Mascherano: de pie ante el Jefecito que creció con Olé


Gracias, Masche… No nos gustan las despedidas. Tampoco queremos ponernos nostálgicos ni melosos. Pero qué difícil hablar de tu carrera en pretérito simple o imperfecto… Si lo tuyo siempre fue presente y futuro, hoy y mañana, ahora y siempre. El tiempo se nos vino encima, no pudimos frenarlo como aquella salvada tuya contra Holanda en el 2014. Y entonces, casi sin darnos cuenta, de un día para otro vemos que aquel nene que salió campeón con la Séptima de River en el 2000 ahora es leyenda.

El día que Mascherano nos mostró San Lorenzo (Foto: Alejandro Guerrero).

Masche, sí, sabés que te hiciste leyenda. Alguna serie o documental de Netflix posiblemente recordará en unos años que ganaste más de 20 títulos, que integraste uno de los mejores equipos de la historia (el Barsa de Guardiola), que te rompiste el tuétano las 147 veces que vestiste la camiseta de la Selección… Pero nosotros, ahora, rememoramos otras cosas. Que un día te viniste a la redacción a brindar con chocolatada por tu primer título en River con el equipo de Héctor Sosa. Y que otro día te bautizamos Jefecito y te llevamos a hablar con el Jefe Leo Astrada. “Cuanto más te conozco, más me convenzo de tu capacidad para jugar en River”, te dijo Leo. “Trataré de no defraudarte”, le respondiste.

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No defraudaste, Masche. ¿Quién te puede discutir? ¿Alguien puede atreverse a cuestionar tu sentido de pertenencia en todos los vestuarios que habitaste? El fútbol, como la vida, es difícil. Si lo sabrás. Si habrás aprendido a gambetear críticas y a saltear los vaivenes que separan el ganar y el perder. Acaso, nosotros también pudimos habernos excedido o apresurado en alguna valoración, pudimos habernos equivocado en un puntaje. Si es necesario, nuestras disculpas. Igual, vale una aclaración. Siempre, siempre, en estos 17 años y tres meses como profesional, se intentó tratarte en el marco del respeto. Como les cabe a todos en general, y a vos en particular por tu respeto en el trabajo periodístico. Tu archivo es enorme.

Un joven Mascherano en Olé.

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Demos una vuelta por ese pasado, Masche. Hoy vale la pena. Una de las fechas que aparece es octubre del 2001, cuando el peso valía un dólar (o viceversa), y no sabíamos qué significaba Instagram ni Facebook. Por esos días vos firmabas tu primer contrato en el Monumental. “Dicen que encajo bien en River. No tengo talento, pero me gusta que el equipo toque”, nos decías. “No es la plata lo que me mueve a jugar. Y por el contrato no me la voy a creer”, agregabas. Antes de tu debut en Primera, y de que te llevara Bielsa a la Selección, la rompiste en un Sub 17 en Trinidad y Tobago. Luego te pusiste la cinta de capitán en el Sudamericano Sub 20 de Uruguay. “Los argentinos nos hacemos más fuertes en las difíciles”, nos comentaste tras una caída ante Venezuela en el inicio. “Este equipo ganó por los huevos”, declaraste tras levantar el título.

Y nos dijiste que, más allá de tu admiración por San Martín, vos te sentías identificado con Cabral.

Se retiró el Jefe

¿Dónde lo viste jugar mejor?

Y recordás, Masche, cuando fuimos a tu pueblo. Horas antes habías sido ovacionado en un partido contra Huracán de Tres Arroyos. La gente gritaba que era necesario “traer a 11 Mascheranos si quieren ganar la Copa”. Vos ya tenías todo firmado con Corinthians, para emprender esa aventura que luego seguiría en West Ham, Liverpool, Barcelona, Hebei Fortune de China, Estudiantes. Bueno, volvamos a aquel lunes en tu casa. Nos mostraste el pino en el cual durmió San Martín en el Campo de la Gloria. Nos relataste en detalle algunas situaciones de la Batalla de San Lorenzo. Y nos dijiste que, más allá de tu admiración por San Martín, vos te sentías identificado con Cabral. Cuánta verdad en aquella frase, Masche. Luego de verte crecer, fuiste un soldado heroico del fútbol. 

Un joven Mascherano en Olé.

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