La versión del River terrenal

Es cierto que a River le cuestan los arranques; que esa dinámica con rotación, tenencia, pases y juego vertical se va aceitando a medida que avanzan las competencias. Tan cierto es eso como que ya no se puede hablar de inicio de temporada. La clasificación para la Copa de Liga está en recta final y el miércoles ya habrá jugado la mitad de la fase de grupos en la Libertadores.

El equipo que conservó a su figura y trajo prometedoras piezas de refuerzo llegó a tener algunos pasajes en los que se vislumbraba lo que podría dar. Tanto, que Gallardo dio descanso a varios titulares (a la vez, rodaje a los que no lo estaban teniendo) en la fecha pasada.

No le salió bien, y el regreso del equipo A tampoco: en dos fechas seguidas ante los peores de la Zona, River ganó un punto de seis.

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Esa complicación (no tener asegurado el pasaje a cuartos cuando haya que estar a la vez definiendo el grupo de la Copa) no sería tan grave si, como en otras ocasiones en las que no alcanzaba el resultado buscado, superara al rival de tal modo que le generase una jugada de gol tras otra.

No es eso lo que está pasando. Al que se está viendo es a un River terrenal, irresoluto, impreciso en el pase (que es el abecé de su superioridad), con bajos rendimientos individuales y una alta tasa de goles o casigoles cuando le llegan.

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Cierto que faltaron De la Cruz y Quintero, pero ¿es que no tienen a quién poner? Un River que hasta saca de las casillas a su DT, que le termina dando un manotazo en la espalda, como un chirlo al nene desobediente, a un jugador que no hace lo que le están diciendo que haga.

Acaso lo que menos intranquiliza a River es que cuando después su líder habla de lo que pasó, reconoce -muy gráficamente- que jugó muy mal, y no lo encubre con ninguna fábula de piernas cortas; al menos, eso es un inicio para poder corregir lo que está mal.

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