La obsesión de Scaloni a horas de la final

Lionel Scaloni tiene una obsesión. Mejor dicho, dos. O tres. El técnico de la Selección sabe que para ganar la final deberá encontrarle la vuelta al mejor jugador del rival: Kylian Mbappé. La velocidad, la técnica, la experiencia mundialista (ya fue campeón en Rusia 2018), ser el jugador más determinante (después de Messi) en el mundo. Y, claro, el poder de la juventud, de los 23 años y ese liderazgo que ejerce a pesar de su corta edad.

El creador de la Scaloneta entiende que Francia no es sólo Mbappé, que es un gran equipo, que tiene muchos jugadores importantes, que en la zona de creación también están Dembelé y Griezmann, que también hay fuego en Giroud, quien ya lleve cuatro goles en la Copa del Mundo -los mismo gritos que Julián Alvarez. Por eso, en el primer ensayo pensando en la final el DT paró una línea de cinco defensores, mismo sistema que utilizó en los cuartos ante Países Bajos.

Con ese sistema táctico, buscaría tener controladas las bandas para que entre Molina y Cuti se encarguen de Mbappé, que Lisandro Martínez le dé una mano a Acuña para frenar a Dembelé. Quedando libre Nicolás Otamendi para frenar al grandote Giroud y los volantes (sobre todo Enzo Fernández), para dar una mano cuando ataque con mucha gente porque Griezmann está en un gran nivel.

¿Pero el 5-3-2 es sólo para aguantar? No. La idea es tomar precauciones, pero al mismo tiempo tratar de hacer daño con los laterales bien abiertos, siendo punzantes, con Messi generando espacios detrás del doble cinco rival, con Mac Allister siendo la llave del partido, para encontrar a Julián.

Scaloni tiene otra obsesión. Se llama Ángel Di María. El zurdo ya está bien, óptimo desde lo físico -ya no hay molestias en el cuádriceps derecho- y esto hace dudar al entrenador argentino. Angelito es de élite, de ésos jugadores que cambian los partidos, que los rivales respetan y temen. El crack de la Juventus sabe lo que es jugar y brillar en finales: gol para alcanzar la medalla de oro en Beijing 2008, gol para cortar la sequía de 28 años sin títulos de la Mayor, con el inolvidable Maracanazo.

Como Di María está bien, el Lionel DT lo tiró a la cancha. No de entrada porque probó la línea de cinco, pero sí fue el primer cambio. Porque con el ingreso del zurdo de 34 años, el equipo se paró con un 4-3-3 y también se modificó el lateral derecho. Afuera Lisandro Martínez y Nahuel Molina, adentro Angelito y Gonzalo Montiel. El socio de Messi para poder generar juego, para crearle peligro al rival y para ganar remate desde afuera del área, con la idea que pueda repetir el golazo que le hizo a Francia en los octavos de Rusia 2018. ¿Por qué Montiel? Con una línea de cuatro tradicional y un defensor menos que con el 5-3-2, Cachete le puede dar un poco más de marca para intentar frenar a Mbappé.

Es verdad que después ensayó con el ingreso de Paredes por Di María, ahí puso un 4-4-2, casi idéntico al que venció a Croacia. Pero esa opción, por lo menos para arrancar la final, casi que no corre. Porque lo que más convence al entrenador es la línea de cinco porque le da un montón de variantes y seguridades, pero deja afuera al segundo jugador más importante de la Selección, al ancho de basto.

Habrá que ver cuál de las dos obsesiones pesa más a la hora de armar la Scaloneta. Si entiende que de entrada será mejor controlar el talento de Mbappé y cercarlo con una línea de cinco, más la atención de De Paul, parará el 5-3-2, dejando a uno de sus talentos en el banco, teniendo una carta brava para el segundo tiempo si es que el equipo lo necesita. Si entiende que debe atacar a Francia, que debe llevar las riendas del partido, juntará a los rosarinos, pondrá cerquita a Messi y a Di María, para tratar de hacerle daño al rival de manera directa y más convencional.

Scaloni tiene una obsesión (Mbappe). Mejor dicho, dos (Di María). O en realidad, tres. Y la tercera es ser campeón del mundo.

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