El salvaje fútbol argentino – Olé


“Acá la presión es muy distinta de la que se vive en la Argentina, donde le exigen más a un jugador que a un político”, reflexionó ahora desde México el goleador que tuvo que exiliarse ¡en China! después de fallar un penal en un clásico de 2014 en el que Boca fue eliminado por River de la Copa Sudamericana. En aquel mismo partido, media hora después, Emmanuel Gigliotti convirtió lo que hubiese sido el empate, pero se lo anularon por un offside que nadie protestó en la cancha; en la tele se vio que estaba mal sancionado. Aún no había VAR.

Gigliotti hoy, una vida más tranquila en México (Foto Familia Gigliotti).

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Y en la edición de Olé de este domingo, es Pedro Troglio, entrenador de profusa trayectoria en el país, el que dice “olvidate” cuando le preguntamos si tiene ganas de volver al país desde Honduras, donde conduciendo a Olimpia de Tegucigalpa acaba de consagrarse campeón. Y recordó que en Gimnasia lo echaron tres partidos después de haber sido subcampeón de la Copa Argentina 2018 (perdió la final por penales), dejando en el camino a Boca y a River. “Estoy feliz acá, me respetan y me pagan bien”, señala como marcando las diferencias.

Troglio con sus colaboradores, en el festejo del título de la liga hondureña con su equipo Olimpia (@Limber9Perez).

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Los dos hombres, que no se han ido a ligas mayores, están cambiando una vida menos enfermiza que la dependiente de un resultado, un penal, un título, una eliminación, para pasar al otro lado del límite del escarnio, la burla y la degradación.

Ese es uno de los trazos que definen al fútbol argentino. A su vez, Gigliotti reconoce que “vemos esa locura como algo normal porque nos criamos así, y cuando vamos al exterior la extrañamos”.

Esa es otra de las marcas a fuego, la que hace que jugadores y técnicos se eduquen la sobreexigencia que obliga a una casi inhumana capacidad de resiliencia. También hace que de las ligas mayores vengan continuamente a buscar no sólo la calidad técnica del futbolista argentino, sino también el famoso “plus”, su competitividad salvaje.

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