la fórmula de Ibarra para proyectarse para 2023

La taba se dio vuelta en poco más de 100 días. Fue el propio Hugo Ibarra, en realidad, el encargado de torcer su destino. De cambiar la indeferencia de los hinchas por aplausos. Las miradas de reojo de los referentes por pedidos expresos para que continúe. Y el poco convencimiento de los dirigentes en la certeza de que el Negro, salvo una catástrofe, será el entrenador de Boca en la Copa Libertadores del 2023.

Ibarra y su cuerpo técnico, campeones en Boca (Prensa Boca).

Ibarra y su cuerpo técnico, campeones en Boca (Prensa Boca).

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“Pienso que sí, que va a seguir. Los muchachos lo manifestaron el domingo, están a gusto y quieren que se quede. Aún hay cosas por jugar, pero…” , le confiaron a Olé desde las entrañas del Boca Predio. El Negro supo convencer a los jugadores de su idea y con un libreto simple y sin misterios se ganó la confianza y el corazón de todo el Mundo Boca.

Ibarra jugó 324 partidos en el club y aprendió de los mejores: de Carlos Bianchi, su “padre futbolístico”, y de Alfio Basile, el DT de sus últimos años en el club. Del Virrey, dijo alguna vez, heredó la manera de conducir el grupo, algo muy difícil de conseguir en el fútbol, y también la simpleza para dar las indicaciones justas sin volver loco al jugador. Y de Coco, los códigos del fútbol y el trato con los futbolistas.

El Negro, junto a su primer trofeo en Boca (Prensa Boca).

El Negro, junto a su primer trofeo en Boca (Prensa Boca).

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Hace pocos días sorprendió un cambio de Ibarra en la derrota vs. Newell’s: puso a Villa y sacó a Zambrano, pasando Advíncula como central y dejando en el banco al pibe a Aranda, reemplazante natural del zaguero peruano. La variante desarmó la defensa y Boca se trajo una derrota que no solo le cortó un racha de 15 partidos sino que además hipotecó buena parte de las chances del Xeneize en el campeonato. Luego se supo que Aranda había llegado tarde a una práctica en la semana y que Ibarra había decidido no darle minutos a modo de escarmiento para el juvenil y para bajar un mensaje al grupo: los trapitos sucios se lavan en casa.

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Ese gesto, y otro que tuvo el DT en Rosario, fueron clave para mantener la armonía en el tortuoso sprint final de la Liga. Ibarra dejó que los jugadores se bañaran y antes de subirse al micro les pidió dar vuelta rápido de página y les inyectó ánimo para lo que venía: “Podíamos perder un partido y fue éste, ya está, seguimos dependiendo de nosotros”. Era un momento tenso el Negro mostró templanza y el grupo lo valoró. Y el domingo, en pleno festejo en el Templo, varios recordaron esa charla que sirvió de espaldarazo para el plantel.

​La banca de los referentes

Ibarra entró y trajo calma en un momento que era todo difícil después de la salida de Battaglia, que se decían muchos cosas, que el grupo estaba dividido. El Negro trajo calma, con esa alegría, con su sonrisa, conocedor de los chicos, eso fue lo mejor que hizo desde su llegada. Me gustaría que siga con nosotros” , contó Marcos Rojo, el capitán y uno de los tantos que empezó mirando al DT de reojo hasta conocerlo bien.

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El debut de Ibarra fue aquella dura derrota 2-1 ante San Lorenzo, tras la increíble eliminación ante Corinthians y con un plantel dinamitado y en guerra con el Consejo. Ese día, Rojo, metió el 1-0 de cabeza y corrió a ofrendarle la cinta a su amigo Izquierdoz, el capitán borrado por el Negro y el CDF tras la discusión por los premios y la caída en casa con los brasileños.

El festejo de Ibarra en la Bombonera (Juan Manuel Foglia).

El festejo de Ibarra en la Bombonera (Juan Manuel Foglia).

Aun así, y pese a los malos resultados en el arranque (tres derrotas, dos victorias), Ibarra fue transparentando su imagen con el grupo y demostró que su único interés era el bien común. Y que más allá de su relación con Riquelme (uno de sus grandes amigos del fútbol junto al Chelo Delgado y Cascini), el 100% de las decisiones las tomaría de manera independiente.

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Así fue ganándose la confianza de los jugadores y logró, con mejores y peores actuaciones, su primera estrella com DT del club. Agarró al equipo en el 11° puesto, llegó a estar 15° y terminó 1°. Los hinchas, indiferentes al comienzo, le dedicaron una ovación. Y algunos hasta se animaron al look de la doble cresta en honor al DT que los sacó campeón y que puede darle otros dos títulos antes de fin de año.

Hugo conoce muy bien el club, conoce a los jugadores, conoce a los pibes de abajo. La vedad que sabe mucho” , lo respaldó públicamente Nico Figal, otra de las voces importantes en el día a día y que se asentó entre los 11 de la mano del formoseño, tras la salida de Izquierdoz. Y otros referentes con Benedetto y Pol Fernández también tuvieron palabras de elogios para el DT.

Puertas adentro del Consejo Ibarra también fue completando casilleros hasta convertirse definitivamente en el DT de Boca para la Copa 2023. El Negro estaba cómodo al frente de la Reserva y no tenía intenciones de dejar el cargo. De hecho, cuando era AC de Schiavi, ocupaba un rol secundario, sin incidencia directa en la estrategia y el armado del equipo. En elecciones pasadas había jugado para Angelici y la nueva gestión lo tenía entre ceja y ceja, lo mismo que el Flaco y otros entrenadores. Hasta llegó a integrar una lista de prescindibles cuando Román asumió al frente del fútbol. Y demostró con trabajo y resultados que tenía con qué sostenerse. Ganó dos títulos con Reserva y formó jugadores como Langoni y Morales, claves en este campeonato.

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En agosto fue viral una entrevista de Riquelme en ESPN en la que el 10 se molestaba ante la pregunta sobre el futuro del DT. “Tiene contrato hasta fin de año, no podemos pensar en lo que viene”, había respondido el vice, sacándose el compromiso de encima. Eran los primeros tiempos de Ibarra en el banco, con un equipo que ganaba mucho de local y perdía mucho de visitante. Y que no daba garantías a futuro.

Ibarra está ante la chance de bordarse tres estrellas en dos semanas. El hincha y el plantel ya se expresó: la Copa, posiblemente, sea con Ibarra.

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