Gallardo se queda por amor

Hay bocinazos en la calle. Gente que se abraza. Otros que salen al balcón y pegan un par de gritos. River acaba de salir campeón. El trofeo no estará en el Museo. O, visto de otra forma, ya está desde hace rato.

Este miércoles Marcelo Gallardo le dio otro título a River. “Elijo seguir estando”, pronunció el Muñeco a las 13.35 durante una conferencia que convocó de urgencia pocas horas antes. Allí llegó el estallido por el que en las redes sociales el término SE QUEDA, así en mayúsculas, fue primera tendencia del país y por el que desde la misma sala de prensa del predio en Ezeiza se escuchaba el grito de la gente afuera.

Como pasó a fines de 2016 después del último partido de la temporada contra Olimpo en Bahía Blanca, Gallardo estaba más cerca de irse que de quedarse. Lo reconocía aquella vez y lo reconoce ahora: hace un par de semanas, cuando River daba la vuelta olímpica contra Racing en el Monumental y el entrenador decía que estaba cerca de tomar la decisión “más difícil” de su vida, sintió ”que ya estaba”. Pero, como aquella vez, el corazón le dio vuelta el partido a la razón sobre el final.

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El poco tiempo que tuvo MG para reflexionar alcanzó para anunciar lo que millones de hinchas de River querían escuchar: que sigue al menos un año más. Y es que Gallardo es como el padre de todos ellos. El que los lleva a cocochito a recorrer el mundo, el que les cumple sueños que nunca se animaron a tener. El que trabaja para ellos mientras duermen. El que les garantiza a los más oprimidos que River seguirá siendo el alivio dominical, el momento de sentirse grandes en una vida y un mundo que de lunes a sábado parece empeñarse en hacerlos más vulnerables, más chiquitos.

El amor del hincha es eterno.

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Por eso los años pasan y la figura de este entrenador se santifica. Probablemente el propio Muñeco no lo entienda así, porque su sentimiento por River es tan genuino como él mismo, pero de afuera se ve a un tipo predestinado a sacrificar intereses personales por una causa mayor, a ser patrimonio de la humanidad gallina: como sucedió con tantas personalidades históricas de todos los ámbitos, Gallardo ya no es sólo de su familia y de sus amigos sino de millones de hombres y mujeres.

Porque aunque él diga que “las personas están de paso” y aunque piense que el día que se vaya dejará una estructura que pueda funcionar sin él, todo el mundo sabe que estos años son inherentes a su figura y que ya no es sólo un entrenador de fútbol sino una parte de River. Y que si se va, esa parte es irremplazable. En todo caso lo bueno es que el Muñeco no pueda verlo, así como no logra abarcar con su mirada la foto completa de estos años, el sentido histórico de su ciclo. Lo bueno es que hay un reconocimiento mutuo entre Gallardo y el hincha que lo destaca: hay, para él, un placer en juego más allá de la renuncia a la vida cotidiana empatada que muchos necesitan o al desgaste que hoy lo encuentra “más viejo y sentimental”.

Una imagen que lo dice todo.

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Gallardo ama a la gente que lo ama y por eso su anuncio no colisionó con la fecha celebratoria que este jueves llevará a miles de fanáticos a las calles y al Monumental para festejar el tercer 9 de diciembre de felicidad eterna. El tercero desde que la vida les cantó falta envido de súbito y alguien decidió aceptar por todos ellos. Esta noche podrán disfrutar “en paz”. Con todo en su lugar, con Gallardo en River y con la Copa Libertadores más importante de todos los tiempos que se mudó de por vida del Santiago Bernabéu a las vitrinas del Museo que en pocos días tendrá la custodia de su estatua de bronce al lado de la de Ángel Labruna.

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Gallardo ama a su manada y por eso reconoce que el pedido público y privado de sus futbolistas lo movilizó durante su corto período de reflexión. El “Gallardo es de River, de River no se va” fue la música que en las últimas semanas se transformó en la cortina de su vida, pero escucharlo de sus propios dirigidos fue especial. Lo dijo él: ver en ellos y en todos sus colaboradores la predisposición para seguir en un nivel de exigencia que agotaría a cualquiera ayudó a tomar una decisión que maduró en estos días pero que hizo un click en la noche del martes, cuando se lo comunicó a los más íntimos en su círculo familiar y a su representante Juan Berros.

Este miércoles los primeros en escuchar aliviados al deté fueron Enzo Francescoli y el presidente electo Jorge Brito y Rodolfo D’Onofrio. Y con todos ellos Gallardo también quedó agradecido: en ningún momento lo apuraron o presionaron. El respeto para darle el tiempo que el entrenador creyera necesario tomarse con su almohada también fue importante y es parte de un círculo virtuoso que el propio Muñeco generó progresivamente, para que esas cuatro patas de la mesa formen un ecosistema en el que cada integrante tenga claro el lugar que ocupa y al que no le afecte el ruido de afuera.

En ese sentido, poco le importaron al técnico las decenas de propuestas que le llegaron durante todos estos años para dirigir en otros lugares. Como ocurrió últimamente con la selección uruguaya y como pasó antes con pesados como el Barcelona o la Roma, MG contó que agradeció pero que no escuchó. Por el valor de su palabra y de su firma. Y sobre todo porque, dijo a la pasada, ésta -la de River- es la gestión deportiva que realmente lo hace “feliz”. Por eso “vale la pena”, por eso merece “seguir estando”. Porque en definitiva todo este gran quilombo se trata de intentar ser feliz y Gallardo no lo será en ningún otro lado como lo es en su casa.

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Por eso el mandato autoimpuesto por muchísimos entrenadores no termina de funcionar en él: aspirar meramente al éxito personal, a una carrera de ascenso astronómico que hace varios años ya lo habría ubicado en el mercado europeo, es un precepto que choca con su esencia. Inclusive el de irse ganador: tantas veces pudo hacerlo, tantos finales de película pudo haber elegido y sin embargo ahí está, firmándoles autógrafos a la salida del predio a los hinchas que le agradecen con locura por otro año más, planificando los últimos detalles de una fiesta para toda la gente y diagramando los dos partidos que quedan en 2021 para intentar sumar una estrella más y recién ahí enchufarle el cargador al cartelito de low battery para ir por más desafíos. Para consolidar a un equipo que él entiende que todavía puede dar mucho más y para exigirles a los directivos los refuerzos que jerarquicen al plantel, necesarios en la búsqueda de pelear la próxima Copa Libertadores a la par de los cucos brasileños.

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Lo difícil que le resultó la decisión que tomó (se le notaba incluso en su gestualidad cansada) hace que cada día se valore más su continuidad en un fútbol argentino que ya le queda muy chico en términos económicos, organizativos y éticos. Y por eso el club y los jugadores harán un esfuerzo más, comprometidos con este hombre que no cambia a River por nada en el mundo. Una vez más.

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