El triste pasado de Paulo Díaz en Colo Colo

Cuando Paulo Díaz ingrese este miércoles al Monumental David Arellano, ese coloso de 47.000 localidades inaugurado en 1975 y que es hogar de Colo Colo, probablemente su mente active una lista de reproducción de incómodas imágenes retro. Tristes, cuanto menos. El defensor de River enfrentará por primera vez a un club en el que hace siete años vivió quizás una de sus experiencias más difíciles en el fútbol. Una situación traumática por el agravante emocional de su juventud.

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Díaz tenía 20 años y nueve meses cuando acordó su llegada a Colo Colo. El 25 de mayo de 2015, mientras River celebraba sus 114 años de existencia, el zaguero sellaba su llegada al club trasandino con un prometedor pedigrí: venía de ser galardonado como el mejor central del torneo chileno por su performance en el Palestino de Pablo Guede. Su fichaje había sido recomendado tiempo atrás por Héctor Tapia, el técnico campeón del Apertura 2013 y el de mayor rendimiento en la historia del Cacique en el profesionalismo (un 69,52% de efectividad en tres temporadas) que proyectaba su presencia para la segunda mitad del año. Sin embargo, un conflicto entre Tapia y la concesionaria del club -Blanco y Negro SA, todavía a cargo de las decisiones operativas de la entidad- hizo que el entrenador dejara su cargo rechazando el pedido de la directiva de que Miguel Riffo (su ayudante) y Juan Ramírez (su PF) quedaran marginados del cuerpo técnico.

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Paulo entonces debió convencer de entrada a un nuevo entrenador, José Luis Sierra, quien tomó las riendas tras el éxodo de Tapia. De arranque un imponderable le impediría debutar en la Copa Chile: el 6 de julio, un esguince de rodilla lo marginó de su estreno ante Huachipato. “Estoy caliente porque me pasó ahora y no antes, pero por algo sucedió y debo esperar y llegar al torneo nacional”, decía un jovencito Díaz al conocer el diagnóstico. En septiembre, de nuevo las lesiones lo atormentarían: un esguince de tobillo lo sacaría otros diez días de las canchas.

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Aunque para ese momento su presente ya no era el mejor: se entrenaba con el primer equipo, sí, pero jugaba poco y nada. Y tampoco recibía de Sierra ninguna señal clara sobre su futuro. Lejos de estar arropado como con Pablo Guede -el entrenador que mejor supo interpretar su juego cuando sólo tenía 18 años, al menos hasta su llegada a River- en Colo Colo no se sentía bien. Su gran apoyo era su familia. Su papá Ítalo, al que siempre consideró su ídolo, y su novia, Fernanda Arenas. La chica a la que había conocido en el colegio San Cristóbal de Santiago, de quien era vecino en la comuna La Florida y con quien en aquel momento recién llevaba tres años de noviazgo (hoy sigue siendo su pareja, es mamá de Agustín -de dos añitos- y ahora espera otra beba).

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Los números de Paulo Díaz en Colo Colo

En total firmaría planilla en cinco partidos con Colo Colo en sus seis meses de ciclo. En 2016, luego de la gran insistencia de Guede, San Lorenzo acabaría comprándolo en una operación que por diferencias de números -y con inhibiciones de por medio- llegaría a una mediación en FIFA y hasta en el TAS. A posteriori habría fichaje al Al-Ahli Saudi Football Club y regreso al país para vestir la camiseta de River.

Paulo nunca más volvió a pisar ese estadio. Por eso lo especial de este regreso.

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