“Hoy estoy al lado de los que tenía en figuritas”


Entre los 18 y los 20 estaba sin club y no le quedó otra que agarrar unas changas de albañilería en Rosario, su ciudad natal, para ganarse el mango. Hoy, a los 25, aparece en la tabla de goleadores de la Liga Española pegadito a nombres como Messi, Benzema y Suárez… “Miro para atrás para tomar fuerzas y no volver al pasado. En su momento la albañilería me sirvió para no tomar por un camino oscuro. Es un trabajo al que respeto muchísimo porque mi papá y mi abuelo fueron albañiles toda la vida. Gracias a eso y a Ariel Galarza, la persona que me deba trabajo, pude ganarme la vida honradamente en ese momento”, empieza a repasar su historia Ezequiel Ávila, un pibe que la peleó desde bien abajo y hoy disfruta de ser una de las revelaciones del fútbol español.

-¿Cambió mucho tu vida?

-Y sí, acá tenés otra tranquilidad. Amo Argentina, pero la seguridad y el bienestar de mi familia acá creció mucho. Incluso lo económico queda en segundo plano… En nuestro país tenemos lugares hermosos y no podemos aprovecharlos bien por temor a que te roben el móvil cuando te sacás una foto…

-¿Y el Chimi Ávila cambió?

-(Sonríe) Noooo. Yo sigo siendo el mismo de siempre, con los mismos valores. Porque hoy tenga plata no quiere decir que no les vaya a enseñar a mis hijas cómo son las cosas. Gracias a Dios les puedo dar un gusto o comprarles lo que quieren para comer, pero tienen que saber que hay gente que no tiene esa posibilidad, incluso en mi propia familia. Esas cosas se las enseño… Acá en España por ahí no se nota tanto la pobreza porque el gobierno ayuda para que la gente esté bien y tenga trabajo, pero cuando veo algunas cosas que pasan en Argentina, como las manifestaciones o robos que hay me pone muy triste.

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-¿Te hiciste más goleador en España?

-Sí, por ahí estoy jugando más de punta. Me acostumbré a que en el área tenés un tiempo más porque hoy con el VAR y todo eso… Digamos que nos cuidan más a los delanteros.

-Llegaste a Huesca a mediados de 2017 como una apuesta y hoy te volviste un jugador al que miran los principales clubes de la Liga…

-La realidad es que me vine a España con el bolsito y que sea lo que Dios quiera, je. La verdad es que la gente, tanto en Huesca como acá en Pamplona, me demuestra un cariño tremendo y eso me hizo todo mucho más fácil. Tengo cuatro años más de contrato acá y mi cabeza está en la salvación. Intento disfrutar y no pensar tanto en el futuro para no desenfocarme.

Estuvo dos años y medio en San Lorenzo: jugó 15 partidos y marcó sólo un gol, ante LDU por la Libertadores 2016. (Foto: Fernando de la Orden)

-¿Seguís el fútbol argentino desde allá?

-Sí, miro a Boca por mi hermano Gastón, que juega ahí; a San Lorenzo; vi la final de la Libertadores de River… El que se olvida de dónde viene no sabe adónde va, je.

-¿Tuviste que madurar o cambiar algo de tu juego para ser lo que sos hoy?

-(Piensa). La vida, los golpes… Y después, acá en España, me enseñó mucho Rubi, que era el técnico de Huesca cuando llegué. Él me enseñó a tomarme una pausa, posicionarme mejor y bajar un poco las revoluciones…

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-¿Te costó adaptarte al fútbol español?

-Al principio en Huesca era el jugador que más tarjetas amarillas tenía en la Liga: iba fuerte, chocaba, tenía un juego muy rudo, muy bruto. También me puse un poco en el lugar del rival, me di cuenta de que podía lastimar a alguien. Tuve que tranquilizarme un poco, el fútbol español me dio mucho eso… Pasa que cuando llegué a acá era como un nene, tenía la ambición de jugar todos los días. Imaginate que pasé de no jugar en San Lorenzo a ser titular en Huesca. Me adueñé de la camiseta y no quería salir más, ja. De golpe, un día me sacaron y me quería volver…

-¿Estuviste por volverte a Argentina?

-Sí, lo llamé a Berni (Romeo), que era el manager de San Lorenzo, y después le fui a decir a Rubi que me quería ir.

El Chimy festeja con la venia por su hija mayor y hoy en España le dicen Comandante. (Foto: EFE/Rodrigo Jiménez)

-¿Y qué pasó?

