Maradona siempre nos genera más

Sabíamos que iba a pasar, pero cuando pasa se mueven fibras diferentes, inesperadas, de esas que se activan espontáneamente. Lágrimas de Dalma pero también la emoción de miles que nunca lo conocieron y nos obligan a volver una y otra vez a escribir sobre él. No nos obliga, en realidad: nos invita, nos genera,nos convoca y nos conmueve.

Pibes y pibas que jamás lo vieron jugar, que les contaron, que vieron mil veces el gol a los ingleses pero quizá no disfrutaron los que le metió a Bélgica, que no necesitan compararlo con Messi para igual adorarlo. Y la Bombonera se convirtió inevitablemente en el centro de todos los homenajes que se hicieron por los 61 años que hubiera cumplido Diego. No es tiempo de buscar ni de reavivar nuevos conflictos, pero de aquella frialdad cuando Maradona volvió a La Boca dirigiendo a Gimnasia, con el solitario Tevez rindiéndole la merecida pleitesía, se pasó a esta humanidad de tener pequeños gestos para recomponer el alma dolida por el mejor de todos los tiempos que no está.

Desde el reconocimiento y regalos para su hija, a esa camiseta con la 10 que, llevada por los globos, se perdía en el cielo mientras los aplausos de Riquelme se metían en la escena. Un símbolo de paz, de respeto, de cosas que el tiempo pone en su lugar.

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Seguramente, en pocas semanas, en el primer aniversario de su muerte nos sintamos con ganas de escribir de las emociones que continúa despertando su ausencia. Sentimientos y sensaciones que no se programan y que se meten hasta de prepo en nuestros corazones cuando suceden, por más que sepamos que están por suceder. Moverá esas fibras suficientes para que, sin endiosamientos banales ni miradas condescendientes, no escondamos la profunda admiración que le seguimos teniendo a un fenómeno que marcó a fuego la vida y los corazones de tantas generaciones.

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