El ritual de la Caravana Eterna de River

Es una peregrinación interminable. Un grupo de miles de feligreses. De familias vestidas con los colores de Papá Noel, que celebran el regalo anticipado que les entregó Marcelo Gallardo con su continuidad. Son jóvenes, abuelos, padres, chicos… Son más de 30.000 los hinchas que destellan una felicidad eterna. Una que estaba prevista desde el Obelisco hasta Figueroa Alcorta y Tagle, donde estuvo situada la antigua cancha de River, pero que muchos continuaron hasta el Monumental. Son miles y miles que en su andar representan a millones que se le ríen el la cara…vana a los que perdieron aquella final de Madrid.

La ciudad se vistió de River desde la tarde de este 9 de diciembre. REUTERS/Agustin Marcarian

La ciudad se vistió de River desde la tarde de este 9 de diciembre. REUTERS/Agustin Marcarian

Los primeros pasos de una pasión

El festejo del pasado en Madrid con el presente, la admiración por el Araña Julián Álvarez. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

El festejo del pasado en Madrid con el presente, la admiración por el Araña Julián Álvarez. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Mientras el Liberti se iba llenando de socios y fanas sin carnet pero con el sello del club en sus corazones para presenciar la inolvidable fiesta que impulsó el Muñeco -y que potenció con el anuncio de su continuidad- el centro neurálgico de la Ciudad de Buenos Aires se iba tiñendo de con la banda roja desde mucho antes de las 17, la hora fijada para la cita y el aperitivo para la tercera edición de la Caravana Eterna. Con infinidad de banderas producidas especialmente para la celebración, entre las que se destacaron miles con la frase “Y va el tercero” y trapos enormes con la imagen del ídolo Napoleón (y mejor entrenador de todos los tiempos en el club), disfraces, féretros con los colores azul y amarillo para cargar al eterno rival y réplicas del afiche elegido por los organizadores para decorar las calles: “Te morías por ganarla, te moriste por perderla”, con la inmortal imagen del Pity Martínez corriendo con locura hacia el arco para marcar el histórico tercero…

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A las 19, la multitud inició la procesión hacia la posta de Figueroa Alcorta y Tagle con un micro descapotable que trasladaba muñecos gigantes de Pratto, Juanfer Quintero y el Pity como principal protagonista, que abría el camino para la gente y marcaba el rumbo de la caminata musicalizada con los (súper) clásicos cantos que recuerdan permanentemente el histórico triunfo en el Bernabéu, bombos, redoblantes, palmas, pirotecnia y bengalas de humo, entre tanto clima de carnaval en el que se repitió hasta el cansancio el “Muñeeeco, Muñeeeco” que fue mechado con otros apellidos ilustres como el de Ponzio, Maidana, Pinola y el “Enzooo, Enzooo” para el símbolo mendocino Pérez, el que entró en el corazón honrando en cancha el mismo grato nombre que comparte con el uruguayo Francescoli.

La caravana interminable realizó una parada en la Facultad de Derecho para simular una especie de velorio con banderas negras y todos las dedicatorias conocidas para cargar a Boca. De hecho, en esa posta se sumaron muchos más hinchas con la ilusión de poder juntarse a festejar otro largo rato con la gente que iba a salir del estadio y unirse en el cierre de una noche inolvidable.

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Es cierto que la premisa era mantener los cuidados coherentes para seguir en la lucha contra la pandemia, pero resultó imposible evitar los abrazos en la reproducción de cada uno de los tres goles en pantallas gigantes, en cada canto, en cada video grabado para compartir con familiares y amigos o subir a las redes sociales. Porque fue inevitable que los fanáticos no revivieran la emoción que sintieron hace tres años y que quedó impregnada en la piel de gallina de por vida. Tampoco faltaron las lágrimas cuando desde afuera del Monumental escucharon al eterno Muñeco Gallardo volver a gritar, con el alma y el micrófono en mano, casi como uno más de ellos, el mítico “gracias, por esa alegría, de ganarle a Boca, de salir campeóoon”.

Las calles de Núñez vibraron y sonaron al ritmo de los fanas de River hasta cerca de la madrugada. Iniciando la previa de 365 días para volver a celebrar, en esas veredas, en ese barrio y en todos los barrios del mundo aquella gesta histórica de Madrid.

Porque falta un año para otra caravana eterna.

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