace dos años. Lo primero que hice fue ir donde un psicólogo para ordenar mi vida fuera del fútbol, tener una buena relación con mi pareja, mis hijos. Siempre estaba rabioso. Eso les hace mucho daño. Eso es. Quería recuperar la alegría de vivir. Tenía una mala sesión de entrenamiento y no quería hablar con nadie. Me decían algo y les gritaba. Estaba mal; el fútbol me había dominado demasiado. Me devoraba, me agobiaba. Busqué ayuda”.

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