-El técnico me dijo que si cambiaba algunas cosas iba a jugar, y así fue. Por eso digo que para mí fue muy importante. Romeo también me habló, él jugó acá en Osasuna y la gente lo quiere mucho. Hace poco me vino a visitar…

-Hoy no estarías peleando con Messi en la tabla de goleadores…

-Y, si me hubieran dejado volver hoy sería todo diferente… San Lorenzo también fue importante y siempre voy a estar agradecido porque yo venía de estar dos años sin jugar y me permitió volver a ser profesional, pero además me formó como persona. Yo era un pibe de barrio y ahí me hicieron cambiar el chip y tomarme todo con mayor responsabilidad.

El Chimy disfruta de su nueva vida en Pamplona, siempre acompañado por su mujer María y sus dos hijas Shoemi (de 4 años) y Eluney (de 6). Incluso una de ellas fue la impulsora de su nuevo apodo. “Siempre fui de interesarme mucho por lo que pasó en Malvinas y un día estaba en casa, con mi nena más grande, viendo una película del tema y ella empezó a copiar el saludo de los soldados. Empezó a saludarme con la venia cuando la dejaba en el colegio hasta que un día le pregunté por qué lo hacía y me dijo que yo era el comandante de la familia y que cuando hiciera el primer gol, en ese momento recién llegaba a Huesca, tenía que festejarlo así. Justo la metí contra Cádiz, lo festejé así y la gente se enganchó. Hoy soy el Comandante Ávila, je”, relata la historia del sobrenombre con el que se lo conoce en Europa.

No todos fueron goles del otro lado del charco grande para el Chimy Ávila. “Me he equivocado en la vida como cualquiera pero pienso que Dios me puso el fútbol y la vida sana en un buen momento… Cuando mi hija estuvo internada le prometí muchas cosas a Dios y Él cumplió; ahora me toca cumplirle a Él…”, cuenta mientras abre su corazón en la charla con Olé.

-¿Qué le había pasado a tu hija?

-Tuvo virus sincicial respiratorio (VSR) y estuvo internada 25 días, fue durísimo. Encima yo en ese momento tenía contrato con Tiro Federal pero no me pagaban y estábamos complicados. Me iba en bicicleta a ver a la nena para ahorrar lo del colectivo y que mi mujer, que estaba todo el día ahí, se pudiera tomar por lo menos un café. Era un clínica linda y muchas veces los padres de otros chicos que estaban ahí nos invitaban a comer y les decíamos que no, que teníamos que ir allá o acá… Era mentira, pero no teníamos para ir a comer.

-¿Muchas veces te faltó el mango?

-Sí, varias… Pero esa fue la peor. Cuando a la nena le dieron el alta no tenía la plata para pagar la internación. ¿Qué hice? Llamé a Ariel Galarza, llorando, le conté que la nena tenía el alta pero que no podía sacarla de la clínica por no tener la plata, y él me la dio. Siempre me ayudó mucho…

-Volviendo al fútbol, ¿soñás con alcanzar a Messi en la tabla de goleadores?

-Noooo, es imposible alcanzar al monstruo ese, je. ¡Es de otro planeta! Estoy muy feliz con estar ahí, peleando entre los primeros. Pienso que es una recompensa al trabajo y al sacrificio, pero también gracias a mis compañeros.

En el Huesca estuvo dos temporadas y se metió en el corazón de sus hinchas.

-Lo enfrentaste varias veces a Leo, ¿pudiste charlar con él?

-No, nada más cambiamos la camiseta. La verdad es que las veces que me tocó enfrentarlo nos ganaron y yo entré en el segundo tiempo, así que estaba medio fastidioso para ir a hablarle, je.

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-¡Qué recuerdo esa camiseta!

-¡Terrible! La verdad es que cambié con todos: con Ramos, Valero, Morata, Modric, Angelito Correa, que lo conozco. En la Liga son todos monstruos. Hoy tengo al lado a los que veía en la tele o tenía en las figuritas… Jamás pensé en cruzarlos, es una cosa de locos.

-Estás en un gan momento, ¿soñás con que Scaloni te llame para la Selección?

-Y sí, uno siempre sueña con eso, desde chiquito trabajo y me esfuerzo para que algún día llegue ese momento. Ojalá se me dé. No sé si está cerca pero sé que tengo que seguir así, haciendo las cosas bien. Argentina tiene jugadores extraordinarios y tengo que prepararme muy bien por si en algún momento me toca…

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