La historia del PF de San Lorenzo que lucha contra un cáncer

“Empecé con un dolor en la zona abdominal, a la altura del bazo, y me descubrí que tenía un bultito debajo de la costilla… Con el tema de la pandemia, uno les escapaba a los médicos, pero como la situación seguía, fui a la guardia. Me hicieron una tomografía y unos días después me dijeron que tenía eso”. Andrés Bueno tiene 44 años, dos hijos, lleva más de dos décadas como preparador físico del handball y el básquet de San Lorenzo y hace poco más de un año le informaron que tenía “eso”, un cáncer linfático, más específicamente un linfocito no Hodgkin de células B, una enfermedad que afecta directamente al sistema inmunológico y que lo obligó a luchar por su vida con sesiones de quimioterapia, la extirpación del bazo, someterse a un tratamiento experimental en Barcelona y a un trasplante de médula en Buenos Aires… “Estoy sano, pero no curado”, explica mientras avanza su recuperación.

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-¿Cómo reaccionaste al enterarte?

-Primero me enojé mucho. Me preguntaba por qué a mí… Hasta que me dije por qué no a mí, porque les puede pasar a otros y no a mí si yo tengo la fuerza y la voluntad para encarar esto y ganarle. Fue un proceso hacerse cargo de la situación para enfrentarlo y no quedarme en el enojo. El tema es que el cáncer es una enfermedad que no lleva solo uno, es algo que enferma a la familia. Y tuve el acompañamiento familiar, la realidad es que solo no hubiese podido…

-¿Cuánto hablaste del tema con tus hijos?

-Todo, saben todo. Matías tiene 13 años y Guadalupe 10, entendí que tenían que saber. Obviamente lo charlamos de una manera en la que ellos lo pudieran entender, pero tienen en claro que papá está enfermo y que es algo que va a llevar tiempo.

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-¿Cómo fue el tratamiento?

-Primero hice el tratamiento habitual, estipulado para este linfoma, pero no dio resultados. Fueron siete sesiones de quimio, divididas en ciclos de tres y al final de cada uno me hacían un estudio para ver cómo iba. Un día la doctora me dijo que en Argentina ya no había más que hacer y que no tenía mucho tiempo. Ahí busqué alternativas y llegué al Instituto Catalán de Oncología, que tenía un tratamiento que estaba en fase uno de experimentación.

-¿Enseguida hiciste el tratamiento experimental?

-Fue una decisión muy difícil de tomar, porque si no funcionaba corría mucho riesgo de que me pasara algo allá. Viajé con mi mujer, en principio íbamos por cuatro o seis meses, porque eran tres etapas de dos meses cada una, pero en el primer ciclo, en los primeros dos meses, tuve una remisión del 100% de la enfermedad, algo que nunca había pasado. Entonces me volví urgente para hacerme el trasplante de médula, mi hermano mayor, Carlos, fue el donante. El viaje en sí fue otra situación difícil, porque en medio de la pandemia, con las restricciones para ingresar al país… Lammens me dio una mano enorme para poder viajar. La verdad es que recibí mucha ayuda…

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El profe necesitó de varios miles de euros para ir a Europa a realizarse el tratamiento y por eso en el club de Boedo arrancaron una campaña para recaudar el dinero. “Sinceramente, fue todo una locura. Este mal trago me hizo sentir muy querido y apoyado. Superó todas mis expectativas. Todos los deportes del club, los deportistas, los otros profes… Todavía en la sede de Av. La Plata está en la puerta el banner para ayudarme. No tengo más que palabras de agradecimiento… Todos se portaron de mil maravillas. Todavía hoy, que ya pasó un año, sigo teniendo cientos de mensajes…”, cuenta.

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-Y ahora, ¿cómo sigue tu vida?

Hace poco me hicieron un estudio que dio que tengo más del 95% de la médula de mi hermano, lo cual es buenísimo porque significa que son muy bajas las posibilidades de que la enfermedad vuelva, pero igual tengo que seguir con los controles y recién pasado el quinto año podré decir que estoy curado. El tema es que al trasplantar la médula no tengo ninguna vacuna de todo el calendario de vacunación, entonces estoy en mi casa aislado, con muchos cuidados, porque no me puedo agarrar nada. En unos dos o tres meses me empezaré a vacunar y después quiero volver a trabajar en el club.

-¿Te quedaron secuelas físicas?

-Sí, la quimio me generó un daño en los nervios y no tengo sensibilidad en las manos y en los pies, por lo que no puedo escribir y me cuesta bastante caminar, pero es algo que se puede recuperar bastante, aunque no al 100%. Estoy trabajando con neurólogo y kinesiología…

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SU NUEVA FORMA DE VER LAS COSAS Y EL FUTURO

-Y en tu vida, ¿qué cambió?

-¡En todo! Las prioridades, la forma de ver las cosas de mi vida, de vivir el día a día. Ahora ya no proyecto tanto, ni pienso tanto a futuro. Al tener el alta del trasplante, en el Hospital Italiano me dieron un certificado con una frase y una parte la tomé como frase de cabecera: un día a la vez, sin ayeres ni mañanas, solo un día a la vez.

-Una vez recuperado, ¿volverías a Barcelona?

-Sí, por supuesto, es algo que me encantaría poder volver con toda la familia, con los nenes…Le debo muchísimo a esa ciudad y al Instituto Catalán de Oncología. Me curaron, que no es poco…

Andrés y su familia.

Andrés y su familia.

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