los alcanzapelotas que idolatran a Schwartzman y Podoroska

Los uniformes les quedan pintados. Gorrita blanca, remera gris, campera azul al tono, bien deportiva. Se mueven de aquí para allá bajo reglas bien estrictas, según recorridos prefijados, pero sin olvidar que recién están entrando a la adolescencia, con todo lo que ello implica. Olé está con ellos (y con el guiño de sus padres) en, tal vez, la primera gran experiencia de sus jóvenes vidas…

Alrededor de 20 chicos y chicas, de entre 12 y 17 años, dicen presente en el Buenos Aires Lawn Tennis esta semana para cumplir la función de alcanzapelotas en el Argentina Open femenino. Pero su experiencia va mucho más allá de una simple tarea mecánica ya que apuestan a ir creciendo en el mundo del tenis, en contacto -en la medida de lo posible- con los propios protagonistas.

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“Lo que más me gusta de ser ball-boy es que vivís el tenis y los partidos desde una perspectiva diferentes, desde adentro”, dice Ernesto Demanrtincao (14), mientras descansa en las gradas del court central y aprovecha para mirar parte del primer encuentro de la jornada. Claro, sabe que en breve tendrá que rotar con sus compañeros y entrar a la cancha. “Lo mejor es poder ver a las jugadoras y estar cerca”, agrega Mateo Federico (12), quien lo acompaña allí.

Los ball-kids del Argentina Open

Los ball-kids del Argentina Open

Todos son apasionados del tenis. Algunos aspiran a ser jugadores profesionales y otros, solamente, a continuar practicando la disciplina por simple entretenimiento y diversión. Al fin y al cabo, todos están reunidos por la misma causa: el amor al arte. Motivo suficiente para desprenderse de sus tareas diarias (como el colegio, del que consiguieron un certificado para que no les computen la falta) y asistir al evento del que, además de la ropa que le regalan, se llevan una mochila cargada de cientos de vivencias.

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“Haría lo que sea para poder venir a disfrutar algo así“, contó Ernesto, quien vive en Wilde y gracias a varias combinaciones de transportes públicos, logra estar a diario en el prestigioso club de la Capital. “Se levanta a las 6 am para venir todos los días acá” contó Laura, la mamá de Martiniano Waitzel (14), quien suele acompañarlo: “Tenemos dos horas de viaje en auto (porque es hora pico), pero, para él, es un placer”.

“Para ser alcanzapelotas necesitás atención, velocidad y ganas de aprender”, explica Kiara Serrano (14), quien tiene en cuenta las reglas del manual que le facilita la WTA. “Hay veces que la pelota pica tan fuerte que te llega a vos, pero no la tenes que agarrar sino esperar a que pique nuevamente porque después tal vez termina quejándose alguna jugadora”, agrega. “No se nos permite molestar a los jugadores, ya sea acercarnos, saludarlos o pedirles autógrafos para que ellos no se desconcentren y poder mantener nuestro margen profesional”. Y en ese sentido, a veces a los jovenes se les complica por el hecho de tener enfrente a personas que admiran y no poder retratar el momento.

Mateo (12), Ernesto (14) y Martiniano (14), tres de los ballkids del Argentina Open

Mateo (12), Ernesto (14) y Martiniano (14), tres de los ballkids del Argentina Open

“No ve ningún partido entero de fútbol, pero los de tenis sí…”, continúa la madre de Martiniano, quien vuelve estos días a la casa con una sonrisa en el rostro. “Lo sigue a Schwartzman desde hace mucho tiempo, es su ídolo. Él le marcó el tema de la constancia: que con trabajo, se llega”, cuenta acerca de su hijo, el oriundo de Ciudad Evita, cuna también de Juan Ignacio Chela.

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Con Nadia Podoroska y el Peque como los referentes más elegidos (aunque alguno también se animó a nombrar a Juan Martín del Potro y Guillermo Vilas), los chicos y chicas aseguran que esta experiencia les servirá para el resto de su vida tenística, que además de lo técnico y táctico, les permite observar y absorber la capacidad mental de las jugadoras para anteponerse -o no, claro- a las adversidades del partido, y en la manera en que lo hacen.

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A ellos no les importa si es tenis femenino o masculino. No hay distinción de género, es tenis y punto. Y lo tienen naturalizado y esperan con ansias cada nuevo día para aprender y compartir un momento entre ellos, que en definitiva, también funciona como un excelente espacio de socialización, a través de un deporte que, mayormente, suele ser muy solitario.

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