Memoria emotiva

Fueron 578 días. Con sus noches, diría Borges. Ese es el hueco en el tiempo en el que no hubo Bombonera para los hinchas. Por lo que la emoción del reencuentro vale más, mucho más que un partido de fútbol, o dos, o tres. Fue un atardecer emotivo, con cantos de otras eras como para ejercitar la memoria bajo la brisa embriagadora de la ribera.

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Así se cantó en la Bombonera

Pero también hubo un partido de fútbol. La exigencia era extrema. Veníamos del golpe precoz en el Monumental y en el horizonte se asomaba un top five. Pero un partido saca otro partido como un clavo saca otro clavo. Para esa operación, Battaglia volvió a insistir con Pavón y Orsini arriba, y Cardona libre. A ver si esta vez, a diferencia de la última, las cosas podían ocurrir sin accidentes. Pero hubo uno. Boca se durmió por la izquierda y Malcorra terminó el contragolpe de Lanús por adentro. Eso fue todo a lo que pudo aspirar y obtener en el primer tiempo el visitante del Sur, de elegante camiseta para concientizar la lucha contra el cáncer de mama.

Boca reaccionó con la pelota y el protagonismo creciente de Almendra y Cardona, los conectores que habían entrado humedecidos. En una ráfaga, los dio vuelta con dos goles producidos con belleza y eficacia en toda su línea de montaje, para honrar con el resultado la justicia del juego. La calidad con la que Boca tuvo la pelota en el segundo tiempo a un kilómetro de su arco fue memorable. Con una velocidad más, por las entradas de Molinas y Vázquez, inclinó la cancha e invirtió fácil en el tercer gol. El descuento de Lanús trajo una emoción inesperada, y el cuarto de Boca, como un baño de realidad parecido a un sueño.

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