Las claves del caso Pablo Pérez


El hartazgo es total. Los dirigentes ya están cansados de Pablo Pérez. No se lo bancan más. Y quieren que se vaya cuanto antes. “No creo que siga siendo jugador de Independiente”, disparó un enojado Hugo Moyano.

No hacía falta escuchar al presidente del club para percatarse de la bronca que invadió a los directivos más importantes de la institución luego de la expulsión del volante mixto en el 1-1 ante Boca. En el palco de la Bombonera, varios integrantes de la CD reaccionaron con insultos cuando el jugador se hizo echar en un acto de irresponsabilidad que colmó la paciencia incluso de los hinchas.

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La decisión de rescindir su vínculo está tomada. Los dirigentes conversaron ayer con Jorge Bilicich, representante del futbolista, para buscarle una salida en lo inmediato. Pérez, de 34 años, sabe que Moyano lo quiere afuera. Y es consciente de que se ha generado un desgaste muy grande con el público, lo que va a complicar sus posibilidades de revertir la situación. El problema es que el mediocampista no está dispuesto a marcharse gratis. Quiere cobrar un porcentaje considerable del dinero que le corresponde por contrato, ya que su vínculo finaliza el 30 de junio del año que viene. Además, Independiente mantiene una deuda con él.

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Para irse, Pérez impuso como condición cobrar una importante suma, pero también se mostró predispuesto a resignar algo de plata. De hecho, Moyano ya llegó a un acuerdo por el monto a pagar para que se vaya. El principal inconveniente pasa por el hecho de que el club no dispone de esa suma en efectivo. El agente del jugador les dio tiempo hasta mañana para conseguirla. Y en Avellaneda se empezaron a mover para intentar reunir esa cantidad.

Puede que el partido del domingo en la Bombonera haya marcado el punto final para la estadía de Pérez, quien llegó a Independiente a principios del año pasado. El club pagó 1.000.00 de dólares para traerlo a pedido de Ariel Holan. Cuando le tocó jugar rindió, pero tuvo actitudes que erosionaron su imagen. En definitiva, no es nada nuevo. Su carácter irascible le ha hecho ganar muchos enemigos a lo largo de su carrera. Sin más preámbulos, en Boca pasó de tener una gigantografía en la cancha a ser silbado por la gente.

Lucas Pusineri no opondrá resistencia a la partida del mediocampista: “Es una posibilidad que se vaya. No voy a tirarla afuera. Cuando yo estaba dirigiendo al Cali, acá hubo algunos desgastes, con métodos distintos. Hay cosas que pasaron que no pueden dejarse atrás. La realidad es que hay que ser serios y directos. Debemos resolver lo que sea mejor para todas las partes”.

El desgaste al que hizo alusión el técnico comenzó en febrero del año pasado, cuando se hizo expulsar ante San Martín de San Juan por meterle un planchazo en el estómago a Gelabert. Como consecuencia de esa acción fue suspendido y no pudo jugar contra Racing. El 1° de mayo, tres horas antes del partido entre el Rojo y Binacional en Perú, por la Sudamericana, se reunió con la CD y contó que la relación del plantel con Holan no era buena, lo que precipitó la salida del técnico. El 15 de septiembre pateó una pizarra y quiso pelearse con Beccacece en el entretiempo del encuentro ante Lanús, por lo que fue sancionado con dos partidos de ausencia. Y en octubre estalló cuando los dirigentes se atrasaron con los sueldos.

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La roja ante Boca agotó la paciencia. Ayer fue a la AFA a declarar y le darían dos fechas de mínimo. El representante asegura que dos clubes de España están interesados. También tendría pretendientes en el fútbol argentino. ¿Newell’s? ¿Vélez? ¿Estudiantes? Primero, el Rojo deberá juntar la plata para rescindirle. No es poco lo que hay que pagarle.

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