La Selección con los pies sobre la tierra

Cómo negar que invita a entusiasmarse. Cómo pedir que el hincha no se suba a una ilusión si en definitiva, es lo que lo alimenta: el sueño de campeón. En cada competencia, por más utópica que pueda sonar, por más coyuntura que lo rodee, la gente le da rienda suelta al sentimiento, a la esperanza incluso por encima de la razón. Hasta ahí, todo comprensible y no es el sector en donde hay que mantener la guardia alta, la mirada atenta, la cabeza en su lugar, el ego en su medida.

La clave pasa en que los pies sobre la tierra los tenga la Scaloneta. Que Messi sea más Messi con la celeste y blanca que en el dream team francés, no debe hacernos pensar que somos lo que no somos. Que De Paul parezca un volante con mil partidos en la Selección y se haga dueño del mediocampo tan naturalmente no tiene que esconder los funcionamientos que faltan aceitar. Que Di María haya hecho el click más maravilloso y haya convertido los insultos en ovaciones tampoco debería nublar las pequeñas sociedades que deben mejorar.

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Si Messi gambetea la pregunta sobre su vida futbolera post Qatar y prefiere enfocarse en Ecuador cuando es un partido que le cambia poco y nada a los dos, es una señal de que el futuro del equipo depende de que se siga mejorando, ajustando y ampliando la variantes de este presente. Si hubiera dicho que no se iba más, habrían aparecido los que le marcan que tiene la cabeza en donde no la tiene que tener.

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La evolución de Scaloni como entrenador está sobre la mesa. Lejos de mostrar rencores con los pocos que creían en él cuando asumió, prefiere dar un mensaje de bajar el exitismo, de que faltan muchos meses para el Mundial y que gana uno de 32. Y que el líder-capitán del equipo y el entrenador advierten una y otra vez que hay que evitar el camino de la arrogancia son señales que permiten creer que esta Selección continuará creciendo.

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