la histórica marca que Armani quiere alcanzar en River

Existen tres tipos de arqueros. El moldeado para equipos “chicos”, habituado al peloteo, hábil para despejar, descolgar centros y convivir en el monoambiente del área chica con los zagueros. Los hay también, por lógica, de equipos “grandes”: casi siempre con pasado de caso 1, mejoraron sus reflejos para reaccionar cuando llega el latigazo inconstante y se le animan al mano a mano con la defensa en mediocampo.

Y está, además, el arquero de River: el que tiene todo lo que necesita un ejemplo 2, aunque con la complejidad de tener que bloquear el arco más grande del planeta -según lo midió su propio prócer de guantes y boina, don Amadeo Carrizo. Así, mientras en Boca se habla de Chiquito, en Núñez disfrutan de su grandote de 1,89 metro y kilómetros de épica.

Que a cuatro años y medio de su fichaje Franco Armani esté a un golpe de vista de fixture de entrar en el top tres de arqueros con más partidos en el club (195, a 11 de Ángel Comizzo, 3° en el ranking) es, de por sí, un logro supino: la ingratitud del puesto -sumada a la exposición mayúscula- siempre te ubica a un Armani par de errores de la suplencia.

Ahora bien: su regularidad excede a la cantidad de veces que se puso el buzo. Porque lo que destaca al #1 es su capacidad para cerrar su arco como ninguno: incluso en un contexto de irregularidad como el que River está atravesando con la defensa como punto más crítico él continúa promediando una valla invicta cada dos partidos. Y eso, en un contexto en el que no abundan garantías, alivia.

Incluso cuando tuvo atajadas épicas que lo destacaron en plena bonanza -los tapadones imposibles a Gigliotti, Everton y Benedetto en la Libertadores 2018, y etcéteras similares- o que alcanzó la segunda mejor marca de minutos sin recibir goles (964’, apenas detrás de Carlos Barisio, con 1.075’), que Armani continúe bloqueando el arco en esta coyuntura potencia su figura: independientemente de algunos altibajos, sigue respondiendo. Alcanza con observar los datos de este semestre en el que River ha sufrido por su crónica irregularidad defensiva.

Desde el 5 de junio, cuando se restableció el calendario, él fue fiel a su promedio y sostuvo el arco en cero seis veces en 14 partidos (faltó en el 0-0 ante Defensa: atajó Centurión). Y desde el post Vélez, punto de inflexión por lo que representó la eliminación de la CL, cerró el arco en cuatro de siete encuentros.

Tres de ellos, en el último sprint (Gimnasia, Aldosivi e Independiente; en el interín, el 1-2 ante Sarmiento, donde falló al dudar en la salida en el segundo gol visitante), en una coyuntura que ha motivado cambios de nombres en la última línea por lesiones pero sobre todo por rendimientos que no superaron los estándares de MG.

Tal regularidad explica por qué Armani tiene asegurado su lugar en Qatar 2022 -su segundo Mundial consecutivo- más allá del crecimiento individual de otros apellidos que pelean por la tercera plaza, tales los casos de Juan Musso, Gerónimo Rulli y -un poco más atrás- Agustín Marchesín. Lionel Scaloni no duda en tenerlo en la nómina.

Franco Armani en la práctica. Diego Haliasz / Prensa River

Franco Armani en la práctica. Diego Haliasz / Prensa River

Mucho de eso tiene que ver con su rendimiento doméstico. Y con su momento familiar: hace un año con su esposa, Daniela Rendón, fueron padres por primera vez. Y parecen estar disfrutando: cuando se preveía que después de Qatar se daría una eventual partida a Europa -continuamente le llegan propuestas, la última fue del Nottingham Forest inglés- o a Atlético Nacional de Medellín (fue campeón de América, es ídolo y se prevé que allí se retire) en febrero de este año Armani aceptó extender su vínculo con River hasta diciembre de 2024, un año y medio más de lo que se había pactado en 2021.

¿Si un potencial fin de ciclo Gallardo en diciembre, cuando se extingue su contrato por 12 meses, favorecería una salida para cumplir con aquella proyección postmundialista? Por lo pronto, este año le alcanzará para meterse en el top 3 de dos rankings que, como el arco de River, son enormes.

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