La noche de Russo – Olé


Pasaron 4.414 días desde el último partido dirigido por Miguel Ángel Russo en su ciclo anterior, el 16 de diciembre del 2007. Naturalmente, el estreno de su segundo ciclo debía ser con su elegancia marca registrada, la que, a los 63 años, todavía le permite su “percha” . Así, el DT se sacó la ropa deportiva con la que viajó en el micro hacia el estadio y mostró sacó azul, pantalón haciendo juego y camisa cuadriculada al tono.

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La primera decisión con sello importante fue la de haberle dado la cinta de capitán a Tevez, a quien mandó a la cancha junto con Soldano en una delantera de dos hombres. Un solo 5 (Campuzano) y tres volantes de buen pie delante de él completaban la promesa de equipo con vocación ofensiva que se esperaba.

El Deté lo vio desde la línea de cal (Juan José García).

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Con buena predisposición atendió a la transmisión oficial de la TV antes del partido. “El esquema que encontremos dependerá del nivel de los jugadores. Hay que luchar por el lugar y fortalecernos”, avisó sin atarse ni siquiera al 4-1-3-2 del primer acto. “Esperemos estar bien con la pelota, tenemos que tener orden principalmente”, declaró su premisa. A la vez, reclamó: “Me parece que nos falta alguien más en el medio, esa zona para mí es vital”.

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Apenas asomó su figura, la gente lo ovacionó. Habló bastante en el banco, Miguel. Dio indicaciones, parado con los brazos detrás de la espalda, cerca de la línea de cal, pero en modo didáctico, no se volvió loco, no gritó. No es su estilo ni lo necesitaba el partido. Le pidió a Reynoso que agarrara la manija, a Villa que abriera la cancha. Cuando atendieron a Marcos Díaz, habló mucho con Campuzano.

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En el 1-0, metió puño, tranqui. Luego siguió comunicándose con los jugadores con algún gesto, un ademán, pero no mucho más. Salvo cuando Wanchope metió el cabezazo para el 2-0, que generó otro puño derecho al aire del deté, mientras seguía marcando el ritmo con la boca meta masticar chicle. Pero, de nuevo, sin volverse loco.

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Terminó el partido sentado en el banco, donde se lo vio con un gesto serio cuando echaron a Abila, situación que lo hizo levantarse para hablar con el línea (Belatti), a quien le preguntó por la expulsión que no se entendió en la cancha. Con el pitazo de Pitana, Russo saludó a los suyos, a la gente y se fue conforme -según se apreciaba en los gestos- tras este primer debut. La noche sanjuanina le dio una caricia y los hinchas, un cheque en blanco que, esperan, se llene con el nombre mágico: la Copa Libertadores. Sí, la misma que Boca ganó por última vez en el 2007, con Miguel en el banco…

Russo saluda a Tevez (Juan José garcía).

SAN JUAN (ENVIADO ESPECIAL).

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