Lo dieron por muerto en la batalla de Querétaro y pide que lo dejen volver a la cancha: “No me arrepiento”

Pasaron meses de aquella batalla entre las barras de Querétaro y Atlas y todavía siguen las consecuencias. Pero eso cierto que la realidad de los clubes es distinta: mientras los Gallos atraviesan una crisis económica y deportiva, el equipo de Guadalajara está en la semifinal de la Liga MX, en busca del bicampeonato.

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Nadie quiere perderse ese duelo, ni siquiera Esteban Hernández Martínez, uno de los aficionados miembro de la hinchada del Rojinegro que estuvo en Querétaro. No solo eso: fue uno de los involucrados en los incidentes y en redes sociales lo dieron por muerto por unas imágenes que lo mostraban completamente golpeado e inconsciente. Los medios aztecas habían difundido la cifras de 15 fallecidos.

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En aquel momento, también por Twitter, se dio a conocer la noticia de que el Razor, como se lo conoce en la barra, en realidad estaba vivo aunque grave. Estuvo en coma producto de lesiones realmente importantes que hasta hoy le dejaron secuelas. Pero hay algo que mantiene vigente: su amor por Atlas, por sobre todas las cosas.

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QUIERE VOLVER

Mientras atraviesa todavía una parte de su recuperación, el fanático habló con el programa de Ciro Gómez Leyva y contó cómo se rehabilita y el deseo que tiene: volver a la cancha. Incluso, quiere hacerlo en el partido frente a Tigres, aunque desde la dirigencia local no se lo permiten. Fue uno de los castigados y tiene derecho de admisión.

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Hubo 26 heridos. AP.

Hubo 26 heridos. AP.

“No me acuerdo de nada. Me acuerdo que entramos al estadio y ya, ni de los gritos ni del dolor. Solo por las fotos que vi. Me dan ganas de llorar todo lo que pasó”, comenta el hincha, con una paz y tranquilidad que no se condice con lo cerca que estuvo de perder la vida.

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“Estas semanas fueron muy difíciles, no estoy trabajando. Me faltan dos semanas de terapia. Me falta mejorar en el equilibrio y en el habla”, revela mientras muestra sus golpes. Secuelas de un combate que no debe tener lugar en una cancha.

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La cara se le ilumina cuando le nombran a Atlas. El periodista, en tono cómplice, le pregunta si se le fueron las ganas de alentar a su equipo: “Jamás. No reniego de mis colores, lo llevo junto al corazón, aquí los traigo todavía. Vale la pena la afición. No me arrepiento después de lo que pasó”.

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Sueña con ver su equipo otra vez campeón, a cuatro meses de lo que será un verdadero título: la llegada de su hijo. Pero mientras se preocupa por volver a la cancha, donde casi muere, lugar donde está vetado: “No me apoya el club, ni siquiera se acuerdan de mí. Que la directiva me invite al estadio, sin el fan ID ni la credencial no puedo entrar”.

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