“Me pongo a ver fotos y me cae la ficha” – 24/12/2019


-¿Qué es de tu vida a un año de tu retiro, Julio?

-Estoy en Villa María, disfrutando de la familia y empezando con un proyecto de representación de jugadores. De poquito nos vamos metiendo. Estoy viendo si me gusta. Este mercado es una linda prueba para ver si arrancamos con el pie derecho. Por el momento lo voy a hacer acá en Córdoba: fui papá de una nena hace poquito y quiero estar con ella porque además la mamá trabaja.

-¿Por qué tu retiro fue inesperado?

-Físicamente estaba 10 puntos: lo que me cansó fue lo que pasó en Tigre. Me quisieron hacer operar de una lesión con la que tranquilamente podía jugar. Es más, no me la voy a operar: es en un tendón de un dedo y la tienen miles de arqueros. El tema es que se les cerraba el mercado y tenían que vender un jugador. Entonces, tomaron esa decisión conmigo. Fue inesperada y me hizo mal.

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-O sea que fuiste a Córdoba pensando que sólo tu provincia te salvaba del retiro.

-Sí. Justo salió justo lo de Instituto y pensé que en mi club, donde siempre me sentí cómodo, me iban a volver las ganas de atajar. Pero no: no tenía bien la cabeza y eso me jugó en contra al jugar.

-Ahí se retiró nada menos que el primer refuerzo del ciclo Gallardo.

-Siempre le voy a estar agradecido a Marcelo. No cualquiera me hubiera dado esa oportunidad. Se la jugó por mí, que venía de la B Nacional. De ahí en adelante cambió mi vida. Cumplí un sueño. Ahora lo dimensiono más. Lo veo desde afuera y digo “uy, mirá en dónde estuve”. Hasta el día de hoy sufro haberme ido. Quedé la historia del club pero no de la forma que me hubiese gustado: jugando y siendo protagonista.

-¿En qué te cambió la vida el llamado del Muñeco?

-En todo. Yo jugué en casi todas las categorías del fútbol argentino. Sabía que me iba a llegar la chance de pegar el salto a Primera, pero imaginaba que en un club más chico. Nunca imaginé que sería River.

-River fue un privilegio para vos.

-Sí, fue un privilegio. Soy un afortunado. Me pongo a ver fotos y me cae la ficha, porque en ese momento no me caía tanto…

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-¿Cómo fue estar en una final del mundo contra el mejor Barcelona?

-Y, tenía unas ganas terribles de entrar por lo menos cinco minutos para disfrutar. Pero veo los videos y se me pone la piel de gallina. Fue hermoso ver a Messi y a esos monstruos, me acuerdo de cada detalle. ¡Lástima que me tocó el doping, llegué tarde y no pude cambiar ninguna camiseta!

-¿Cuál fue tu pico en Núñez?

-La atajada contra Juan Aurich, los dos penales que atajé contra Colón , pero también tuve partidos malos. No me puedo quejar de las oportunidades que me dieron. Aunque pasa el tiempo y sigo con esa espina de no haberme quedado con el arco cuando se fue Barovero para poder ser un Armani. Siempre fantaseé con ser el titular y más cuando se fue Barovero. ¿A quién no le gustaría ser un Armani, un Barovero, y ser el ídolo de la gente?

Atajó dos penales en su debut, en un triunfo por octavos de la Copa Argentina 2014 ante Colón (Delfo Rodríguez)

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-¿Te llevaste alguna amistad?

-Tengo buena onda con todos: a Ponzio lo veo seguido, con Batalla y Barovero nos escribimos, Alario, Driussi, Mora… Siempre les escribo y me contestan, ese grupo tenía una humildad increible…

-¿Si tenés que elegir, quién es el mejor arquero del fútbol argentino?

-Entre Armani y Andrada. Andrada me gusta mucho. Pero el mejor argentino es Barovero, siempre me gustó. Me encanta, es muy completo. Es el mejor, lejos.

-Definilo a Trapito…

-Tuve su sombra pero aprendí mucho de él. Me cuesta entender que no esté en la Selección. Yo lo tuve al lado y sé la clase de arquero y persona que es. Fue ídolo en River y ahora lo aman en México, donde también fue campeón. Para mí es el mejor de todos. Igualmente, lo de Armani es meritorio: llegó, se sentó en el arco de River y demostró ser un arquerazo. Los dos están en la historia grande de River.

-No tenés dudas si te pregunto por Barovero o Armani, entonces?

-¡Baroveeeero, por favor! Obvio, jaja. Después Armani y después, bueno, Chiarini, lejos lejos. Yo soy un peleador. Tuve la virtud de que me entrenaba bien. Si no, ni siquiera hubiese llegado…

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