Kogovsek: “Las viví todas” – Olé


No es de los que se cansan, Andrés Kogovsek. Con casi 46 años, a cumplirlos el 7 de enero, sigue jugando, festejando títulos. La edad no es impedimento para este zurdo que lleva la histórica 7 en su espalda; sí para el asombro de quienes no están en su día a día y se sorprenden al verlo todavía en la cancha, los que piensan que solo se dedica a comentar -periodista deportivo recibido- partidos por TyC Sports. No. Sigue jugando. Como el domingo en el Parque Roca, en la final de la Liga de Honor de la Femebal, que terminó 30-29 para SAG Ballester por penales ante Luján. Resultó el 23° título para Kogote, quien cumplirá 30 años en Primera en el 2020. ¿Los cumplirá? Parece que sí. De eso y más habló con Olé el día posterior al título con Balle.

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-Se te escuchaba emocionado por el campeonato. ¿Te sigue pasando después de tanto tiempo?

-La última copa la vivo como la primera, y le doy el mismo valor, y me emociono. La noche anterior a la final hago el bolso con la misma adrenalina, la sueño, pienso en el partido, soy muy obsesivo. Por eso lo vivo con pasión. Por eso… ¿sabés qué me duele hoy? El cuello, por la tensión. No me duele el gemelo, no estoy desgarrado, estoy nuevo, estoy para correr. Pero tengo un dolor desde la cervical… Soy así, lo vivo así.

Ballester, campeón del Súper 4 (Femebal).

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-Se armó una buena movida con las finales del Parque Roca.

-Para nosotros fue increíble. Lo que primero me impresionó es el estadio, espectacular. Segundo, fue muy buena la iniciativa de hacerlo gratuito, eso hizo que mucha gente se acercara. Y le dio mucho de volver a hacerlo ahí, la gente va a querer que se repita, fue hermoso.

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-Ya se había demostrado un crecimiento con el Cuatro Naciones.

-Es verdad, sí. Y además, mirá que el handball mueve, eh. El handball es un deporte que desde el Panamericano de Guadalajara 2011 para acá se masificó mucho en su difusión.

Kogovsek, emocionado en su despedida internacional de la Selección, en Londres 2012.

-Vos te habías bancado las malas, pero en México viviste la más dulce en la Selección, el título que les dio el primer pasaje olímpico en la historia…

-Sí, las viví todas. En el truco me quedaba una carta por orejear, y necesitaba una ganadora. Me tocó en la última mano. Otra chances no hubiera tenido, era mi última oportunidad de ir a los Juegos, cuatro años más hasta Toronto no llegaba. Fue un premio a toda la historia del handball argentino, porque alguna vez alguien tuvo que ir a un primer Sudamericano, a un primer Panamericano. Cada uno aporto su ladrillito, como hoy lo hacen los que están, que se le animan a cualquiera.

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El festejo de Balle, con Kogote de cara a la tribuna (Femebal).

-Tranquilamente te podrías haber retirado tras los Juegos de Londres 2012, a los 38, pero solo dejaste la Selección y seguiste en Balle.

-Cuando volví del Antequera de España, en mayo del 2009, lo hice con la idea de mantenerme fuerte en Ballester porque quería que Guadalajara fuera exitoso y después también Londres. En Ballester me encontré con un equipo muy competitivo. Y año tras año fuimos ganando cosas, con el Súper 4 ganamos el 11° título en diez años. Para mí, que solo había ganado tres antes de irme a Europa, cuadriplicarlo es magnífico. Lógicamente, el deporte siempre tiene vencimiento y las piernas van a claudicar. Por eso, este año lo viví con toda la furia, me entrené al mango. Hace un año me operaron y nadie me aseguraba que iba a volver.

Kogote y la celebración del título panamericano 2011.

-¿Cómo fue esa operación?

-Me pusieron seis grampas y dos clavos en el hombro izquierdo. Me lo rompí en septiembre del 2018 y volví en marzo. Ya a mitad de año me sentía muy bien, y el segundo semestre, como antes. Por eso disfruté mucho este final. Fue ganarlo con un equipo que jugó bien y pensar para atrás lo que había sufrido cuando al hombro no lo podía levantar 10 centímetros de la cadera ni despegar del brazo. Hice más de 100 sesiones de kinesiología y tres meses de pileta. Dejé mucho para volver, entonces este cierre de año es magnífico.

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-¿Qué pensás para el año que viene?

-El objetivo es la pretemporada, hacerla bien, que la voy a hacer hasta cuando deje, es una forma de mantenerme bien físicamente y con amigos. Ésta la voy a hacer seriamente, pensando en jugar, pensando en el Apertura del primer semestre y el Nacional desde septiembre.

-¿Hasta cuándo vas a jugar?

-Hasta el momento que se agoten las ganas, porque yo me voy a agotar de ganas y no de físico, porque me siento rebien. Pero también hay que dar lugar a la familia, otros chicos. Tengo un par de chicos de las inferiores (Orlandi y Capalbo) que juegan en mi puesto y les dije que el año que viene íbamos a trabajar juntos, dejarles todo lo que pueda. Les dije que el año que viene se van a tener que pelar el lomo, me gusta tener gente que me apriete.

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-¿A los 45 años ya jugás con hijos de tus amigos?

-Todavía no, pero si aguantó un par de años, mi hijo Ian, de 15, puede llegar a jugar la Liga de Honor. Yo debuté a los 16. Mirco tiene 11 y juega al hockey; quiere ser León, no Gladiador, jaja. Lo bueno es que no me coinciden los días, juegan el sábado y domingo; todos los fines de semana, con mi mujer vamos con el mate a ver a los chicos, es muy gratificante.

Kogovsek en el Mundial 2005.

-El club siempre te genera motivación. En el 2017 dijiste que te estirabas un año por el Panamericano de clubes.

-Ganamos el Nacional y fuimos a Brasil en el 2018. Haber jugado una final panamericana nunca me había pasado. La tenemos en una gigantografía en el estadio, porque más allá de no haber ganado la final, contra el poderoso Taubaté, es un segundo puesto que se valoró mucho. Me pasó algo similar este año:me preguntaron que quería. Quiero volver a jugar el Nacional, que faltamos este año pero para el 2020 nos clasificamos. Me gusta jugar en el Interior. El cariño que recibo es magnífico.

-Y vos lo devolvés.

-Siempre, tal cual, devolver un poco lo que a uno el deporte le dio. Hace años estoy dedicándome a eso. Y voy a quedar en deuda, pero por lo menos quiero darlo todo. Cuando me retiré de la Selección dije que me gustaría que me recordaran como una persona que había dado todo. Por lo menos lo sigo intentando, y eso es lo que me hace competitivo.

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