Enzo Pérez le cumplió el sueño a su fan de San Luis

Pablo Mora vive uno de los días más felices de su vida. Nunca imaginó tener al plantel de River en San Luis durante 10 días, el tiempo suficiente para poder acercarse al hotel Potrero de los Funes (que queda en la localidad homónima) desde la capital (media hora de viaje aproximadamente) muchas veces y así sentirse más cerca del equipo. Pero en realidad, en cada traslado él quería sólo una cosa: conocer a Enzo Pérez, su máximo ídolo y al que fanea a toda hora.

¿Fondo de pantalla? Enzo. ¿De bloqueo? Enzo. ¿Sus redes? También, todo del volante central: en su Twitter retuitea siempre contenido suyo, sea subido por la cuenta oficial del club como de otros usuarios. “Lo amo por todo lo que hizo por River, es el hincha adentro de la cancha. Lo sigo constantemente”, le cuenta el joven de 23 años a Olé en la provincia puntana, bajo un sol que quema de verdad y que levanta temperaturas altísimas contra el asfalto (de hecho, de noche sigue estando caliente e irradia calor).

Pablo, con su cartel el día que llegó River a Potrero de los Funes.Pablo, con su cartel el día que llegó River a Potrero de los Funes.

Su sueño demoró algunos días en hacerse realidad, incluso con el plantel de River ya en San Luis. Pablo fue uno de los tantos que se acercó el martes a recibir a la delegación en Potrero de los Funes, a la espera de que su ídolo se acercara para sacarse una foto y firmarle el brazo para luego convertir eso en tatuaje. Tímido, tenía un cartel en sus manos que demostraba todo su cariño al volante central: “Enzo P. te amo más que a mi vieja”, decía. Acompañado de su novia (“también sabe que amo más a Enzo que a ella”, confiesa entre risas) decidió irse justo unos minutos antes de que los jugadores bajaran de sus habitaciones para acercarse a los hinchas. Su desilusión cuando vio las fotos en las redes del club fue grande, pero no se rindió.

Enzo, uno de los más solicitados en la llegada (Prensa River). Enzo, uno de los más solicitados en la llegada (Prensa River).

Convencido de que el gran momento llegaría, empezó a pensar cómo meterse en el hotel Potrero de los Funes, al que la seguridad no permite el ingreso de personas que no estén alojadas ahí a unos 50 metros de la entrada al lobby principal. Le quedaban dos escapatorias: esperar a que River permitiera que los hinchas pasaran o reservar una mesa en el bar del lugar. Optó por la segunda, más viable. Ni siquiera llegó a sentarse: él sólo estaba ahí para intentar cruzarse a Enzo. Y tres días después del primer intento, llegó el gran momento…

Finalmente, Pablo lo pudo conocer...Finalmente, Pablo lo pudo conocer…

“Cuando llegamos, justo venían los jugadores del entrenamiento y tuvimos que esperar afuera. Cuando pudimos entrar, había gente de seguridad de River que nos pidió que esperáramos al lado del ascensor a que terminaran de comer”, comienza con una sonrisa de oreja a oreja. Y sigue: “Ahí apareció Enzo y no lo podía creer. Le pedí una foto, le mostré mi cartel y se rio. También le mostré mi fondo de pantalla y todo lo que tenía de él, así que me agradeció, mientras se seguía riendo por lo que decía el cartel. Después me firmó la remera y ahí me largue a llorar…”.

No era para menos: Pablo había conocido al ídolo de toda su vida, al que pensaba que era imposible llegar pero que nunca había perdido las esperanzas de conocerlo. Claro que lo que le prometió a Olé el día de la llegada, ahora lo cumplirá: “Ya saqué turno para tatuarme su firma”, cuenta orgulloso este fanático que ama a Enzo Pérez más que a su mamá…

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