La gloria eterna: a cuatro años de la conquista de River en Madrid

No será igual. Nunca lo será. Porque hubo un antes y después en la línea del tiempo (del fútbol) universal. Un quiebre. Una grieta. Gloria y dolor. River alzó la Copa Libertadores más maravillosa, épica y larga de la historia de la humanidad. Boca la perdió. Y eso será una eterna realidad.

No será igual este festejo. Se esperaba la inauguración del monumento al hombre que guió al equipo hacia aquella gesta: el propio Muñeco. Un coloso de casi siete metros y más de seis toneladas que ya está soldado y emplazado en el ingreso al Monumental, con el rostro y un trofeo cubiertos a la espera de su descubrimiento definitivo. No obstante, por pedido del propio ex entrenador de River, atendiendo las circunstancias -el partido de la Selección frente a Países Bajos- la fiesta que se preparó, se postergó.

Debajo del cobertor está la estatua de Gallardo con la copa, aguardando a ser estrenada. (CARROLL)Debajo del cobertor está la estatua de Gallardo con la copa, aguardando a ser estrenada. (CARROLL)

Y el tercer gol. El tercer grito. Eterno relato, repetido hasta el cansancio de un Pity que seguirá corriendo eternamente para festejar su corrida. Su gol. Y el abrazo con Pinola. Y el grito de Biscay, deté en campo. Y la foto del propio Gallardo en el corazón del estadio del Real Madrid mostrándole a las lentes, a los flashes, a los hinchas y al mundo entero que su River había alcanzado la máxima de las victorias. Foto que se volvería monumento.

La foto que fue estatua. (REUTERS)La foto que fue estatua. (REUTERS)

El 9 de diciembre es fecha patria para los hinchas de River. Fecha histórica en el almanaque que independientemente de que se festeje en el Monumental o no, tendrá su peso específico para siempre: en cualquier caso, Jesucristo no vuelve año tras año al pesebre en el que nació pero Navidad se celebra igual. Esa sensación se reflejará en la calle, con camisetas multiplicadas en cada cuerpo riverplatense, pero también en las redes, quizás el epicentro del festejo.

El grito a unísono de Biscay y Pratto fue el grito de todo River. (REUTERS)El grito a unísono de Biscay y Pratto fue el grito de todo River. (REUTERS)

Porque hablarán los protagonistas. Los que jugaron, los que festejaron y siguen en el club -Maidana, Pinola- y los que sueñan con volver, como Nacho Fernández. Los que ya se fueron, como Pratto. Y también sentirán un cosquilleo aquellos que en este 9 de diciembre andan pensando en la final que se jugarán en Lusail: Armani, Montiel, Palacios, Julián Álvarez, presentes aquella noche; y también Enzo Fernández, quien lo vivió en Buenos Aires y salió a festejar en el Obelisco la mayor victoria imaginable.

Porque pese a todo, aquello de Madrid será para siempre.

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