equilibrio zen, resistencia y las botas puestas

No. No es que ahora Boca es una aplanadora, ni que juega vistoso y lindo, ni que tiene el mejor plantel de la Argentina, ni que es candidato firme a ganar la Copa Libertadores. Como seguramente hace una semana atrás ese equipo que parecía arrastrarse en la cancha no era tampoco una versión real, o que se ajustara a ciertas lógicas que pudieran definirlo, representarlo, ponerlo en valor. Uno de los problemas de este Boca, de muchos Boca anteriores también, es que no milita la lógica de los grises, y en el vaivén de los extremos se consume en los fuegos de las exaltaciones y en los hielos del desánimo. Es una conducta que deberá corregir, morigerar los vientos que cruzan sus andares y apostar a la mesura, en un club dominado por las pasiones que lo alimentan y lo atormentan también.

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Pero mientras todo ese río de lava encuentra -o no- su camino al mar, este Boca que saborea La Paz después de la guerra, empezó a mostrar el inicio del lento camino de la evolución. Sin estridencias, sin sobrarle nada, tiene el mérito no siempre valorado de saberse vulnerable, humano, tan lejos de la cima como del llano. Si bien es pronto para asegurar destinos y es más arriesgado aún aventurar elogios apresurados, vale reconocerle méritos al equilibrio zen de Sebastián Battaglia y su sangre fría para sobrevivir en las arenas movedizas del partido al que lo sometió el ultimátum renovable de Juan Román Riquelme y su maniqueísmo incorregible.

Si Boca esquivó -al menos temporariamente- una crisis de fin de ciclo, fue por la terquedad de su entrenador, por su voluntad de hierro de no resignarse a lo que parecía un destino marcado a fuego por la voluntad de una dirigencia que intentó forzarlo a una renuncia unilateral, a una puesta en escena de la que él era el pato de la boda.

Battaglia se resistió: a los embates mediáticos, a las blacks ops del Consejo, a las presiones para que indultara a Agustín Almendra. Resistió al plenario del Consejo cuando en la reunión en Ezeiza post empate ante Godoy Cruz todos lo daban por renunciado o despedido. Y en realidad hizo más que eso: se plantó. Y, con la valentía del que no tiene nada que perder, se la jugó por sus propias convicciones, dejó de ser fácilmente permeable a las “sugerencias” de Riquelme y Compañía, y decidió que, si habría que morir, lo haría bajo sus propios términos, con las botas puestas.

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Por eso, no más Pol Fernández de cinco, una idea que nació en las entrañas mismas del Consejo, y que Hay victorias que marcan, que dejan su sello, que trascienden el resultado en sí mismo. No se podrá decir que el triunfo de Boca ante Always Ready quedará en un lugar especial, más allá de que haya servido para empardar el historial del Xeneize jugando en la altura de La Paz y eso sí permanecerá registrado en los libros. Sin embargo, por el momento, por el contexto, este 1-0 tuvo un valor simbólico que hoy cotiza muchísimo y que tuvo un plus. De hecho, la foto que se sacó el plantel, en el vestuario, también lo refleja.

Fue una idea que Battaglia decidió cortar de raíz, y que además le sirvió para dar un mensaje con la contundencia de un golpe sobre la mesa: esta vez, se la jugaría por Alan Varela, el cinco que el DT prefería y que Román siempre se opuso sin matices, al punto de preferir a Esteban Rolón antes que al juvenil.

Si la presencia de Varela le dio un orden al equipo al contar con un volante central con manejo pero posicional, con poca experiencia pero con oficio en el puesto, liberar a Pol Fernández le devolvió juego al equipo, poder de conexión con Romero y Ramírez y desde ahí hacia Salvio y el 9 de turno (Benedetto contra Barracas, Vázquez en la altura contra Always Ready). Sin ser una maravilla, porque los equipos evolucionan en pasos cortos pero constantes, Boca recuperó nivel colectivo e individual. Más compacto, fue inteligente para manejar los tiempos del partido en La Paz, tuvo dominio, presión pese al desgaste físico que ello conlleva en los 3600 metros sobre el nivel del mar, circulación de pelota, ocasiones de gol. Le falta crecer, pero es mucho para un equipo que estaba en caída libre.

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Rossi volvió a ser determinante en el arco, y si Pipa mostró ante Barracas la clase de delantero que sigue siendo, el jueves en el Hernando Siles el que dio otro paso al frente fue Eduardo Salvio. Con ellos, más los regresos de Izquierdoz (cumplió la suspensión en la Copa), Rojo y Villa que lo harán próximamente, Boca parece haber capeado el temporal de una clasificación a la segunda fase de la Libertadores que estuvo en seria duda. “Hay Battaglia para rato”, dijo Raúl Cascini. Es cierto que las ratificaciones del Consejo no suelen ser un buen augurio. Aunque esta vez, parece que Battaglia ganó la Battaglia. O en eso está… 

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