¡le puso Riquelma a la hija!

“El hincha de Boca está loco”, suele repetir Juan Román Riquelme, a partir de las muestras de cariño que recibe a casa paso, ya sea en la Bombonera o en el Interior del país. Y si hacía falta una prueba de eso, se dio este miércoles en Mendoza…

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Un hincha se planteó en la puerta del hotel Sheraton, donde llegó el ídolo luego del mediodía para sumarse a la delegación xeneize, con un cartel que decía: “Román, mi hija se llama Riquelma. Queremos una foto con vos, maestro!”.

“¿Qué se te pasó por la cabeza?”, le preguntaron en TNT Sports, al verlo con la cartulina y la nena en brazos con una camisetita que decía en la espalda “Riquelma Jianna” y el número 10. “Román, un ídolo, un ídolo”, respondió.

“Me dijeron que estaba loco (cuando quise ponerle el nombre), pero estamos felices”, agregó este fanático sin límites frente a las cámaras de TV.

Riquelme en Mendoza

No suele ir de visitante, por lo que implica su presencia en los distintos estadios del fútbol argentino. No le gusta demasiado. Ni siquiera estuvo en los partidos de la Copa Libertadores, si de hecho en los incidentes ante el Mineiro estuvieron sus laderos Bermúdez, Cascini y Delgado, mientras él estaba en Don Torcuato. Es su hermano Cristian, asesor del Consejo de Fútbol, el que suele acompañar fuera del patio de su casa.

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Sin embargo, cuando se trata de la Copa Argentina, Riquelme viene diciendo presente bastante seguido para acompañar a su plantel. Y más anoche, luego del ruido que hizo el episodio del micro y las posteriores “aclaraciones” que debió hacer en los medios.

“Riqueeelme, Riqueeeelme, Riqueeelme”, fue el grito que se repitió en Mendoza, como antes había ocurrido en los octavos de final ante River en La Plata y en los cuartos de final contra Patronato en Santiago del Estero, en aquella previa en la cual se acercó a saludar a los hinchas y alzó en sus brazos a una abuela que era fanática xeneize y suya, por supuesto.

Esta vez, Román viajó al mediodía de ayer junto a su hijo Agustín y al presidente Jorge Amor Ameal, y como de costumbre ingresó al hotel Sheraton en medio de una gran ovación de la gente que se había acercado a recibirlo a él como un día antes lo había hecho con Battaglia y los futbolistas. Vestido con una campera de cuero negra y pantalón de jean, con el lobby también colapsado, JR saludó y mantuvo su paso hasta ingresar al búnker xeneize y desaparecer por el ascensor.

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